3.0 Opinion

Y Dios fue echado de su reino

Estoy a punto de ceder mis convicciones a mis ficciones. Hace algunos años escribí una novela impublicable sobre cuando Dios pierde con el diablo, que es capitalista, y es expulsado de su poder y de su reino. La trama se desarrolla sobre un bello texto de Jeremías en sus Lamentaciones sobre Jerusalén, que no deja dudas:

Obra de Aguijarro (Antonio Guijarro Morales), pintor de Granada.

Obra de Aguijarro (Antonio Guijarro Morales), pintor de Granada.

Estoy a punto de ceder mis convicciones a mis ficciones. Hace algunos años escribí una novela impublicable sobre cuando Dios pierde con el diablo, que es capitalista, y es expulsado de su poder y de su reino. La trama se desarrolla sobre un bello texto de Jeremías en sus Lamentaciones sobre Jerusalén, que no deja dudas:

“Llora amargamente y deja correr una vez más el llanto de la tristeza más triste por tus mejillas: no tienes, oh Dios vencido, entre todos tus amadores quien te consuele. Te han fallado tus amigos o se han tornado en tus enemigos. Las puertas que creíste abrir a la alegría han sido cerradas para ti y la casa que preparaste para los que habrían de llegar sólo ha servido para que te sea negada su posada y su reposo. Prosperaron quienes te aborrecían y condenado a vivir errante, muriendo sin morir te siguen negando las naciones e ignorando las generaciones que se suceden. He aquí por qué se ha agotado para ti la misericordia, por qué la compasión no viene en el vocabulario de tus fatigas”.

Pero ¿cómo y por qué Dios fue expulsado de su reino? Mi interpretación de los hechos la puse en sus propios labios cuando le hablaba a la cohorte de sus ángeles:

“¿Qué es el Amor de mi Divinidad sino entregar y compartir? ¿Acaso hay otra felicidad que no sea la de ver la felicidad en los otros? ¿Qué otra mi complacencia? Es mi Voluntad multiplicar al Dios que soy entre vosotros puesto que mi omnipotencia no puede ser superior a mi equidad y mi sabiduría ha de ser mayor si dar a comprender y convencer resulta más prodigioso que dictar la inapelable orden o exigir la fe que ciega a los estúpidos”.

Y llevado por la plenitud de su entusiasmo ante su propia creación, agregó:

“Es mi Voluntad que al aborrecimiento que toda imposición suscita lo devele y sustituya el hermanado sentimiento de los iguales. No quiero ser el inalcanzable rey sino el cercano amigo pues no puede compararse el afecto a la adulación ni la sinceridad al temor. Os he dado hoy la dimensión de la materia. Mirad una vez más la infinitud de mis actos en el girar sin fin del universo; tomad un almud de tierra y contemplad en su inercia el vigor del que nacerán los bosques y del que se alimentarán cuantos seres poblarán los mundos.

Con mis últimas palabras viene a postrarse ante mí un arcángel de luz en quien he puesto la dilección que sucumbe a la belleza y a la que todo Dios es vulnerable. Y llamándome Sumo Creador bendice la magnanimidad de mis divinas intenciones y háceme saber a través de la música de su pensamiento que ni él ni ser alguno, material o inmaterial, creado o por crearse, es digno de ostentar ni la más leve brizna de semejanza a su Hacedor y que, harto más es su gozo y la plenitud de su alegría, sabiéndose él y todo siervos de amo tan magnífico y que ya es dádiva suprema existir para rendir la eterna pleitesía a la que la gratitud obliga y de la admiración dimana.

Lo llamo Luzbel para destacarlo entre la legión celestial de los Esplendentes y no hago más que sembrar soberbia donde abundaba la buena voluntad, creando así el Yo que excluye y el Mío que expropia, sin la mansa convivencia con que pacen los rebaños. Dios no prevé el mal, Dios es inocente. El exceso de pureza mancha. Fue entonces que dije para todos: ‘Qué débil sería un Dios si necesitara súbditos para su culto, siervos para su servicio, aduladores para su complacencia y poderosos y lujosos jerarcas para su gobierno. Y qué Dios tan pobre y miserable si él, que todo lo tiene, exigiera tributos, regalos y ofrendas y sobornara su voluntad la limosna del rico o aceptara con beneplácito el diezmo del pobre que es pan que se quita de la boca’.

Ni eclosión de luz ni exaltada música ni ígneo furor de implosiva estrella habrá ni hubo que dé al menos lejana proporción de la conmoción de este instante en que acercando contra mí a mis Amados y creando el beso, que es más intenso entre más aéreo, voy poniendo el vivo soplo de mi poder multiplicado pues nunca antes ni nunca después un acto de Amor se hizo tan hermoso: quien entrega y comparte su poder sin mezquindad, cicatería o reserva, culmina y escancia hasta el último ápice el hondo sentir de su grandeza. Pero en el más mínimo instante hay una irreducible fracción de lo demasiado tarde. Demasiado tarde vine a comprender que sólo Dios asume el poder como un atributo destinado únicamente para la generosidad. A todos los demás seres el poder los embriaga primero y luego los deprava. Su uso degenera en viciosa afición que jamás llega a saciarse e intentando su perpetuación va adelantando sus propios límites hasta hacer buena toda licencia y todo abuso, todo medio y todo fin. Así, el principal convidado que he sentado a mi mesa para participarle del banquete de la Creación, una vez hartado de sus dones se le indigesta la gratitud del invitado y pareciéndole poco quiere regalarse la potestad del anfitrión por lo que volviéndose contra mí, de mí se adueña y me arroja de mi casa, la que fuera reino, pues sólo en la mente del rapaz, que no en la de Dios, cabe el cálculo de la traición y la deslealtad que siempre aconseja la ambición”.

Si a esto sumamos lo que el demonio le dijo a Jesús en el desierto, démoslo por cierto: “Vos mismo me has dado todo poder y toda gloria y yo a quien quiero se lo doy; si, pues, te postras delante de mí, todo será tuyo”. Ahora sabemos quién escribe nuestra historia, a qué Dios se refieren cuando dicen “Dios salve a América” y por quién un pueblo cree haber sido el elegido y por lo tanto con permiso de matar como le viene en gana. Confieso que mi ateísmo está en peligro.

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