Africa 3.0

El liderazgo que ejerce Senegal en África

Monument de la renaissance africaine 3

Puede argumentarse que la madurez política y social que muestra Senegal no sorprende a nadie, al tratarse de una vieja democracia. Y tan es así que este país ya llevaba quince años de trayectoria democrática pluralista cuando España y Portugal seguían atravesando dictaduras militares. Actualmente gobierna su cuarto presidente electo democráticamente, y es el tercer partido político que asume la tarea de gobernar, una historia pulcra de cero golpes de estado.

Sin embargo, la determinación y la confianza mostradas en los últimos cinco años a la hora de afrontar los retos sociales, políticos y económicos del mundo actual con un criterio que muchos más países africanos y de otras partes del mundo harían bien en copiar, es realmente encomiable. La asunción progresiva de un liderazgo moral por parte de Senegal puede verse en varios aspectos, aunque en este artículo analizaré solo estos cinco datos:

EL CASO KARIM WADE

En esa línea, uno se fijaría primero en el caso del proceso judicial, condena a seis años de prisión y una multa de 210 millones de euros a Karim Wade, hijo del expresidente Abdoulaye Wade, acusado de enriquecimiento ilícito durante los 12 años que duró la presidencia de su padre, en la cuál él fue titular de varias carteras ministeriales. En ese momento nadie, aparte de los propios senegaleses, le dio la suficiente importancia. Hoy, sin necesidad de mirar lejos de nuestra propia realidad, sabemos que ningún hijo de jefe de estado va a parar a la cárcel en ningún lugar del mundo, excepto en Senegal.

EL JUICIO DE HISSÈNE HABRÉ

Fue Senegal quien lideró el juicio del expresidente y dictador chadiano Hissène Habré, y un tribunal de Dakar, el escenario que confirmó que no tenemos porqué pedir que occidente venga a poner en orden nuestras sociedades. Teniendo en cuenta que en este tipo de procesos judiciales la Corte Penal Internacional (CPI) se suele tomar casi una década para dictar sentencia, mientras el caso que relato le ha tomado un año al país de la Teranga (hospitalidad en wólof), no cabe duda ya de la obsolescencia de la CPI. De hecho, sin estar a favor de la estampida que hubo en 2016 de países como Burundi, Gambia o Sudáfrica de dicho organismo, reconozco que ante esta eficacia de la que ha hecho gala Senegal, la CPI, que desde su fundación en el año 2002, solo ha habido condena en dos de los 22 casos en los que ha intervenido y que además solo el caso de Georgia no es africano, es cuestión de tiempo que Dakar sustituya a La Haya.

LA CONDENA DE LOS ASENTAMIENTOS DE ISRAEL EN TIERRAS PALESTINAS

Otro movimiento excelente a la par que valiente que hizo Senegal en el pasado año 2016, fue promover la votación, junto a otros 13 países de las Naciones Unidas, a favor de condenar y considerar ilegales los asentamientos coloniales del gobierno de Israel en territorio palestino. Pero no sólo voto a favor, sino que fue de los cinco países que impulsaron la resolución, animando al resto a unirse. Este papel que ha desempeñado la delegación senegalesa no estuvo exenta de consecuencias. De hecho, al día siguiente de la votación, el estado de Israel rompió relaciones diplomáticas con doce países que votaron a favor, entre ellos, Senegal. Es muy probable que la resolución no se cumpla, o que Israel no sea sancionada por no acatarla. Es algo a lo que estamos demasiado acostumbrados. Todas las resoluciones dictadas por la ONU han sido sistemáticamente despreciadas por Israel, pero ello no empaña el compromiso activo de Senegal al respecto.

LA CRISIS POSTELECTORAL EN GAMBIA

Si existe un hecho que ha terminado de apuntalar el liderazgo de Senegal en África, es el proceso postelectoral que ha tenido lugar en Gambia, donde, a través del un consenso dentro de la Comunidad Económica de los Estados de África del Oeste (ECOWAS, por sus siglas en inglés), donde Senegal intervino para apoyar la democratización y el respeto a las instituciones en el estado vecino, que dio como resultado que Adama Barrow, el nuevo presidente de Gambia pudiera volver a su país en mitad de vítores y cantos de alegría del pueblo gambiano, cantos que iban más dedicados al ejército senegalés que al nuevo mandatario.

Es importante, no obstante, señalar que esta no fue la primera intervención de la ECOWAS en un país miembro en conflicto, pero sí la primera que ha sido exitosa, ya que en sus dos intervenciones anteriores, en Sierra Leona y el Liberia, no se puso fin al conflicto, sino que se prolongó. La primera acción que ha sido capitaneada por Senegal ha sido un éxito, aunque no se puede decir en ningún momento que sea dicha intervención la que cambió la situación política en Gambia, pues son sobre todo los gambianos y las gambianas, votando masivamente al candidato de la oposición. Y a diferencia del sistema al que nos tienen acostumbradas las potencias occidentales, donde las intervenciones se suelen eternizar desembocando en la creación de bases militares en los países en conflicto, a día de hoy no hay ningún militar senegalés en Gambia ni ningún tipo de coacción al gobierno gambiano.

Ha sido una intervención a tiempo, limpia y con la única intención de hacer respetar el veredicto de las urnas. Yayah Jammeh, el hombre que tardó 22 años en darse cuenta de que Gambia no era su propiedad, encontró asilo en Guinea Ecuatorial, donde ha sido recientemente declarado persona non grata por la oposición política.

LA APUESTA POR LAS ENERGÍAS RENOVABLES

Está claro que la senegalesa no es de las economías más grandes ni siquiera en la subregión ECOWAS, pero es el primer país africano en apostar seriamente por las energías renovables. Y como prueba de ello, inauguró la planta fotovoltaica más grande del continente africano en julio del año pasado, con una potencia de 20 MW que garantizará electricidad a unas 10.000 familias, y se encuentra está en proceso de construcción otra planta de 30 MW.

Y todo ello ha ocurrido en una África donde los equilibrios del liderazgo político, económico y moral se han vuelto a mover en los últimos tres años después de que la Primavera Árabe hiciera su parte al filo de la década pasada. Un desajuste que se hace patente, por ejemplo, con la caída en desgracia de las respectivas economías de Nigeria y Argelia a causa de la crisis del petróleo, la dejación de sus obligaciones por parte de Sudáfrica como autoridad moral en el continente y la decepcionante decisión de Paul Kagame, presidente de Ruanda, de presentarse a las elecciones presidenciales de este 2017, en busca de un tercer mandato inconstitucional.

En esta coyuntura geopolítica, que en parte está en el origen del regreso de Marruecos a la Unión Africana a hombros de una abrumadora ofensiva diplomática sin precedentes en las relaciones entre los estados africanos y que ha sido aplaudida por propios y extraños, mi deseo es que Senegal siga abanderando el África que soñó Lumumba, una África que escriba su propia historia, un continente responsable de sí mismo y consigo mismo; una África que sea el amo de su destino y el capitán de su alma, parafraseando a William Ernest Henley en su poema Invictus, popularizado por la película homónima dirigida por Clint Eastwood sobre parte de la lucha de Madiba.

(*) Nico Mba es psicólogo social ecuatoguineano

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