Africa 3.0

“Los canarios son más abiertos con los negros”

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Por Ruth Fernández Sanabria

Ibrahima Tine (Kouthie, Senegal, 1980) está tan integrado en Tenerife que cada vez que quiere resaltar algo añade un ‘yuos’ a la frase. Llegó desde Dakar hace casi una década y todavía se muestra encandilado por la organización social que ha visto en Canarias, donde dice que, a diferencia de en otros lugares, no ha sentido ningún tipo de rechazo racial en todos estos años. Ibrahima vive en el sur de la isla y trabaja como recepcionista en un hotel mientras estudia para la homologación de su título universitario. Él lo que realmente quiere es ser profesor de Francés y vivir en el Archipiélago hasta llegar a viejo. Sólo entonces se plantea volver a su país porque, según explica, no quiere envejecer aquí y acabar en una residencia.

¿Cómo describirías Senegal a alguien que no lo conoce?

Yo creo que lo que más puede interesar es el aspecto social. Para entender la sociedad senegalesa lo mejor es hacer una comparativa con la sociedad de aquí. Aquí las cosas están mucho más organizadas desde el punto de vista de la previsión. Para nosotros el lado religioso hace que siempre digamos “bueno, el futuro está en manos de Dios” y hacemos cosas para prevenir el futuro pero, en realidad, el futuro es impredecible y muchísimas veces pensamos que las cosas van a ser así y luego salen totalmente diferentes. Por ejemplo, aquí los jóvenes dicen: “Yo no me voy a casar si no tengo mi buen trabajo, si no tengo mi buen coche, si no tengo esto y lo otro”. Esto es una condición que tú te has puesto porque hay límites que la sociedad pone, es una norma social. En Senegal la gente a cierta edad se casa, tenga trabajo o no, y empieza a vivir la vida y a hacer hijos. Es una norma social también. Yo soy de un pueblo en el que casi todos a los veinte años ya están casados y yo decía: “Yo no quiero casarme, voy a terminar mis estudios”, y la presión social siempre está detrás de ti. La diferencia entre las dos sociedades está en la previsión. En Senegal no hay previsión y esto es así desde el punto más pequeño hasta a nivel estatal. No digo que el Gobierno de Senegal no tenga planificación del futuro, pero la cultura en general no tiene las cosas medidas para decidir. Aquí hay datos para todo y deciden en función de eso. Vete a Senegal y pregunta cuántas personas hay en el paro (se ríe), ¡nadie sabe!

¿Qué es lo que más te gusta de tu país?

La gente. Al no preocuparse por lo que va a pasar tienen una vida mucho más alegre, más agradable. Tienen muy poco, pero lo pasan super bien porque la vida familiar lo fomenta. Por muchos problemas que tengas estás con tu familia, te apoyan, estás compartiendo todo el tiempo. Yo creo que en la sociedad occidental eso no pasa. Bueno, en Canarias también existe ese aspecto familiar, pero en África más todavía. Cuanto más subes hacia Europa más se nota la soledad y la solidaridad es distinta. En África te encuentras que hay una o dos personas solamente que trabajan toda su vida para alimentar a toda la familia, no solamente hijos, también sobrinos, tías o tíos,… Otra cosa que me gusta es la importancia que le dan a los mayores. Nosotros siempre tenemos esta idea presente sobre lo mucho que se han sacrificado por la familia, para que tú seas lo que eres, y siempre estamos pensando en cómo recompensárselo antes que se vayan de este mundo. En mi país es impensable que tengas a tu padre con ochenta años en una residencia porque lo estás apartando de la familia, donde ha desarrollado toda su vida. Es muy bonito ver como dentro de la casa está toda la familia y los abuelos y los nietos hablan. Eso hace que la vejez, sus enfermedades y dificultades, sean más leves.

¿Qué te trajo a Canarias?

Yo nací y crecí en un pueblo que se llama Kouthie y tuve la suerte de ir a la escuela. Ahora casi todos los jóvenes van a la escuela, pero hace veinte años no era así. Yo tuve un contexto familiar que me incitó a estudiar, eso hizo que me diera cuenta de que estaba en el buen camino y seguí estudiando. Desde mi pueblo salí a hacer la educación secundaria a Mbour, allí estuve siete años y vivía con mi tío que tenía en su casa a más de siete familiares, que también estaban estudiando allí, conviviendo con sus hijos y él nos alimentaba a todos. Cuando terminé fui a la Universidad de Dakar a estudiar Filología Hispánica y también hice el Ciclo superior de Hostelería. Al terminar salió una beca de la Escuela de Hostelería de Dakar para venir a Tenerife a hacer un Máster de Dirección y Planificación del Turismo, la pedí pero no me la dieron así que me quedé en Senegal trabajando en distintos hoteles. Pero un año después volví a pedir la beca y sí me la dieron.

Así que llegaste a Tenerife en avión.

Muchas veces me preguntan si vine en patera y digo que sí porque para mí cada uno viene de la forma que puede. Sinceramente yo nunca vendría en patera porque creo que lo más valioso que tienes es tu vida y sacrificar tu vida para una vida mejor no lo veo lógico. Entiendo a la gente que lo hace, pero yo no lo haría. También porque quizás yo tengo otras posibilidades porque, por ejemplo, en todas las zonas costeras de Senegal hay muchísima población que vive de la pesca, pero el Gobierno ha llegado a acuerdos con la Unión Europea y muchísimos barcos europeos han arrasado con toda la pesca y la gente que se dedicaba a eso se ha quedado sin trabajo porque va a pescar y no encuentra nada. Ellos no saben hacer otra cosa más que pescar y viajar en la mar, así que la gente emigra y gasta muchísimo dinero para poder hacerlo. También es que cuando éramos pequeño veíamos muchísimo teatro y representaban al inmigrante como un senegalés que iba normalmente a Italia y volvía a nuestro país como alguien que tiene la vida resuelta. En ese momento viajar a Europa sí que valía la pena porque la mayoría de la gente que emigró antes de la crisis luego volvía y construía incluso casas porque, por poco que ganes como inmigrante, luego al cambio en Senegal es mucho. Ahora las cosas han cambiado, pero este mito ha quedado e ir a Europa se entiende como tener éxito directamente.

¿Cuánto hace que llegaste?

Llegué en septiembre de 2009, pero sólo conozco Tenerife y Las Palmas. En Tenerife he recorrido todos los rincones de la isla, pero nosotros no tenemos la cultura del viaje que hay aquí. Cuando mis compañeros tienen días libres enseguida están pensando en ir a esta isla o a esta otra, yo pienso más en mi familia y en mis proyectos que en viajar. Ojalá que algún día me pueda permitir pensar en viajar.

¿Qué te llamó la atención de Tenerife al llegar?

Lo primero que me llamó la atención fueron las montañas. Me acuerdo que al bajar del avión en el aeropuerto de Los Rodeos vi un montón de montañas y pensé: “Yuos, ¡qué guapo!”, y luego fui a la residencia de estudiantes y al salir vi una vista super guapa de Anaga, todo estaba verde. En Senegal hay zonas del país muy montañosas, pero yo nunca había estado en esas partes de mi país, así que casi que nunca había visto montañas, sólo en las películas. También me llamó la atención la organización de las ciudades, lo limpio que está todo. En Senegal las aceras son de tierra y aquí nada de eso.

¿Cómo ves la relación entre Canarias y África?

Cada vez veo a más gente interesada en África, el Gobierno de Canarias hace muchos discursos que hablan de África también y además hay muchas empresas canarias trabajando en África, y eso me parece muy bien. Yo he viajado poco, pero he ido a la península y veo que, en general, los canarios son más abiertos con los negros que en algunas zonas de la península, no quiero nombrar lugares, en donde sí sentí rechazo al llegar a restaurantes, por ejemplo. A mí aquí, en Tenerife, nunca me ha pasado eso, ni en el trabajo ni en la vida social.

¿Has vuelto a tu país en estos ocho años?

Sólo he podido ir una vez, a los dos años de estar aquí; pero no he podido ir más porque cuando terminé el Máster nació mi primera hija y, en poco más de un año, tuvimos la segunda. Mi exmujer y yo siempre pensamos que cuando fueran un poco más mayores, con cuatro o cinco años, las llevaríamos a que conocieran Senegal pero luego empecé a trabajar y no he podido volver.

¿Qué diferencias ves en Senegal desde que te fuiste?

Senegal está creciendo muchísimo, hay muchísimas obras nuevas, más escuelas, más universidades,… Pero lo más importante es la conciencia que está teniendo la juventud de querer cambiar las cosas.

¿Crees que hay cierto peligro de que el desarrollo se confunda con la occidentalización y que esto repercuta en una pérdida de la cultura y la identidad en los países africanos?

Yo creo que cuanto más avanzamos más dejamos de ser senegaleses y más vamos siendo ciudadanos del mundo, con todos los valores que dominan el mundo. En las redes sociales yo veo que la gente en Senegal opina sobre cosas que antes no se atrevía a comentar, hablar de la sexualidad por ejemplo, nunca ha estado prohibido legalmente pero por cuestiones morales no se hablaba de esto, y ahora sí. La gente, además, cada vez tiene más conciencia del poder que tiene como grupo y la posibilidad de presionar. La cultura tiene mucho que ver con la economía. Cuanto más desarrollado es un país más impone su cultura. Los países desarrollados están transmitiendo muchísimo de su forma de vivir a los países africanos y esto me parece por un lado positivo y por otro puede ser negativo también, pero yo veo más lo positivo. Por ejemplo, la poligamia. Cuanto más avanzamos más desaparece, porque hay muchas chicas que dicen: “Yo no quiero compartir un marido”. Y hay muchos chicos que dicen: “Yo no quiero tener dos mujeres”. Hemos vivido en familias donde se desarrolla eso y sabemos los problemas que hay.

¿Tienes pensado volver a vivir algún día a tu país?

Me gustaría vivir más años aquí, pero no de la manera en la que lo estoy haciendo ahora porque casi no tengo tiempo para ir a Senegal y me gustaría llegar a una situación de estabilidad que me permitiera vivir aquí e ir dos o tres veces al año a Senegal para mantener el contacto porque ahora mismo yo llego a mi país y estoy totalmente fuera de onda. Muchísimas veces hablo con amigos y uso palabras y me dicen: “Yuos, ¡qué anticuado, eso ya no se usa!”. O veo comentarios en las redes sociales y hay palabras que no sé qué significan. Además la comunicación telefónica es muy cara. Yo tenía un amigo que vivía en Brasil y lo llamaba, pero el importe se duplica cuando llamas a Senegal. Eso pasa también con los vuelos, es una distancia muy reducida de aquí a Senegal pero pagas el doble que lo que te cuesta ir a otros países. No te lo puedes permitir. Tengo miedo de volver a mi país y sentirme un poco perdido, pero por lo menos hasta los cincuenta años yo me quiero quedar aquí, y ya luego sí irme a Senegal porque yo no quiero ir a una residencia.

Para terminar, Ibrahima, me gustaría que nos recomendaras un libro de un autor senegalés, algún cantante o grupo de tu país y la receta de tu plato típico favorito.

El Iibro es ‘Nini’, que no significa “ni estudia ni trabaja” (se ríe),significa ni blanco ni negro. Es un libro de Abdoulaye Sadji  que describe una sociedad heredada de la colonización francesa. El cantante favorito es, como para muchos senegaleses, Youssou Ndour, el mejor cantante del mundo. Y la comida senegalesa que más me gusta es el “Chebu Jen”, que significa arroz con pescado, es el plato nacional de Senegal.

Los ingredientes de este plato son: arroz, pescado, aceite, ajo, perejil , sal, pimienta picante, zanahoria, berenjena, calabaza, yaca, cebolla, tomate y Ave creme. En senegal, se pone otros ingredientes que no son obligatorios para tener un buen “chebu Jen” pero lo da muchísimo más sabor. Para prepararlo primero, se limpia bien el pescado. Se prepara el relleno del pescado con perejil, pimienta, sal y otros ingredientes. Se mezcla todo, se muele y se rellena en el pescado. Este pescado se cocina dentro de una salsa con aceite, agua, sal, las verduras y hortalizas que hemos nombrado en los ingredientes. Mientras se cocina este conjunto, se pone por encima de la olla un recipiente herméticamente colocado que contiene el arroz lavado. Este arroz se cocina a vapor mientras el resto se cocina en la olla. Después de quince a veinte minutos de cocción, se saca el pescado, las verduras y las hortalizas con un poco de salsa. Luego se pone el arroz cocinado a vapor en la salsa donde se cocinó el pescado y otro. Se deja quince minutos reposando, se sirve el arroz y se pone todo el resto por encima.

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