Leocadio Martín Borges

Felicidad exterior

“Dentro de veinte años te arrepentirás más de las cosas que no hiciste que de las que llegaste a hacer. Por lo tanto, ya puedes levar el ancla. Abandona este puerto. Hincha las velas con el viento del cambio. Explora. Sueña. Descubre”.
Marc Twain

Claro que resulta atractivo decir que la felicidad viene de tu interior. Es una manifestación rotunda de responsabilidad y de competencia personal. Si no eres feliz, puedes hacer algo por cambiarlo. No tienes que culpar a nadie o esperar que otra persona te haga feliz.
Al mismo tiempo, desde una perspectiva de alguien que le preocupa la justicia social, hay algo incómodo en ser tan categóricos al afirmar que la felicidad solo depende de uno mismo. No es así. A no ser que nos encerremos en una suerte de cámara de aislamiento emocional, no puede ser. Resulta inevitable que lo que nos rodea nos afecte e influya. Y menos mal. Y tiene mucho que ver en nuestra experiencia de felicidad y satisfacción personal.
Así, la felicidad no es una experiencia onanista, en la que el mundo que nos rodea se difumina y desaparece. No, eso no es ser feliz. Es otra cosa. Egoísmo en el mejor de los casos, sociopatía en el supuesto que se convierta en un trastorno psicológico.
De hecho, transmitir el mensaje de que si somos infelices, es nuestra responsabilidad es como culpabilizar a la víctima. Ni una cosa ni la otra. Una felicidad interior, tiene que ver mucho con nosotros mismos y la interpretación que hacemos del mundo. Por esto, estará inextricablemente, unida a una felicidad exterior.
Abogar por el bienestar emocional y su promoción va de esto. De conseguir que todas las personas sean capaces de encontrar y entender sus emociones. Pero también que tengan la capacidad empática y compasiva, de relacionarse saludablemente con la felicidad de quienes les rodean.
Quizás la confusión venga de entenderlo como un objetivo, no como un proceso de cambio. De pensar, que es un lugar a donde llegar, y ya está. Y no lo es. Cuando entendemos nuestra felicidad, sabemos distinguir que viene de nuestro interior, y que lo hace de fuera. Como cambian nuestras emociones, según estemos nosotros o la gente y la sociedad que nos importan.
Este es el camino del verdadero cambio social. De una sociedad más saludable emocionalmente. Que se acepta, no se juzga y procura poner los medios para caminar hacia una mayor equidad entre las personas.
Al menos para mi, la felicidad no solo viene de mi interior

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