Entrevistas

Llegar a los 90 años nadando cada día al grito de ¡qué buena vida!

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Axel Ogorek es un tinerfeño de adopción que nació en Alemania el 23 de agosto de 1925. Acaba de cumplir 90 años y lleva más de media vida en la isla de Tenerife. Cada día, desde hace 40 años, acude a la costa a caminar durante una hora para posteriormente meterse a nadar en el mar

Axel Ogorek es un tinerfeño de adopción que nació en Alemania el 23 de agosto de 1925. Acaba de cumplir 90 años y lleva más de media vida en la isla de Tenerife. Cada día, desde hace 40 años, acude a la costa a caminar durante una hora para posteriormente meterse a nadar en el mar. Dice que le llena de vida, lo considera un ejercicio magnífico y solo falta dos o tres mañanas al año. No importa que en enero haga frío o que llueva con fuerza, tampoco que el mar muestre su cara más brava. Al alba, Axel acude a su cita con el baño. Entre sus amigos es conocido con el apodo de ‘Gladiator’.

Un hábito de cuatro décadas y un desayuno con papaya

Explica que estuvo los primeros treinta años yendo a nadar a la playa de El Socorro, en Los Realejos y que desde hace una década se ha cambiado a la portuense Playa Jardín. Su despertador suena a las 6.30 de la mañana, hace un pequeño desayuno ingiriendo dos barritas de muesli y baja conduciendo su propio coche hasta la costa. Allí camina entre tres cuartos y una hora por el paseo, siempre acompañado de su perrita Deisy. Es el tiempo necesario para que llegue la primera luz del día.

Cuando su reloj marca aproximadamente las 8.00 am, se quita el pantalón del chándal y la camisa para dirigirse a la orilla. Ahora, con 90 años, camina con cierta dificultad, pero con ritmo constante y bastante rápido. En la costa norte de Tenerife el mar suele batir con fuerza sobre todo en la orilla, así que hay que tener precaución en los primeros instantes. Una ola podría golpearle contra el fondo. Dependiendo de la época del año y la temperatura del agua, Axel permanece dentro entre quince y cuarenta y cinco minutos. Al salir, toca aclararse en las duchas al aire libre que en invierno arrojan un agua aún más fría que la del propio océano.

Al regresar a casa, desayuna papaya, una tostada con mermelada, jugo de naranja natural y un poco de leche. Este anciano de lúcida cabeza, no tienen ninguna restricción alimentaria, come de todo y le encanta la carne al horno.

Soñó con ser actor, fundó una carpintería y estuvo preso durante la 2ª Guerra Mundial

A los 13 años, Axel quería ser actor. Su padre formaba parte del mundo del teatro suministrando el vestuario a muchas compañías del país. Así que tomó incluso clases de dicción e interpretación con 16 años y trabajó en algunos teatros de mozo entre bambalinas. Pronto conoció a la mujer de su vida y se enamoró. Ella, hija de un modesto carpintero, fue la que le abrió las puertas a este noble oficio. A los pocos años se especializó en carpintería de frío y así fue como terminó fundando, junto con un socio, una empresa de muebles frigoríficos a medida.

Era aún muy joven cuando estalló la guerra y como todas las personas de su edad fue obligado a servir en el ejército. Su destino fue el de radio-telegrafista en un barco durante los dos primeros años de la II Guerra Mundial. Los otros dos los pasó preso en una cárcel americana en Italia. Cuenta como los primeros meses solamente podía beber agua y comer galletas, pero que luego la cosa mejoró, hasta el punto de lograr hacer un agujero por donde salir cada día de la prisión y regresar para el recuento. Decía que huir era demasiado arriesgado, pero que esos momentos de libertad eran impagables.

Tenerife ideal para vivir, trabajar de sol a sol y beber buena cerveza

Su empresa de carpintería de frío se convirtió en una provechosa industria de muebles frigoríficos que hacía trabajos a medida para muchos clientes dentro y fuera de Alemania. Uno de los encargos que recibió le trajo hasta Tenerife, donde una pastelería requería de sus servicios. Rondaba el año 1964 y Axel quedó prendado de la isla. Cuatro años más tarde, dividía la empresa alemana con su sucio y fundaba su parte en Los Realejos,  en el norte de Tenerife. Allí trabajó duro durante el resto de su vida donde además compaginaba su actividad con la distribución de varias marcas de cervezas alemanas. Axel explica con brillo en los ojos que en sus años de esplendor era capaz de beberse junto con un amigo un barril de treinta litros de buena cerveza alemana sin caer rendido.
Cuenta que jamás pensó en regresar a Alemania. Ahora lleva 47 años en Tenerife y no lo cambia por nada. Es un lugar ideal para vivir.

“¡Qué buena vida!” el lema del “Club Loco Playa”

Son muchas las personas que consideran que hay que estar un poco loco para aventurarse a nadar cada amanecer del año en el mar, pero Axel no es el único. Son aproximadamente una veintena las personas que tienen esta costumbre en la costa de Puerto de la Cruz. Así que como el roce hace el cariño, tras muchos años coincidiendo decidieron fundar un club. No dudaron en darle el nombre de “Club Loco Playa”.

El lema de tan pintoresca organización es “¡Qué buena vida!” y coincide literalmente con el grito que lanza su miembro de más edad cada vez que se da el primer chapuzón en el mar.

Este nonagenario es el miembro de mayor edad del club. Además de compartir ejercicios en tierra y baños en el océano, organizan también almuerzos y desayunos de confraternización. Entregan carnets de socio y tienen gorras oficiales que los distinguen como miembros. Las nacionalidades mayoritarias son la alemana y la española y el miembro de menor edad tiene 39 primaveras y es quien firma este artículo.

¡Llamen a la policía!… ¡hay unos locos bañándose!

Se pueden contar por decenas las veces que durante todos estos años la policía local de Puerto de la Cruz ha recibido llamadas de ciudadanos, que no siendo habituales de esta playa, se han alarmado al ver como con un mar muy fuerte había bañistas metidos en el agua. Los “Loco Playa” son buenos conocedores de las corrientes de la zona y aún así nunca se aventuran en solitario. Como podrán imaginar, los agentes ya conocen al famoso colectivo. Incluso está geolocalizado como tal en Google y Facebook.

El Whatsaap no tiene edad y en la vida hay que hacer lo que se quiere.

Nuestro protagonista tiene historias como para escribir un libro pero me temo que nunca escribirá y cuando le pido un consejo para los lectores más jóvenes me responde que no tiene ninguno, salvo la recomendación de hacer en la vida lo que realmente se quiera. Asevera que es la mejor manera de vivir.

Al finalizar de escribir estas líneas se las enviaré por whatssap o por email, porque ‘Gladiator’ está a la última y todo indica que le quedan muchos gritos de “¡Qué buena vida!”

2 Comentarios

2 Comentarios

  1. Manuel

    25 agosto, 2015 en 21:25

    Bonito reportaje Cesar, enhorabuena, un gran tipo Axel!!!

  2. Jesus

    4 junio, 2016 en 09:07

    Gran artículo, me ha encantado la verdad.

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