América

Sin comida y sin efectivo…

Hace algún tiempo en Venezuela teníamos unos aparatos, ubicados en montones de esquinas del país, que te daban tu dinero en efectivo. Algunos de ellos te hablaban, te saludaban y te daban instrucciones. Se llamaban cajeros automáticos. Aún existen, pero ya no funcionan!.

En este país contar con dinero en efectivo es toda una odisea. Desde hace poco más de un año, el dinero líquido se fue extinguiendo. Los bancos dejaron de pagar cheques. Los cajeros automáticos dejaron de funcionar y se acentuó el ya insoportable calvario de los venezolanos.

Conocí a Mónica en la fila de un banco para pedir efectivo. Me contó que ya había recorrido todos los cajeros de la zona y ninguno tenía efectivo. Ella gasta diariamente 10 mil bolívares en el traslado desde su casa al trabajo y el regreso a su hogar.

Todos los días de su vida Mónica debe hacer fila en dos cajeros o dos bancos para retirar ese dinero en efectivo. La pregunta lógica es: Por qué Mónica no puede sacar en efectivo 200 mil bolívares de su cuenta, en una sola operación bancaria, y luego poder trabajar tranquila el resto del mes?

Sucede que ante la falta de liquidez el Banco Central de Venezuela (BCV) no envía la misma cantidad de remesas en efectivo al sistema bancario nacional, lo cual obliga a la banca a restringir la entrega de efectivo a sus clientes. Diariamente los bancos sólo emiten 5 mil bolívares en efectivo por cliente (En taquillas o cajeros automáticos). En algunas agencias, dependiendo de las cuentas, otorgan hasta 20 mil bolívares en billetes diariamente.

Esto significa que si Mónica requiere 10 mil bolívares, debe distribuir su dinero en dos bancos a través de transferencias electrónicas vía internet. Y debe ir cada día a esos dos bancos a retirar 5 mil bolívares en uno y 5 mil bolívares en otro, a fin de completar su gasto de pasaje diario.

Aunque esto parezca sacado de una película de lo absurdo, esa es la realidad de Venezuela en este momento. La limitante de efectivo, de emisión de cheques y de transacciones, se ha convertido en una piedra de tropiezo en una sociedad sin servicios automatizados, con poca cultura de transacciones en línea y con la angustia permanente de las largas filas para conseguir comida.

La mayoría de los venezolanos somos muy buena gente, pero hay algunos que el trópico les ha afectado las neuronas más de lo normal, y ese tipo de seres, se aprovechan de cualquier circunstancia para obtener un beneficio. En algunos negocios y abastos, ahora especulan con los productos de primera necesidad y los venden casi a mitad de precio si se pagan en efectivo.

Por ejemplo, en Catia, un barrio popular caraqueño, hay vendedores ambulantes que venden huevos en 300 mil bolívares, lo cual es una ganga, (porque los huevos sobrepasan ya los 500 mil bolívares), pero el cliente debe pagarlo en efectivo para aprovechar la oferta, si lo paga con tarjeta de débito entonces el monto alcanza los 550 mil bolívares.

Asimismo hay otros que aunque tienen punto de venta electrónico en su comercio, argumentan que “está dañado”, para obligar a los clientes a pagar con billetes.

Mientras tanto hay sectores que se han organizado para emitir billetes comunales, de circulación local. Tal es el caso del “23 de enero” un barrio popular ubicado al oeste de la capital, donde emitieron “El Panal” un billete que circula entre vecinos y negocios.

Asimismo en el estado Apure, al sur del país, emitieron “El Elorza”, un billete local, que surge con el apoyo de una alcaldía oficialista, para paliar la crisis del efectivo en la región.

En la frontera con Colombia, específicamente en Cúcuta, se observan grandes paquetes de billetes venezolanos. Son muy solicitados y muy bien pagados. Hay una mafia que compra los billetes venezolanos para luego falsificar dólares. No es un secreto para nadie. Sin embargo el Estado de Venezuela parece que le ha costado mucho identificar a esas mafias.

La carencia de efectivo realmente es una tragedia para muchas personas que a veces no pueden llegar a sus trabajos porque no tienen efectivo ni para pagar un pasaje en el transporte público. No obstante el Estado no da respuestas efectivas. La liquidez se sigue escapando por la frontera con Colombia y el pueblo sigue haciendo filas….ojalá que en Semana Santa, Dios se acuerde que Venezuela existe!

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