Africa 3.0

La paradoja poblacional de África

El doctor Diakité, promulgor y director de la clínica Kabala en Bamako (Mali) - María Rodríguez (1)

“En la mayor parte de las lenguas africanas la palabra « hombre esteril » no tiene traducción. Es una palabra femenina”, explica  Ernestine Gwet Bell, ginecóloga obstetra camerunesa y pionera de la fecundación in vitro en África subsahariana. Este dato ofrece un primer acercamiento a cómo se percibe la infertilidad en el continente africano. Tradicionalmente, al asociarse a la mujer con el embarazo y el parto, se le ha considerado a ella la única responsable de que una pareja no tenga hijos, llegando a pensarse que esa mujer sufre una maldición y ocasionándole una terrible estigmatización social.

Este asunto no es baladí. En el año 2015 un informe arrojaba un dato que es alentador o peligroso, según el ángulo desde el que se analice: África es el continente más joven del planeta y uno de los que vive un mayor crecimiento demográfico perfilándose como el continente con mayor densidad poblacional del mundo para el año 2050. Así, según datos de 2015 del Banco Mundial, África subsahariana en su conjunto tiene la mayor tasa de natalidad del mundo, siendo la media de 4,9 hijos por madre, en comparación al 2,45 mundial. Las cifras se mueven desde el promedio de 7,6 hijos por madre en Níger al de 2,3 de Sudáfrica, Cabo Verde y Seychelles. Empero, este dato comparte terreno con otro que parece totalmente contradictorio respecto al anterior: África subsahariana es el continente con la tasa de infertilidad más alta del planeta, con un entre 15-30% de parejas con dificultades para procrear, frente al 5-10% de Europa.

“Sí, efectivamente hay una paradoja entre la fuerte natalidad y la tasa de infertilidad en África. Esto puede explicarse porque el continente sufre también altas tasas de mortalidad infantil y materna y los padres que pierden muchos de sus hijos están tentados a compensar esto teniendo más hijos”, explica la doctora Gwet Bell. Por su parte, el doctor maliense Djedi Kaba Diakité, especialista en ginecologia obstetricia y en microcirugía en infertilidad, señala que “si es un principio parece una contradicción, lo que ocurre es que las parejas que son fértiles tienen muchos hijos, mientras que las que son infértiles no tienen. En relación al crecimiento demográfico hay que decir ‘stop’, pero desde una visión social hay que ayudar a estas parejas que también tienen derecho a ser padres”.

Pero, ¿Por qué hay una tasa de infertilidad tan alta en África? Según un estudio del Grupo Interafricano de Estudios, Investigación y Aplicación sobre la Fertilidad (GIERAF), del que tanto el doctor Diakité como Gwet Bell han sido presidentes, las causas de la infertilidad en este continente son las infecciones como las transmitidas sexualmente y las contraídas en abortos y partos. También se asocia la infertilidad en África a los fibromas uterinos, muy frecuentes en las mujeres africanas, a las endometriosis y los factores ambientales. El doctor Diakité señala una larga lista de motivos destacando la utilización abusiva de los medicamentos tradicionales, pero también infecciones sufridas durante la infancia en el caso los varones, la poligamia, la mutilación genital femenina, el estrés, que ha aumentado entre los africanos; los tóxicos, que van desde el tabaco, el alcohol, otras drogas, hasta las cremas blanqueantes que utilizan sobre todo las mujeres; así como las nuevas tecnologías. “Se habla de un impacto del wifi o la telefonía móvil sobre la fertilidad, aunque se desconoce cuánto, pero en África utilizamos hasta dos teléfonos por persona lo que multiplica las probabilidades de infertilidad”, señala Diakité.

Diakité señala también el factor de las políticas de salud de los gobiernos africanos, destacando que en África subsahariana la gente no suele tener seguro por enfermedad, los centros de salud en muchas ocasiones están demasiado lejos, especialmente en las zonas rurales, creando una “política del bombero”, es decir, que sólo se acude al médico cuando uno se encuentra realmente mal. También lo asocia a la disparidad en la repartición de los especialistas. Todo esto hace que las enfermedades ya lleven tiempo deteriorando el aparato reproductor de la persona antes de ir a consultar al experto.

La mujer es el símbolo de la fertilidad y el hecho de que sea ella quien lleva al bebé durante el embarazo y quien pare hace que se le responsabilice de la infertilidad en una pareja. “También hay una misoginia que protege a los hombres, pues la esterilidad es tomada como una discapacidad vergonzosa. Afortunadamente las mentalidades comienzan a cambiar gracias a la información y educación de los jóvenes”, declara la doctora Gwet Bell. Así, según indica el doctor Diakité, actualmente incluso son los hombres quienes toman la iniciativa de verificar si son ellos los responsables, “salvo cuando son muy ‘macho’ y rechazan de hacerse los análisis”, dice el doctor. Algunos hasta van a reconocer un hijo que su mujer ha tenido fuera del matrimonio por tal de no admitir su responsabilidad en la infertilidad. Otros no pueden negarlo cuando abandonan a su mujer por considerarla infértil y esta concibe un hijo con otro hombre. “Pero ha habido una verdadera evolución. A mis consultas vienen el 50% de las mujeres acompañadas por su pareja, mientras que hace 15 años sólo venían acompañadas el 2%”, remarca Diakité.

La esperanza de la fecundación in vitro

Las procreación asistida también existe en el continente africano y tanto en la clínica Odyssée de la doctora Gwet Bell en Douala (Camerún), como en la clínica Kabala en Bamako (Mali), promovida y dirigida por el doctor Diakité ofrecen a las parejas la esperanza de poder engendrar un hijo. “La fecundación in vitro (FIV) se realiza en nuestros países desde hace una veintena de años. Al principio había mucho desconocimiento, por lo que estaba estigmatizada y mal aceptada”, explica la doctora, sin embargo ahora podría decirse que hay tolerancia por la sociedad, ya que permite que, por ejemplo, que una pareja no se divorcie. Sin embargo, se realiza de incógnito, por el miedo al rechazo, y en muchas ocasiones se prefiere hacer en el exterior para ocultarse. Según explica el doctor Diakité, Túnez o Marruecos serían dos de los destinos de los malienses que puede permitírselo. En los casos en que es necesaria la donación de esperma sin duda se marchan a un país donde nadie los conozca. El miedo a la estigmatización es tal que, según cuenta Diakité, hay mujeres que no van a parir a su clínica por temor a que el resto piense que el bebé ha sido concebido por procreación asistida.

En África subsahariana, “la casi-totalidad de los centros de asistencia medica son privados. Encontramos raramente, desde hace poco y en muy pocos países un centro público”, explica Gwet Bell. Esto ocasiona que los tratamientos no estén subvencionados por el Estado. En África subsahariana los precios van desde los 200 euros a los 1.800, según el tratamiento y el país, según explica la doctora Gwet Bell. Mientras que Diakité da unas cifras de 380 a 2.270 euros, para Mali. Ambos presupuestos no incluyen los gastos en medicamentos. “Te sorprendería saber que la gente lo paga”, asegura, “la gente cotiza, un familiar que puede permitírselo ayuda a la pareja o se realizan tontinas. Por lo general es la clase media quien puede pagar estos precios y los privilegiados no lo hacen aquí, sino en el exterior”, explica el doctor.

“En la mayor parte de las facultades de medicina en África no hay formación específica para hacerse cargo de las parejas infértiles”, subraya Gwet Bell. Y, según señala Diakité, existe la formación básica en lo relacionado con la infertilidad, pero no en cuanto a procreación asistida, por lo que hay que viajar a formarse a países de Europa o Estados Unidos. Además, “la procreación asistida es mezquina. Se necesitan en el equipo los ginecólogos, los biólogos y los psicólogos y hay que formarlos a todos. También hace falta la formación continuada y comprar los medicamentos y traerlos desde Europa”, señala el doctor.

Aunque actualmente se dedica a esta problemática en África el sector privado, tanto el doctor Diakité como la doctora Gwet Bell coinciden en que se trata de un problema de salud pública. La doctora añade que “y sobre todo de Derechos Humanos”, y el doctor subraya que “es necesario que la gente deje de ocultarlo, crear asociaciones, como ocurrió con el Sida, lobbies que van a ir a hablar con las autoridades políticas. Así el problema se puede resolver, pueden existir subvenciones públicas y bajarán los precios, permitiendo un acceso a toda la población”. Empero, aunque la doctora señala que las autoridades están interesadas en poner en marcha leyes y reglamentos en relación a la procreación asistida, y que el GIERAF ha elaborado una Guía de buenas prácticas al respecto, el doctor Diakité no ve interés en el gobierno porque para ellos aún no es un problema de salud pública sino de salud privada.

¿Hacia la planificación familiar?

Por otro lado, aunque el doctor Diakité está de acuerdo en que todo ser humano tiene derecho a tener hijos, no se olvida del otro lado de la moneda de la realidad africana. “Hay que limitar el número de hijos por pareja y dejar un periodo de tres años entre cada uno. En la religión musulmana está prohibido tener relaciones los primeros 40 días tras nacer el bebé por eso a mis pacientes las hago venir el día 41 tras el parto y las intento convencer de la importancia de la planificación familiar. Es necesario limitar el número de niños porque no poder sustentarlos a todos, debido a la pobreza, los invita a migrar, a irse al mediterráneo, a pasarlo mal. Quienes han conseguido llegar a Europa nos mandan fotos de coches y lujo, pero en realidad lo están pasando mal, a veces no tienen ni para comer. Sin embargo, tienen vergüenza de volver a casa porque es sinónimo de haber fracasado. También no tener nada invita a estos jóvenes a unirse a los yihadistas”. El doctor Diakité menciona además en el discurso tan polémico del presidente francés en la pasada reunión del G20. “Lo que dijo Macron tiene una parte de verdad. Hace falta una política de planificación familiar. Antes se tenían muchos hijos para que ayudaran a los padres en el campo y el pastoreo. Ahora debe ser al contrario, son los padres quienes tienen que ayudar a sus niños. Tienen que llevarlos a la escuela y cubrir sus necesidades. Un niño es una inversión”.

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