Turismo 3.0

En busca de un modelo turístico

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Por Salvador Lachica

No habían pasado ni tres días de su toma de posesión como presidente cuando Fernando Clavijo ya inauguró el primer debate de calado de la IX Legislatura: seguir siendo potencia mundial turística, pero con menos turistas.

Como era de esperar, la propuesta (que no aparecía por ningún lado en el Pacto de Gobernabilidad que suscribió en 2015 CC con el PSOE) no tardó ni tres días más en ser matizada, debido al escándalo político, mediático y empresarial que suponía, por lo que el presidente dijo que su intención no era limitar la entrada de visitantes, sino elaborar un estudio de planificación del modelo turístico para la próxima década, que incluyera la revisión de varias leyes de acuerdo con el sector.

Es más, en el propio documento del Pacto se anatemizaba una hipotética tasa turística: “la competitividad del destino parece incompatible con establecer mayores costes a la operativa turística y al turista, por lo que no se establecerán nuevos gravámenes distintos al IGIC por las pernoctaciones”.

Abrir un debate

Se trataba, por tanto, de  “abrir un debate” con sindicatos, empresarios hosteleros y comerciantes “para seguir siendo líderes”. Un debate que, dos años después, sigue siendo meramente una entelequia sin nada materializado. Nada nuevo, porque Canarias lleva casi tres décadas creando foros de discusión, repensando el modelo del sector que es el motor de la economía (pero que es incapaz de generar empleo pese a su crecimiento) y siempre ha quedado la sensación de que se abren muchos debates pero ninguno se cierra.

Ni siquiera se puede decir que Clavijo fuese original, pues son varios los gobiernos autonómicos y municipales que han anunciado el establecimiento de tasas turísticas, moratorias en el alojamiento y en la llegada de visitantes, lo que ha encendido la luz de alarma de Exceltur en varias ocasiones ante esta profusión de “medidas punitivas y restrictivas, más que estimulantes”, que son totalmente contrarias a lo que necesita un sector para ser revitalizado.

La polémica tasa

La última voz ha sido la de la Asociación Hotelera y Extrahotelera de Tenerife, La Palma, La Gomera y El Hierro (Ashotel), recordando al Gobierno que que pudo haber recaudado en concepto del Impuesto General Indirecto (IGIC), procedente del gasto turístico en destino, unos 310 millones de euros en 2016, el doble que con cualquier tasa turística que el partido liderado por Román Rodríguez, Nueva Canarias (NC), está empeñado en implantar en las Islas.

En la pasada Legislatura el líder de NC hizo de la tasa turística una bandera de su discurso, que en ningún momento fue asumido por el gabinete que presidía Paulino Rivero ni por el consejero de Economía y Hacienda, Javier González Ortiz.

Hace cuatro años, en julio de 2013, los turistas que habían escogido las Islas para pasar sus vacaciones veraniegas estuvieron a punto de convertirse en los primeros en pagar una tasa por entrar o salir de un aeropuerto canario. Se libraron porque las cuentas de la Consejería no cuadraban: para recaudar lo necesario habría que cobrar 22 euros. Algo impensable si se quería reactivar el sector que es motor económico.

Lo cierto es que la tasa que se aplicó en Baleares acabó en fracaso y en Cataluña parece que ya se la están empezando a cuestionar. Tal y como decía González Ortiz, ese mecanismo, “no grava al turismo, sino al turista”. Una mala imagen a la que no puede arriesgarse Canarias.

Reducir o aumentar camas

Si no se refería el presidente Clavijo a la tasa ¿lo hacía a limitar la llegada de turistas rebajando el número de camas hoteleras?

Las tres organizaciones empresariales más representativas del sector en el Archipiélago, Ashotel, la Federación de Empresarios de Hostelería y Turismo (FEHT) de la provincia de Las Palmas y la Asociación de Empresarios Turísticos de Fuerteventura (Asofuer), tienen claro que la senda de fijar un tope de plazas no es la que debe tomar la primera industria canaria.

Tampoco sería un planteamiento nuevo. En la pasada Legislatura se aprobó, y reformó, la Ley de Renovación y Modernización Turística en el Parlamento regional, heredera de la Ley de Medidas Urgentes de 2009 y de la famosa ‘moratoria’ de 2001, legislaciones que buscaron encauzar el desarrollismo del ladrillo en Canarias y hacerlo sostenible con el territorio, el auténtico ‘oro negro’ de las Islas, como lo calificó el fallecido ex presidente Adán Martín.

Con la primera moratoria, de enero a mayo de 2001, los inversores presentaron solicitudes para la construcción de 30.000 camas más en Tenerife, Gran Canaria y Fuerteventura, Cuatro años después, en 2005, ya se escuchaban voces pidiendo replantear la ley porque había tenido los efectos contrarios a los deseados: un aumento de la construcción de hoteles, dado que los empresarios habían acumulado más de 90.000 licencias que se ejecutaron rápidamente.

Ese boom de camas trajo consigo otro de los problemas que ahora afectan a las Islas: el todo incluido. Había que llenar tanto hotel, aunque para ello se tuviera que bajar la calidad de la oferta turística con visitantes que prácticamente no salen de su hotel y, por tanto, no genera beneficios en el resto de sectores que, indirectamente, viven del turismo.

Un ‘boom’ que, según los partidos de la oposición, volverá a ser  impulsado con la Ley del Suelo recientemente aprobada, pues ya el estudio ‘La moratoria turística de Canarias. La reconversión de un destino turístico maduro desde la Ordenación del Territorio’,publicado por Moisés Simancas, profesor de Geografía Humana de la Universidad de La Laguna, aseguraba que el Archipiélago dispone de suelo urbanizable y urbano para albergar cerca de 150.000 nuevas camas turísticas.

De momento las únicas pistas de hacia dónde quiere ir este Gobierno las ha vuelto a dar el propio Clavijo. Primero, asegurando que a este “nuevo Dubai” en que quiere convertir a las Islas se le abre “una oportunidad con los americanos, porque si se recrudece la política de Donald Trump con México, que es, junto al Caribe, el destino elegido mayoritariamente por la población de EE.UU.,se nos puede abrir una vía a la captación de mercados turísticos alternativos”.

Y más recientemente, contradiciéndose con lo que dijo hace dos años. Si en 2015 quería menos turistas, ahora ha pedido “prudencia” sobre la polémica de las aguas ‘contaminadas’ con microalgas, pues “no sobran otros destinos turísticos del mundo que lo van a ensalzar para intentar que los turistas no vengan” al Archipiélago.

Lo único claro es que de momento lo único que ha puesto encima de la mesa el Ejecutivo es una nueva puesta en escena que no parece que conseguirá que Canarias encuentre el modelo turístico que necesita para superar el de la década de los 60 del siglo XX y abrace, por fin, el del siglo XXI.

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