América

El viacrucis de la mujer venezolana

Por Miranda Martínez

En estos días que pasaron de Semana Santa yo no sabía si pedirle a Dios por paz, por salud, por el agua, por la electricidad, por la comida, por el internet, por el metro de Caracas o por todas las anteriores.

Hay una sensación amarga parecida al hecho de acostarte a dormir y despertar en una casa distinta, que sabes que es tu casa, pero que no la reconoces, que no tiene la misma luz, ni los mismos sonidos, que se extravió de un día para otro y comienzas a extrañarla.

Los venezolanos padecemos el mismo viacrucis que vivió Jesucristo cuando fue condenado a la crucifixión. Y lo padecemos en Semana Santa, pero también en Carnaval, en Navidad y cualquier fecha.

Me conmueve especialmente ver a nuestras madres y mujeres padecer el viacrucis de la llamada “guerra económica” (como a Maduro le gusta llamarla).

Es la mujer quien está al frente de la mayoría de los hogares de este país. Es la mujer quien trabaja y produce el ingreso, es quien hace mercado y prepara la comida. Es quien atiende las tareas de los niños, quien debe cuidarlos cuando se enferman.

En la primera estación del viacrucis es la mujer la que debe enfrentar la carencia de servicios básicos, como la electricidad, la falta de transporte o de agua para preparar la comida.

En la segunda estación del viacrucis es la mujer que maquilla su sonrisa y sale a dejar a los niños en la escuela y a trabajar para ganarse el sustento diario.

En la tercera estación es la mujer quien hace largas filas en un banco o cajero automático para poder obtener algo de efectivo que le permita pagar el pasaje.

En la cuarta estación del viacrucis vemos a mujeres que tienen su coche, pero se les accidentó, y cualquier repuesto cuesta una fortuna, casi impagable. Algunas cuentan con el apoyo de algún compañero o pareja que las apoya económicamente en la reparación, pero las que no tienen ese respaldo, deberán estacionar su vehículo por tiempo indefinido.

En la quinta estación vemos al gremio de mujeres activados y en apoyo oportuno. Se crean grupos de whatsapp o telegram, para compartir recetas de arepas sin harina de maíz, tortas sin harina ni azúcar, ni huevos. Tips para confeccionar pañales ecológicos. Alertas sobre venta de medicamentos y alimentos que escasean. Incluso grupos, virtuales o reales, para superar el duelo de la migración de hijos y familiares.

En la sexta estación del viacrucis vemos a las mujeres como víctimas preferidas de los motorizados y demás ladrones que las abordan en su coche o caminando en una calle (en cualquier calle y a cualquier hora) para robarles los celulares y carteras.

En la séptima estación la mujer venezolana padece cuando tiene un hijo o un familiar enfermo. No se trata sólo de encontrar un buen centro de salud (público o privado) donde puedan atenderlo, sino también conseguir los medicamentos, porque por aquí escasean hasta las gasas.

En la octava estación la mujer encuentra una serie de normativas legales, aprobadas en los últimos 15 años, pero que en la práctica son letra muerta. Por ejemplo, el Código Penal vigente establece una pena de prisión hasta 3 años para aquellas mujeres que cometan adulterio, sin embargo esto  no se aplica por igual a los hombres en la misma situación. Entonces, aunque hay avances jurídicos y de visibilización de la mujer, algunos parecen pañitos de agua tibia que no contribuyen realmente a resolver el viacrucis.

En la novena estación la madre venezolana cuando va a parir está sujeta a la violencia obstétrica y al maltrato que significa no ser recibida en ninguna maternidad pública porque “no hay anestesiólogo”, “no hay emergencia neonatal” o simplemente “no hay agua”.

En la décima estación la mujer venezolana sigue siendo maltratada, por sus hombres y por el sistema. La revolución que se declaró feminista, no ha sido contundente en las políticas públicas hacia la mujer. No se niegan los avances significativos, pero la mujer venezolana sigue muriendo a manos del hampa, a manos de maternidades que no las reciben al momento de parir, a manos de parejas y familiares. Cifras no oficiales hablan de 64 mujeres asesinadas en los últimos 10 meses.

La crisis económica en Venezuela se incrementa a diario, pareciera que el colapso se acerca; mientras tanto, cada mañana la mujer venezolana toma su cruz, y por muy pesada que sea, sigue avanzando, porque no conoce forma de rendirse.

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