3.0 Opinion

Subordinados al hedonismo

La función social del periodismo en España ha quedado supeditada al hedonismo, a esta teoría ética que Epicuro identificó a través de la conexión del bien con el placer. Extrapolado a las materias escrita y audiovisual, es el premio a la malicia y al relato de informaciones que se sustentan en rumores y en reflexiones sin fundamentos escrupulosamente cotejados. Cierto es que la globalización y la concentración de los medios han variado la conceptualización clásica del periodismo; no obstante, lo rufianesco como género y los juicios paralelos están copando portadas y debates disfrazados de rigurosidad en cadenas de televisión capitalizadoras de audiencia.

Imagen de un periodista en plena faena. / WIKIPEDIA

Imagen de un periodista en plena faena. / WIKIPEDIA



La función social del periodismo en España ha quedado supeditada al hedonismo, a esta teoría ética que Epicuro identificó a través de la conexión del bien con el placer. Extrapolado a las materias escrita y audiovisual, es el premio a la malicia y al relato de informaciones que se sustentan en rumores y en reflexiones sin fundamentos escrupulosamente cotejados. Cierto es que la globalización y la concentración de los medios han variado la conceptualización clásica del periodismo; no obstante, lo rufianesco como género y los juicios paralelos están copando portadas y debates disfrazados de rigurosidad en cadenas de televisión capitalizadoras de audiencia.

El ejemplo más dantesco ha sido la presencia del supuesto timador Nicolás, que en un ejercicio de patriotismo quiso desvelar las inseguridades y devaneos de un Estado de cristal. Esta cadena privada invitó a un supuesto estafador de tan solo 20 años para demostrar sin pruebas y con una instrucción judicial abierta la persecución a la que es sometido, relatando sin sonrojo las venas abiertas de Vicepresidencia, del CNI y de la Casa Real. Los directores del programa Un tiempo nuevo olvidaron que un perito forense diagnosticó a Fran (como ya cariñosamente lo llaman) como un individuo que sufre “una florida ideación delirante de tipo megalomaníaco”, ejemplo que se pudo comprobar durante su más que estudiada intervención en una televisión que se alimenta del murmullo.

Tres periodistas en una mesa, de los cuales dos, sin orden en el hilo del cuestionario, trataban al protagonista del Lazarillo de Tormes como un entrañable aspirante a pijo que había jugado a ser detective, demostrando un afecto impropio de un profesional que dedica cariños al entrevistado. Fotos, selfies y vítores del público elevaron nuevamente la figura del rufián. La culpa no es del respetable; es de los profesionales que consideran que invitar a un supuesto, repito, con instrucción abierta, es noticiable. El ser perspicaz es una virtud en tiempos de conseguidores, y España, en este aspecto, es líder de ventas.

Otro análisis es la impunidad de los juicios paralelos realizados por algunos medios de comunicación con un claro afán partidista y editorialista. Como caso tremendamente ilustrativo, el 11-M. Los atentados islamistas y su posterior consecuencia fueron materia noticiable para el periódico El Mundo. El problema principal es que un medio no puede generar pruebas y darlas por válidas por el simple hecho de la virtud, obstruyendo la labor de la Justicia.

Directamente relacionado aparece otro vértice objeto de debate: la destrucción de la imagen pública de un político. Me remito a la utilización de la esfera privada como datos excedentes de una información que genera una intromisión innecesaria y perfectamente evitable en la pieza de la noticia. Aquí es donde aparece el morbo. Incomprensible que medios digitales de cierta referencia y diarios generalistas validen, por ejemplo, que el líder de Podemos, Pablo Iglesias, compra ropa en Alcampo, si se quieren cargar a la cabra de la Legión o las relaciones con su novia, Tania Sánchez, de Izquierda Unida. En una persecución impropia, la falta de información objetiva provoca la conversión de un medio serio en un boletín amarillista. Con documentos de tal grado de fruslería se germinan lectores muy maleables. Lo que es lo mismo: la mercantilización de la noticia, un mal extendido y aplicable en medios de izquierdas y de derechas.

Romántico o no, se busca de forma desesperada la deliberación dialógica, la prioridad del interés colectivo en todas las dimensiones humanas y la reducción de las asimetrías sociales y de los excluidos. Esa búsqueda de las tres claves la reflejó a la perfección la investigadora docente argentina Liliana Llobet en su tesis ¿La función social del periodismo o periodismo social?


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