Opinión

El Dr. Iglesias y Mr.Hyde

Versión 2
foto: vía Youtube

Cuánto más lo oigo, menos me gusta. Mal síntoma. En esto de la comunicación, en tanto que es un juego de percepciones, sucede como con los gustos y los colores. Es decir, puede haber desavenencias indiscutibles. Y no se debe decir que qué mal gusto tienes…tan sólo es que tú no eres yo y por eso opinas de diferente forma.

Pues, continúo, yo solía pensar que Pablo Iglesias es un gran comunicador, bregado en miles de tertulias bajo la lupa de miles –qué digo, ¡millones!- de espectadores, siempre tan mordaz en el comentario, rápido en la respuesta e incisivo en la interpelación.

Pero me he hartado de escucharlo.

Bien es cierto que hace gala de grandes dotes dialécticas (arte de dialogar, argumentar y discutir) y de oratoria (arte de hablar con elocuencia)…pero éstas, siendo condiciones deseables de un gran comunicador, no son -en absoluto- suficientes.

¿Qué le falta y qué le sobra a Pablo, entonces?

Seré directo: le falta bondad y le sobra prepotencia. Me explico: el líder de Podemos abusa de su superioridad dialéctica y oratoria para humillar, menospreciar y ridiculizar a su oponente. Su estilo de áspera tertulia televisiva es invariable; se ha extendido a todas (vaaale, admito que puede ser sólo en casi todas…) sus intervenciones públicas. No es que no pueda –tiene capacidad de sobra para ello-, es que no quiere adaptarse a las diversas situaciones de comunicación en las que se encuentra. Ha sido engullido por su propio Mr. Hyde tertuliano.

Y es que una de las grandes virtudes de los grandes comunicadores es su cambio de registro, su capacidad para adaptarse a la situación sin perder su esencia, su ser. Provocar el rechazo del destinatario de su mensaje no parece ser una táctica inteligente, pues fuerza a éste a responder bien con evasivas, bien a la defensiva o al contraataque. El aura de ese rechazo es como una onda expansiva, que es percibida también por las audiencias periféricas, las que contemplan el debate desde la grada.

Un desbordamiento de soberbia suele ser difícilmente recuperable, poco asimilable y por muy pocos compartido y alabado. Todos aceptamos ya la teoría de las inteligencias múltiples… pues parece que a Mr. Hyde le falta la inteligencia emocional, la de la empatía. Y le sobra soberbia (satisfacción y envanecimiento por la contemplación de las propias prendas con menosprecio de los demás).

Después de todo, ¿quién quisiera tener de socio o amigo a alguien que siempre te dice lo malo y débil que eres y que quiere tener siempre la última palabra

1 Comentario

1 Comentario

  1. Carlos Martin

    13 abril, 2016 en 18:19

    Esa misma sensación la percibía, pero sin conocer a ciencia cierta de qué se trataba. Y he aquí, que un profesional lo explica claramente y sin rodeos.

    Efectivamente, sus -gracias o morisquetas- “no son -en absoluto- suficientes”, como dice Miguel Ángel.

    Ahora ya lo sé!

    Buen artículo y muy actual.

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