3.0 Opinion

Pura, la cajera del supermercado y Basilio, desempleado de larga duración.

QWEF

-Hola D. Basilio, buenos días, ¡cuánto tiempo sin verle por aquí! ¿me pone la compra en la cinta, por favor?
-Hola Puri, claro, ¿qué tal, preciosa, cómo estás?
-Ya ve, D. Basilio, todo igual, sin grandes cambios.
-Yo, sin embargo, sí traigo buenas y nuevas noticias, por fin la cosa va mejorando y estoy más que contento.
-¿Ah, sí? ¡cuénteme!
-Pues nada, que he leído que este año los camellos de los Reyes Magos ya no han tenido que soportar el peso de Sus Majestades, que han ido en camiones y carrozas. ¡No me digas que no es una grandísima noticia!
-¡Aaaaaah!
-Y que ha habido ciudades que no han sacado ningún tipo de animales en la Cabalgata. ¿No es maravilloso e increíble?
-¡Ya!
-Fíjate, además ahora no vamos a llamar a estas fiestas navideñas como hemos venido haciendo los últimos siglos, sino que las vamos a denominar fiestas paganas del solsticio de invierno, o algo así… ¡Vamos, vamos, esto es una locura de felicidad!
-¡Anda!
-Pues sí.
-¿Y qué significa eso de “paganas”?
-¡Uy! ¡Yo qué sé, Puri, ni idea! ¡Qué más da!
-¡Pues suena bien!, no lo había oído nunca, pero si hay que cambiar, pues cambiamos.
-Pero espera, ¡que lo vas a flipar!
-¿Por?
-No te lo vas a creer, en algunas ciudades españolas ¡se han disfrazado en la Cabalgata de los Reyes Magos algunas mujeres! ¿Se puede pedir más eficiencia?
-¿Qué dices? ¿y cómo hay que llamarlos ahora, Melchora, Gaspara o Baltasara?
-¡Ja Ja Ja!, lo que oyes. A mí me parece bien, seguro que es más justo y equilibrado y, además, así se neutraliza algo el machismo.
-¡Ya!
-¡Bueno, y también se dice por ahí que el cuento de Caperucita lo van a cambiar por el de ‘Caperucito y la loba feroz’! ¡Qué ilusión más grande, por favor!
-¡Jopé!
-¡Sí, sí!, y también tendremos la versión de ‘Las tres cerditas y la loba feroz’! ¡Esto sí que son cambios estructurales para la población!
-¡Bieeennnn!, ¡ya era hora, hombre!, por cierto ¿va a querer usted bolsas?
-Sí, ponme dos, gracias.
-¡Con lo que me cuenta es muy normal que esté usted tan feliz y contento! ¡Vaya diferencia de Navidad! ¡Ahora sí que se vive esta fiesta en toda su intensidad!
-¡Espera, espera, que aún queda lo mejor!, resulta que en Madrid, el rey Melchor, se vistió como el mago Merlín, que Gaspar llevaba una túnica rosa con estampados de aves y flores y que Baltasar portó un turbante fucsia con plumas de faisán y con trenzas de esas como las que llevan los jamaicanos! ¡Bueno, bueno, somos los más grandes, qué lujo!
-¡No me diga!, ¿de verdad?
-¡Que sí, Puri, que sí, te lo juro! Fíjate tú que yo ya estoy apagando el árbol de navidad un día sí y otro no, por si acaso meto la pata. No quiero perder esta oportunidad de actualizarme y ser más moderno. No vaya a ser que me quede desfasado de estos cambios tan importantes para todos. ¡Hay que actualizarse, Puri! ¡Qué diferencia!
-¡Vaya, vaya, vaya! Bueno, D. Basilio, pues con el agua y las cervezas hace un total de… 72,45 euros.
-¡Pero, Puri, si ya sabes que estoy desempleado y que llevo ya varios meses sin cobrar ayudas ni nada! ¡No puedo pagarte! ¡No tengo dinero!
-D. Basilio, son 72,45 euros. ¡Ándese, déjese de bromas que mire la cola que se está formando!
-¡Puri, yo pensaba que con todas las cosas alucinantes que te había contado podría irme sin pagarte la compra! ¡Te lo he dicho para que vieras que estoy al día, que soy conocedor de los temas de actualidad, para que comprobaras que leo la prensa y veo las noticias y que me sé todo lo importante y preferente que se dice en ellas! ¡Que esto ha cambiado, Puri!
-¡D. Basilio, por favor! Deje la compra aquí, a un lado. No puede llevársela. Le agradezco su información, pero ya sabe usted que solo con eso no se compra comida, ni se puede pagar nada, ni se liquida el préstamo, ni se consigue trabajo, ni se paga la universidad de sus hijos, ni se puede viajar, ni se atienden los recibos de la luz, el agua y el teléfono, ¡ni nada de nada! ¡Usted ya lo sabe D. Basilio! ¡Lo hemos hablado muchas veces!
-¡Joder, Puri! ¡Otra vez me he aturdido! ¡Estoy de los políticos y de sus ideologías hasta los cojones! ¡De verdad! ¡Perdona y… adiós!
-¡Lo siento, D. Basilio! A ver si la próxima semana tiene usted suerte. ¿Y sabe lo que le digo?, ¡que no pienso cambiar ninguna de las tradiciones que mis abuelos, mis padres, mis hijos y toda mi familia hemos vivido durante muchísimos años con ilusión, fantasía y felicidad! ¡Coño!
-Perdone señorita, cóbreme a mí la compra de ese señor, la de D. Basilio. Yo se la pago, de momento tengo trabajo y puedo, y para eso estamos, para ayudarnos cada vez que podamos.
-¡D. Basilio, vuelva, venga a por su compra, que este señor se la ha pagado!
FIN

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