Africa 3.0

“Sabes que en donde estás nunca vas a ser uno más”

A los quince años Ibrahim Kai Dumbuya salió de Sierra Leona para vivir en el municipio tinerfeño de La Victoria con su padre, a quien casi no conocía porque se marchó para pedir asilo político en España siendo él muy niño. Mientras estuvo en su país, Ibrahim se crio con la cultura Loko, a la que pertenece su madre, aunque su grupo étnico es Limba, por su padre. “Es como si tú te crías en Canarias y tu madre es canaria, pero tu padre es gallego, pues entonces tu eres gallega porque tu padre es gallego”, explica como si fuera tan fácil de entender y se ríe. Sabe que lo que acaba de decir suena a trabalenguas y así, con una sola frase, ya ha conseguido que sintamos por un momento la brecha cultural con la que conviven las personas en la diáspora.

Háblanos de Sierra Leona.

Yo conozco Freetown tampoco he viajado mucho por mí país, pero de la capital destacaría la playa y el monte, lo verde que es, aunque ahora lo están destrozando un poco. La ciudad está híper desorganizada, está tal como la dejaron los ingleses y es demasiado pequeña, así que el centro está súper poblado. La capital es como una península, hay una parte muy verde y otra parte que debería ser verde pero en la que se están construyendo casas gigantescas. Pero sobre todo, es un país bastante simpático y uno de los más tolerantes en sentido religioso. Curiosamente cuando llegué a aquí y le decía a la gente que era de Sierra Leona todos me decían: “Ah, de donde ‘Diamantes de sangre’”, pero si yo pienso en mi país lo primero que me viene a la cabeza es que es híper tropical y muy multicultural. Allí todos los grupos étnicos se llevan bien, no hay tantos conflictos étnicos como se podría prever, aunque los hay, pero es bastante tolerante. Yo diría que Sierra Leona es tolerante, simplemente.

¿Qué es lo que más te gusta de tu país?

La comida (se ríe), eso es lo básico, aunque también hay pequeñas cosas de la cultura que echo de menos. Yo siempre destaco las noches, los cuenta cuentos que hacemos. ¿Qué no hay tele? Pues nos ponemos a contar cuentos o poesías. También hacemos juegos, jóvenes y adultos, todos mezclados. Esa vida casi familiar de la comunidad la echo de menos.

Me gusta que me cuentes todo esto porque si me baso en la información que nos trasladan la mayoría de los medios de comunicación de Sierra Leona, lo único que sabría es que hay catástrofes naturales, una gran pobreza a pesar de los diamantes o enfermedades mortales. ¿Por qué crees que ocurre esto?

En los países europeos la información llega según el interés. Como en proporción hay muy poca gente de Sierra Leona que vive en España, no hay ningún interés entonces sólo sacan la noticia si ocurre algo muy grande, como una catástrofe. Pero también es cosa nuestra porque cuando llegamos aquí sólo hablamos de nuestro país con los nuestros. Cuando estás con los europeos estás con los europeos y cuando están con los africanos ya te pones en modo africano porque es difícil la comprensión cultural. Puedes hablar con un español de tu cultura, te va a escuchar y te va a prestar atención pero hay demasiadas cosas que no va a entender. Además, muchos vienen aquí y quieren integrarse tanto que casi es como si quisieran parecer blancos. “Vivo en Europa pues tengo que vivir como un europeo, y cuando vaya a África ya vivo como un africano”, ésa es la mentalidad muchas veces.

¿Podrías darme un ejemplo en concreto de algo que te cueste explicar aquí sobre tu cultura?

Cuando naces en Canarias, tu vecino habla tu mismo idioma, usan las mismas expresiones, escuchan las mismas canciones,… pero cuando naces en otro país donde tu mejor amigo y tú, aunque tienen un lenguaje en común, cada uno utiliza otro idioma como el principal y él va a la iglesia y tú vas a la mezquita o viceversa, creces con otro concepto, no hay la uniformidad que hay aquí.

¿Cuál es tu historia, cómo has acabado viviendo en Tenerife?

Mi padre llegó aquí durante la guerra de mi país. Él pidió asilo, como la mayoría de mis paisanos, y cuando ya llevaba aquí doce años yo me vine a vivir con él y prácticamente no lo conocía. Llegué a aquí en 2008 y mi padre vivía en La Victoria. Mi padre es de esos que quiere integrarse mucho y entonces se metió en un pueblo en el que éramos los únicos negros (se ríe). Estuve allí hasta 2012 y me relacionaba sólo con canarios, eso ayuda a integrarse pero llega un momento en el que casi te olvidas de lo tuyo y empiezas a pensar cómo está la sociedad en tu país, cómo va la vida política,… Vas teniendo cada vez más interés por tu país porque además sabes que en donde estás nunca vas a ser uno más, yo lo veo así. Uno tiende más a conocer su país cuando está fuera, al menos los que hemos llegado ya mayorcitos.

Pero tú eres bastante joven ahora y llegaste hace casi diez años.

Yo vine con quince años, pero en la realidad africana quince años son bastantes. No es lo mismo tener quince años aquí, que lo has tenido todo. Hay una diferencia mental bastante grande.

¿Qué te llamó la atención de Tenerife cuando llegaste?

Me impactó bastante la cercanía, que no es tan común en mi país. Nosotros tenemos una cultura media inglesa. También es verdad que uno llegaba y de tanto ver películas de Hollywood, te imaginabas ciudades como con la torre Eiffel y cosas así, y aquí las casas son normales.

Es curioso como los medios reproducen estereotipos de manera global. Desde aquí la gente se imagina África generalmente como un territorio de pobreza, pero pasa lo mismo a la inversa, los africanos se imaginan Europa como un lugar de ostentación.

Cuando yo llegué al instituto, yo caía bien, era el nuevo de la clase, el negro que mola. Pero eran curiosas las preguntas que me hacían: “Oye, ¿en tu país hay ordenadores?”, o “Oye, ¿has visto un avión por allí alguna vez?”. Son preguntas que me parecían tontas y por eso no las respondía.

¿Cómo fue tu proceso de adaptación?

Noté bastante diferencia en el colegio. Allí se pone mucho énfasis en el esfuerzo y en la competitividad. Y aquí no gusta nada la idea de competitividad, algo que nunca he entendido. En Sierra Leona, la mayoría de los padres no saben distinguir la a de la b y lo que miran de las notas es en qué puesto has quedado en relación a tus compañeros, y si quedabas por debajo del quinto lo único que decían era: Mi hijo aprobó. Por eso en el colegio hay mucha competitividad y mucho trabajo constante. Yo lo vivía como que, al no haber muchas oportunidades, aquellos que podíamos estudiar y encima teníamos la capacidad de hacerlo bien, teníamos que aprovecharlo. El temario en sí era una mierda espichada en un palo, por decirlo malamente; pero los valores sí que me gustan mucho, la idea de los uniformes, la identidad, la comunidad, eso te lo enseñaban mucho. Tienes que ir a la escuela con el uniforme bien planchado, bien limpio y con esto se consigue también que todos seamos iguales, los ricos también, por lo menos en el colegio que lo que resalta es la parte puramente académica y no las diferencias de clases. Aquí hay más temario, pero la gente sólo estudia para aprobar, sin interés. En Freetown estudiábamos para aprender. Pero de aquí me gusta más el temario, en mi país era más técnico, aquí puedo estudiar Filosofía.

¿Has vuelto a Sierra Leona alguna vez?

No.

¿Y tienes pensado hacerlo?

Sí, mi idea es ir dentro de dos años de visita. Mi madre no quiere que vuelva a vivir allí por ahora, ella dice: “Muchacho, tu estudia ahí, trabaja ahí y cuando ya estés bien ven”. Quedarme en Tenerife lo veo difícil porque estudio Ingeniería electrónica y eso no tiene salida aquí. Mi idea es terminar la carrera y trabajar en Europa. Yo quiero trabajar en lo mío, lo que no quiero es estar machacándome la cabeza para estudiar una ingeniería y terminar trabajando en algo que no tiene nada que ver. Mi padre vive en Londres ahora y me está presionando para irme a allí, lo cual me vendría bien porque allí hablan inglés, hay una comunidad mayor de sierraleoneses y se consigue trabajo más fácil.

¿Qué futuro te gustaría para tu país?

Me gustaría que fuera África sin más.

¿Eres panafricano, entonces?

Hombre, faltaría más. Soy panafricano, pero no de esos que creen que lo malo de África viene de Europa, de Estados Unidos y de la gente de fuera. Yo espero un África dentro de veinte años donde nos ocupemos de nuestras responsabilidades, donde no tengamos que estar pidiendo dinero a los países externos, donde en vez de estar pensando en qué productos vender a fuera se los vendamos a los vecinos de al lado, donde todos puedan estudiar, donde todos tengan salud y donde nunca se pierda la tradición porque si no terminaríamos como Europa, que se ha desarrollado mucho pero ha perdido sus tradiciones.

Para terminar, Ibrahim, me gustaría que nos recomendaras música de tu país.

Me gusta el cantante Emmerson. Hace música pop y sus canciones son muy críticas. Eso es algo muy bueno de mi país, que los músicos, haciendo música para bailar, se involucran en lo que ocurre.

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