Africa 3.0

Pinceladas para recorrer el río Níger

Irene López de Castro siendo entrevistada por la televisión nacional de Mali el día de la inauguración de la exposición en el Museo Nacional de Mali

Por María Rodríguez / Bamako (Mali)

Fotos por María Rodríguez

A la pintora madrileña Irene López de Castro se le nota en la expresión de la cara lo emocionada que está. Controla la respiración al tiempo que sonríe. Le toca hacer discurso y no se termina de creer lo que está pasando. Uno de sus sueños se está haciendo realidad. Es 5 de octubre de 2017 y se inaugura la exposición ‘Au coeur du Mali’, organizada por la Embajada de España en Malí y financiada por la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID). El momento para Irene es histórico porque expone por primera vez en Mali, en el Museo Nacional, su obra inspirada en este país africano.

La sala está concurrida. Han asistido hasta la Ministra de Cultura de Mali y el gobernador de Tombuctú. La luz es tenue en el edificio, que consta de dos salas. En la primera se dan los discursos inaugurales y se apelotonan decenas de asistentes y varias cámaras de televisión. En la segunda se expone la obra donde el color ocre es protagonista en los cuadros. Malienses y extranjeros observan las pinturas con curiosidad, se asoman a los textos que acompañan a algunas de las obras y al pequeño letrero que indica el nombre de la obra y la técnica. “Quiero uno de estos cuadros en mi cuarto para que cuando me acueste lo vea frente a mí”, dice uno de los malienses asistentes a la inauguración que asegura estar maravillado y no esperarse esto.

Irene López de Castro es extranjera en Mali, o quizás no. Cuenta que conoció este país de una manera casual, que un amigo le había propuesto viajar en grupo por el río Níger, cruzándolo en barco. La idea del viaje era descubrir la mítica ciudad de Tombuctú, cuyo nombre en sí ya es una leyenda y está tan cargada de romanticismo que no hay viajero que haya oído hablar de ella y no la quiera visitar. “¡Allí no hay nada!, ¡Es todo arena!”, le decían a una Irene de 21 años y que, a pesar de la mala prensa que le hacían de aquel lejano lugar, había convertido a Tombuctú en su mayor fijación.

Una pareja contempla uno de los cuadros expuestos de Irene López de Castro en el Museo Nacional de Mali, en Bamako

Una pareja contempla uno de los cuadros expuestos de Irene López de Castro en el Museo Nacional de Mali, en Bamako

Las circunstancias dieron lugar a que Irene no pudiera llegar a Tombuctú en aquel primer viaje a Mali en 1989. Al año siguiente volvió a intentarlo, pero la rebelión de entonces de los independentistas tuareg le volvió a impedir visitar la ciudad. Le estaba ocurriendo como a los aventureros que hace siglos soñaron también la ciudad, desde León el Africano a Mungo Park, pasando por Domingo Badía o René Caillié. Todos se fascinaron con la leyenda de Tombuctú y se obsesionaron con alcanzar la ciudad que por mucho tiempo se creyó de oro, pero que no era más que de barro, un cruce de caminos en las rutas comerciales entre el sur del Sáhara y el norte de África.

Irene siguió pintando en sus viajes y volviendo a Mali, y en una de sus exposiciones en España se le acercó un señor que le dijo:

-Hola, soy un arma de Tombuctú, ¿Qué haces pintando mi casa?

-Nunca he llegado a conocer Tombuctú porque nunca he podido llegar- reconoció Irene.

-Estás invitada cuando quieras- contestó el desconocido. Fue de este modo que logró conocer al fin en 2001 la ciudad y visitarla cinco veces, la última en 2009.

Irene López de Castro posa delante de una de sus obras

Irene López de Castro posa delante de una de sus obras

El desconocido era Ismael Diadié, natural de Tombuctú y responsable de la conservación del Fondo Kati, una biblioteca familiar de manuscritos iniciada en el siglo XV por un toledano que migró a la región de Tombuctú y que desde entonces ha sido custodiada de generación en generación. El fondo Kati es una muestra de la relación histórica que existe entre España y Mali, entre Al-Ándalus y la Perla del Desierto.

“Volver a Mali es construir un puente en el tiempo”

Poco a poco Irene iría descubriendo que la fijación por aquella ciudad del Sáhara podía ser menos casual de lo que pensó en un principio. Son muchos los africanos que piensan que el azar no existe e Irene comenzó a creerlo también cuando descubrió la enorme relación de esta ciudad con el pasado español. Descubrir que Es-Saheli (1290-136), el poeta y arquitecto que creó el estilo sudanés característico de las mezquitas de Tombuctú, era de Granada; que Yahya Al-Andalusí, considerado el patrón de los santos de Tombuctú había nacido en Tudela, o que Yüder Pachá había conquistado el Imperio Songhay al servicio del sultán de Marruecos, provenía de Cuevas de Almanzora (Almería), la dejaron impactada.

Cuando la artista supo que una parte de los conquistadores que llegaron a Tombuctú junto a Yüder Pachá eran andalusíes y que se unieron a los locales creando la etnia ‘arma’ (procedente de la palabra castellana ‘arma’ porque fueron los primeros en introducir las armas de fuego en la Curva del Níger); que algunas palabras castellanas siguen utilizándose en esta zona y que el apellido maliense ‘Touré’ podría proceder del español ‘Torres’, “miré hacia atrás, hacia esa fijación que había sentido desde el principio por la Curva del Níger. Era como hacer una búsqueda, conocer a gente que podría estar relacionada conmigo. Yo tengo familia en Granada y Almería, ¿quién sabe? También hay Torres en mi árbol genealógico. Para mí volver a Mali es visitar a familiares lejanos, es construir un puente en el tiempo”, expresa la artista.

Desde el primer viaje de Irene, Mali quedó plasmado en sus cuadernos. Unos pocos trazos en grafito toman la forma de una figura humana sobre una piragua. En otro dibujo, con la misma técnica  y sencillez, varios trazos definen dos mujeres con mercancías sobre la cabeza, un hombre que camina y otro en una moto. Con un poco más de dedicación surge la muralla de la mezquita de Djingareyber, en Tombuctú. En acuarela, varios retratos de mujeres y de un hombre cubierto por un turbante azul. En esos cuadernos de viaje nada es inventado. Es el modo en el que la artista recopila sus recuerdos. Es su manera de fotografiar el instante mientras cruza el río, cuando se sienta a tomar algo, en los concurridos mercados o en casa de alguien. Y “a la gente le encanta que les dibujes”, asegura la artista.

Los cuadros de Irene, sin embargo, nacen de otro modo. Entre la treintena de obras expuestas en el Museo Nacional de Mali, en Bamako, la capital, se exhibe la de una joven que agarra la mano a una niña, de fondo, una duna del desierto. Irene reconoce que la joven es una persona que forma parte de su querida familia maliense, pero la duna no estaba en esa escena, ni tampoco la niña. Una vez la artista regresa a España pesa más el recuerdo que ser totalmente fiel a la realidad.

En la creación de cada una de sus obras se cuelan la inspiración, la melancolía y el dejarse llevar. Con música maliense de fondo que le transporta a esta tierra de “fraternidad, dulzura y armonía”, Irene comienza algunos de sus cuadros desde las formas que se perciben en el lienzo al prepararlo con la primera aguada. “Algunos han nacido así, otros a través de un dibujo, por eso los cuadros no los puedo repetir”, advierte. “Cada trazo tiene su energía y por eso no copio los dibujos sino que me inspiro en ellos. Tampoco hago un boceto del cuadro porque, si no, la energía se quedará en el boceto”. Además, Irene explica que hay veces que algunos detalles, como por ejemplo una mano, se quedan sin terminar. “El cuadro lo acabo cuando siento que no puedo decir nada más”, cuenta añadiendo que “son realistas pero no hiperrealistas porque tiene que dar la sensación de que estás viajando a través de la obra”.

-Pero, y las personas que aparecen en tus cuadros, ¿Son todas reales o están basadas en conocidos?

-Si están en mis cuadros es porque han estado delante de mí en algún momento.

Un mensaje de Paz

Las mujeres malienses son las musas de Irene. Por eso no es de extrañar que estén en muchos de sus cuadros. Una mujer con un fular naranja en la cabeza sujeta en sus brazos a un bebé, tres mujeres sentadas en una piragua con tres niños o una mujer con una adolescente y un pequeño. Son algunas de las protagonistas de sus obras expuestas en Bamako y tienen algo en común: sonríen levemente generando una sensación de paz y tranquilidad, de que todo está bien. Sin embargo, en la vida real no todo el mundo sonríe en Mali. Hay señoras que te miran muy serias y bebés que lloran. Irene justifica esta característica de sus cuadros explicando que lo que ella busca con su obra es la belleza. “Es más fácil impactar con la fealdad y las cosas negativas. Necesito acercar la belleza y no quiero añadir fealdad al mundo”, dice. Irene estima mucho el carácter del pueblo maliense, “su armonía, su humor… Cuando yo vine a Mali no me enamoré sólo del río sino también de las personas”. Es por eso que para ella tiene importancia capital que tras 28 años conociendo y visitando el país, los malienses conozcan esos cuadros y se reconozcan en ellos.

Actualmente el centro y el norte de Mali se encuentran en conflicto, por lo que no se puede viajar a esta zona. Por eso la artista, con estos cuadros Irene busca transmitir un mensaje de paz. Entre las obras también se puede encontrar a Ali Farka Touré, icono de la música maliense, o Toumani Diabaté, reputado intérprete de kora. “Los he pintado porque en este país la música acerca a las personas y creo que la música puede traer la paz”, expresa. Entre los retratados también se encuentran el arquitecto granadino Al-Saheli y el artista Kandioura Coulibaly, fallecido en 2015, que fue presidente del Grupo Bogolan Kasobane y un gran maestro y amigo de Irene.

Un joven observa uno de los cuadros expuestos de Irene López de Castro en el Museo Nacional de Mali, en Bamako

Un joven observa uno de los cuadros expuestos de Irene López de Castro en el Museo Nacional de Mali, en Bamako

Entre los cuadros de la exposición donde se viaja a paisajes, barcos y mezquitas, un autorretrato. Se titula ‘El collar de Kandioura’. Con 22 años Irene prometió a Kandioura que buscaría el modo de que su grupo, pionero en la utilización en las Bellas Artes de la técnica del bogolán, expusiera en España. Irene no sólo ha conseguido mostrar su obra a los malienses, sino también cumplir su promesa a Kandioura. Desde el 10 de octubre al 10 de diciembre el Grupo Bogolan Kasobane expondrá en el Museo Africano de Valladolid, y del 4 al 29 de mayo lo harán en Casa de Vacas, en Madrid. Un letrero a la derecha del cuadro narra la historia del collar, que en el dibujo de Irene es muchísimo más grande y largo que en la foto. El letrero dice que: “este collar simboliza una alianza. Todos formamos parte de la gran familia humana, somos un gran collar de perlas hechos de amigos unidos por la búsqueda de la belleza. Poco importa si hemos nacido en otro país. Si nos consideramos como hermanos, estaremos conectados y este collar crecerá a medida que los seres se unirán por el bien de todos, por la amistad, la cultura y el amor hacia la Humanidad. Así se hará la Paz en el mundo”.

Click para comentarios

Contesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

 

Si crees en la libertad, en Canarias3puntocero podrás encontrarla. La independencia no se regala, hay que conquistarla a diario. Y no es fácil. Lo sabes, o lo imaginas. Si en algún momento dejaste de creer en el buen periodismo, esperamos que en Canarias3puntocero puedas reconciliarte con él. El precio de la libertad, la independencia y el buen periodismo no es alto. Ayúdanos. Hazte socio de Canarias3puntocero. Gracias de antemano.

Cajasiete Hospiten Binter La Caixa Endesa ANÚNCIESE AQUÍ
BinterNT Cmagazine TenerifeExpress 2Informática

Copyright © 2015 - Canarias3puntocero.

subir