Africa 3.0

Las aventuras africanas de Fidel

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Por Rafa Muñoz

Teatralizaba Castro en la verdosa tribuna mármol de Naciones Unidas que es un gran burdel donde los hombres escriben recto con la sangre ajena como tinta, el deber moral de ayudar al pueblo de Angola contra la agresión imperialista de Sudáfrica y los intereses del capitalismo. Suena tremendo en romanticismo. Más justificaba su apoyo en que allende del ideológico, no se escondía interés material alguno. Miseria. Resultado domestico del generoso empacho ideológico socialista para con los pueblos del Tercer Mundo. Las aventuras cubanas en Africa son uno de los episodios más excéntricos de la Guerra Fría: Bissau, Congo Brazzaville, Etiopia pero sobre todo Angola.

De pequeño, hace muy poco, leí a Ryszard Kapuscinski en “Un día más con vida” y recuerdo como en mi córtex quedaron grabadas aquellas filas de portugueses tristes que huían de Luanda y se llevaban sus comedores y vajillas de vuelta a Europa. Se diluía el sueño colonial portugués y el maestro polaco lo describía con ese texto líquido que solo los genios esculpen sobre el papel.  Tuvieron que pasar años antes de que yo pudiera poner un pie en Angola; precisamente en Lobito, donde al fresco de su barra me contaba Julio, un Jefe de Máquinas afilado como un hurón, un exiliado y traidor a ojos de la revolución, que Cuba perdió su marina mercante y gran parte de su economía en una loca cruzada al otro lado del atlántico por los delirios de grandeza del Barbas. La llamada “Operación Carlota” en la voz de un romántico criminal llamado el Che, fue la “heroica” [inútil] tumba de miles de jóvenes cubanos “invitados” a expandir la revolución a otras tierras lejanas. El esfuerzo militar de La Habana en Angola fue notable y buena fe de ello dan los cementerios de la ex colonia lusa. Su cuerpo expedicionario lograría frenar la poderosa maquinaria militar sudafricana. Un éxito relativo, pues se vertebró a base a muchas bajas y un ingente esfuerzo económico que fue el inicio de la ruina de la isla caribeña. Aunque también hay quien respalda que era Moscú la que sufragaba el puente marítimo que trasladaba artillería y carros hasta los puertos angoleños. Estábamos en plena guerra fría y Angola era una de las partidas más activas.

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De la hemeroteca cabe desempolvar la batalla de Cuito Cuanavale. El llamado Stalingrado de Africa y episodio que ya forma parte de la historiografía militar como el mayor choque de blindados en Africa desde la Segunda Guerra Mundial. Presume Fidel de la vital aportación cubana al final del Apartheid y la consecuente independencia de Namibia a razón de las conversaciones de paz de Nueva York. Tratado que desvincularía a Windhoek de Pretoria a cambio de la retirada de ambos contingentes; cubanos y sudafricanos de Angola y Namibia respectivamente. Después llegaría el progresivo colapso del Apartheid más a causa del derrumbe del comunismo y de un nuevo despertar generacional [sudafricano] que de las elucubraciones marxistas de El Caballo Blanco.

Las aventuras africanas de Castro ejemplarizan el canto al ego de un personaje que atrapado por la gravedad de su irradiante yo, acabó creyéndose lo que ni por asomo pensó cuando triunfante entro en aquella Habana de casinos y fulanas de Batista. Y no le despojo de su cruzada en pos de ayudar a los oprimidos, pues uno debe ser valiente y respetar ideales opuestos más si cumplen con el principio de la creencia absoluta en algo; erróneo o no, gusto de gente con ideales. Pero ¿justifica eso los más de veinte mil cubanos enterrados en Angola?; ¿o que gran parte de la tropa habanera fuera negra justificándolo Castro bajo el deber moral de ayudar a sus ancestros esclavizados hace siglos?… A dia de hoy los veteranos de guerra que no volvieron a Cuba en un cajón de madera son personajes olvidados; hombres sin sombra traumatizados por la guerra; amputados en lo físico y tatuados emocionalmente con la tinta del horror de las quemaduras del fosforo blanco, vagan con la mirada perdida por una guerra olvidada capricho de un megalómano.

Este año intentaré cruzar la frontera y llegar hasta Cuito y sus lindes minados con carros T-62 oxidados donde niños en muletas juegan a la guerra de los hombres.Y ahora me acuerdo de Mari. Una señora que limpiaba en casa y que una vez a la hora del almuerzo, poseída en prudencia, me confesó, entre un plato decongrí, su apuro pues en mi casa había no pocos indicios de existir un intenso nexo con Africa del Sur. “…Mi hermano estuvo en la guerra  de Angola, era piloto de un Mig-23 y combatió en el avispero de Cuito Cuanevale…” Ahí es nada.  También me señaló que en un principio se enojó, pues para ella y su familia el ejército sudafricano era el diablo imperialista con el que Fidel justificaba el deber cubano para con los angoleños ante la sombra de una nueva amenaza colonial. Ahogados sus temores en lo relativo a que no la iba a despedir por ser cubana y que afortunadamente era imposible que yo hubiera estado en aquella guerra con la que tanto he fustigado mi pensamiento, nuestras conversaciones se tornaron enriquecedoras y, pese a que nunca conocí a su hermano, sí que me leyó cartas y mil fotos me mostró en largas sobremesas de cocina que siempre le agradeceré. Recuerdos en sepia de una generación de cubanos empujados al precipicio del horror para satisfacer el ego de un entonces vanidoso Castro tornado ayer en languideciente anciano barbudo que ya es hoy espíritu eterno de la historia.

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De cualquier manera, la huella cubana, más allá de los cementerios y la música, aún es visible en muchas zonas del continente pues no son pocos los médicos que se quedaron ejerciendo en Angola y con posterioridad en Sudáfrica. No hay hospital que no cuente con algún galeno isleño. Los que tuve la oportunidad de tratar, les diré que, más allá de buenos profesionales con medios muy limitados, poco quieren recordar de aquella guerra extraña en lo emocional pero real en lo sangriento. Y que de hablar algo con Paul Morris, autor de Back to Angola, las memorias de un veterano de guerra sudafricano en la guerra fronteriza, aprendes que al final Platón estaba en lo cierto: “solo los muertos han visto el final de la guerra…” En resumen, las intervenciones cubanas en Africa son un genuino ejemplo del uso de intermediarios ideológicamente afines al socialismo en los años de la Guerra Fría con el mero objetivo de ganar piezas estratégicas en el neo reparto que prosiguió a la descolonización.

CENTRO DE ESTUDIOS AFRICANOS DE LA ULL

@Springbok1973

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