Africa 3.0

Ruta Jardín

A un lado el océano, que parece una cerveza de grifo mal tirada, y al otro las montañas. Entre medias se ha abierto hueco una carretera que comunica, de este a oeste, Puerto Elisabeth con Ciudad del Cabo, en el litoral sur de Sudáfrica. 769 kilómetros por los que se extiende la Ruta Jardín, en la que se suceden playas de dunas y arena fina, estuarios, lagunas y pueblos de inspiración holandesa. Un bosque denso, más que una selva, cubre de vegetación el relieve. Acacias, pinos y eucaliptos (estos dos últimos abastecen la industria maderera nacional) lucen estirados en un desfile estático, y custodian ese asfalto que atraviesa un paisaje de color azul, verde, dorado y pardo. Además de los coches, los únicos que se mueven sobre el firme son las mujeres y los hombres negros que caminan por el arcén. Sudáfrica es un país que vive de la esperanza que les insufló Nelson Mandela.

Barrio musulmán de Ciudad del Cabo

A cada rato, por esa carretera que está en buen estado, aparece una granja. Son propiedad de holandeses que las han ido heredando desde mediados del siglo XVII. Los tulipanes, siguiendo los pasos del explorador portugués Bartolomé Díaz, arribaron las costas sudafricanas con la intención de controlar el comercio de las especias de las Indias Orientales. La empresa no fue bien y probaron suerte tierra adentro, cultivando grano. Aquellos agricultores se denominan bóer. Labraron, sí, y también hicieron desplazarse a las comunidades locales con las que se toparon.

Puerto Elisabeth es una ciudad costera que se quiere animar. Para hacer compañía a la playa han puesto en marcha negocios de actividades acuáticas, restaurantes y hoteles.

Casa típica de Swellendam

Desde su puerto zarpan embarcaciones de recreo con turistas abordo con la ilusión de avistar ballenas, delfines y pingüinos. Éstos últimos toman el sol quietos y de pie en las rocas de varios islotes que flotan en aguas del Índico. Océano que también baña el Parque Nacional Tsitsikamma, al que se puede acceder por la desembocadura del río Storms y cruzar unos puentes suspendidos sobre un agua rica en fauna marina; nutrias, focas y más delfines y ballenas.

Puente colgante en el Parque Nacional Tsitsikamma

De nuevo en marcha, rumbo a George (a cuatro horas de Puerto Elisabeth) monos macaco cruzan la carretera y regalan ese punto de exotismo que se espera de todo viaje. El que quiera más emociones puede saltar al vacío atado con una cuerda a sus pies o volar en una tirolina en este paraje de valles y gargantas en el que retumban los gritos de las personas que se lanzan.

Alrededores del Cabo de Buena Esperanza

En George y sus alrededores, en la bahía de Mossel, jubilados y adinerados ingleses, holandeses y alemanes, juegan al golf sin parar. La ilusión de la falacia atempera el vigente tiempo de la metrópoli y la colonia. El swing y el putt (terminología del golf) sigue sin ser cosa de negros en Sudáfrica, aunque campos con 18 y 36 hoyos no faltan por la zona. La misma que primero pisaron los portugueses durante las exploraciones llevadas a cabo por el ya mencionado Bartolomé Díaz y Vasco de Gama a finales del siglo XV. Los lusitanos se limitaron a fondear la costa, los bóer (los agricultores holandeses, ¿recuerdan?) marcharon hacia el interior, levantaron granjas y pueblos, como Swellendam. Una encantadora localidad que te hace sentir como en casa si eres oriundo de Holanda. Nada que ver con Hermanus, en la bahía de Walker, que es bonita, pero sin el polvo acumulado de la historia. Avistar ballenas francas australes desde la costa es su gran reclamo.

Cabo de Buena Esperanza

Si hay algo que sobresale en la Ruta Jardín, es el Cabo de Buena Esperanza. Tanto se adentra en el océano Atlántico que antes de bordearlo los portugueses hacían escala en Ciudad del Cabo para abastecerse y mentalizarse. El Cabo de las Tormentas lo llamaban en el siglo XV. Por aquel entonces las palabras representaban golfos y estrechos y las cartas náuticas eran unas al atracar y otras al zarpar. Los navegantes conocían su desconocimiento y emprendían una singladura hacia la ignota otra mitad del mundo. La que empieza pasada la esquina en las que se arremolinan las aguas del Atlántico y el Índico.

Hoy, en Ciudad del Cabo, hacen escala muchos turistas, no solo los portugueses y holandeses. Es la parada final del recorrido por este jardín natural que se exhibe al sur del país. Una montaña con dos picos, Signal y Devils, divide la ciudad en dos. No es raro ver esas cumbres cubiertas por una niebla que parece que tenga hambre. Después viene la lluvia y unas olas que buscan independizarse del mar amenazan a la vecina isla de Robben, donde estuvo preso durante 18 años Nelson Mandela. Al final, a lo largo del día, termina por salir el sol. En Ciudad del Cabo la democracia echó a caminar a finales de abril de 1994, en aquellas elecciones generales que ganó un exconvicto. Su victoria tuvo el efecto de una flor dentro de una habitación vacía.

Mandela. El mito.

Guía práctica Puerto Elisabeth

Información: Nelson Mandela Bay Tourism www.nmbt.co.za

Dónde dormir: Hotel Beach http://www.thebeachhotel.co.za 

Guía práctica George

Dónde dormir: Hotel Fancourt www.fancourt.com Un lujoso hotel que cuenta entre sus instalaciones con un campo de golf, spa, centro de recreo para niños, piscinas y restaurantes.

Guía práctica Swellendam

            Dónde comer: PowellhouseRestaurant.co.za

Guía práctica Ciudad del Cabo

Dónde dormir: Hotel Westin www.westincapetown.com Hotel tipo de negocios. Otra opción más moderna es el Hotel Silo www.theroyalportfolio.com que también alberga el Museo de Arte Contemporáneo de África.

Dónde comer: Gold Restaurant www.goldrestaurant.co.za Sitio típico para turistas. La comida se ameniza con espectáculos varios del folclore nacional.

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