Africa 3.0

La teoría del alfiler. ¿Canarias hub de África?

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Por Rafa Muñoz Abad

La descolonización francesa fue un matrimonio de conveniencia donde se concedió a los africanos un sillón en las Naciones Unidas a cambio de mantenerles subordinados a los designios económicos de la ex metrópoli. El enlace se cimentó con el Franco CFA y se le quiso dar alma bajo el pensamiento de la françafique. Tutelaje “filantrópico” que no tenía por qué ser rival del panafricanismo ni de la negritude. Ahí es nada. A la par, se crearon la Delmas o la CMA CGM para llevarles los Citroën y mil trastos más. Navieras de capital galo diseñadas ex profeso para surtir de todo tipo de manufacturas ya no sólo a los puertos comprendidos entre Tánger y Libreville, sino al  resto del continente africano. Entes marítimos cuyas frecuencias conectan Francia con sus excolonias convertidas ahora en mercados de pleno para la industria gala.

De la mano de su alta operatividad, los puertos de Antwerpen, Le Havre, Marsella, y Tánger y Rotterdam por extensión, vienen a representar la verdadera plataforma tricontinental y hub de entrada a los mercados del Africa occidental y no, como nos quieren vender, las Islas Canarias. Y lejos de intentar ser el azote de nuestra clase comercial, que si de los rucios que nos desgobiernan, aplaudo cualquier iniciativa que busque catalizar la vida portuaria y abrir vías marítimas hacia ese horizonte africano que aún, y en mi opinión, no pasa de ser un eterno principio. De manera análoga, no puedo más que celebrar las apuestas por convertirnos en un centro de mantenimiento de la industria petrolífera off shore que al sur del archipiélago florece. Canarias aún no es hub de nada pero debería serlo; bueno, quizás sí que somos hub pero de romerías; ¿y  si todo esto nos viniera grande?

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¿Cuál es el coste hora de navegación-combustible que genera transportar un alfiler desde Le Havre a Dakar? La respuesta y su análisis nos daría una visión de lo que podría representar Canarias como centro de distribución de manufacturas hacia el Africa sobre la cual podemos tener cierta proyección. Al carecer de sector primario o industria de base, no podemos competir con el consolidado monopolio exportador francés para con sus excolonias. Razón por la que deberíamos jugarnos el siguiente órdago: apostar por ser ese hub o centro distribuidor de bienes de consumo de cara al continente vecino; ofreciendo nuestra geografía, estabilidad y seguridad jurídica, a las multinacionales que busquen vender en Africa occidental.

El que firma es el padre intelectual de la Teoría del Alfiler. Criatura de mis ilusiones y a la par pensamiento económico–marítimo que grosso modo así puede sintetizarse. Si el coste de un alfiler desde Francia a Senegal está calculado, ¿cómo de competitivos deberían ser nuestros puertos para bajar el precio  – de ese alfiler – en una mercería de Dakar, cuando el viaje desde Canarias ya significaría un ahorro de 72 horas de navegación y costes añadidos respecto a los puertos europeos? Y digo un alfiler, como cualquier otra manufactura simple. Objetos factibles de producirse o almacenarse aquí y al precio que demandan los bolsillos africanos. Se llama competitividad. Después están las ciénagas políticas.

España, en Canarias, tiene la seguridad física y sobre todo jurídica que aún no pueden ofrecer algunos estados vecinos; caso de Marruecos o Mauritania. Si eso es cierto, ¿qué es lo que ocurre para no terminar de ir a por el mercado africano? En mi irrelevante y modesta opinión, sólo nuestra anquilosada clase política y la rancia y acomplejada inflexibilidad [fiscal] del estado español, que en tales, nada o poco parece haber evolucionado desde las haciendas de Felipe II, representan la causa capital por la cual los puertos franceses vengan haciendo, y haciéndolo muy bien, el papel que nosotros ya tendríamos que estar protagonizando. Nuestra mentalidad comercial sólo es atlántica de cara a la galería y aún no hemos derribado los prejuicios que todavía se tienen hacia Africa en forma de miedos infantiles y prejuicios que no tienen razón de ser. ¿Cómo es posible que este país no tenga una naviera de bandera siendo el estado europeo con más millas de litoral? Nuestro pecado es viejuco; pieza de plata que se trajo de Yndias, pieza que se malgastaba en locas cruzadas de catecismos en Flandes. Británicos, bretones y neerlandeses, no pararon de construir barcos; nosotros altares.

A nivel local, seguimos enganchados a un modelo turístico agotado y a un discurso vertebrado entorno al suvbencionismo más lastimero y electoralista. Demás que, el pensamiento insular es la más bastarda y esperpéntica ramificación de la rancia y encorsetada visión, ya no española, sino castellana, del comercio de ultramar y la falta de miras. Lejos de la Europa continental y a las puertas de Africa, resulta incomprensible como España no ha tenido, para bien de sus intereses económicos y geoestratégicos, ni los arrestos, ni la agudeza, de mover el alfil canario para  poner en jaque el monopolio comercial africano francés. Claro que, reparando en el cariz de buena parte de nuestra clase política, creedora que Conakry es una receta de pollo hindú, poco se puede esperar. Canarias podría ser una pica en Africa en potencia. Día que pasa, día que perdemos oportunidades.

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