Africa 3.0

África: Democratización lenta

Este año ya se han celebrado o se celebrarán elecciones presidenciales o parlamentarias en veinte de los cincuenta y cuatro países de Africa. El dato es alentador, aunque no tanto como sería deseable; aunque la democracia avanza en el continente, el ritmo todavía sigue siendo lento. Ya son pocos los que se rigen por un partido único aunque todavía son bastantes los gobiernos que reducen las urnas a un trámite y,  en la práctica, limitan las libertades y monopolizan el poder.

En un primer vistazo al mapa político sólo Mauricio, Bostwana, Sudáfrica,  Chana, Túnez, Cabo Verde  y Seycheles mantienen sistemas democráticos homologables con los occidentales. Como contrapartida, otros como Somalia, Sudán del Sur, República Centroafricana, Libia y Chad continúan sumidos en el caos o sometidos a regímenes  donde la libertad, el pluripartidismo, el respeto a los derechos humanos o los principios del Estado de Derecho  siguen brillando por su ausencia.

En la inmensa mayor parte del resto, la evolución es positiva. Se celebran elecciones abiertas periódicamente y los sistemas semipresidencialistas que rigen funcionan con diferentes niveles de respeto institucional. En algunos casos, como Sudán del Sur o la República Centroafricana, los enfrentamientos tribales complican la estabilidad. En otros, como Nigeria o Mali, es la amenaza yihadista la que altera la paz y la convivencia.

Aunque la tradición impuesta por los líderes de la independencia – Kaunda, Homo Kenyatta, Sékou Touré, Boigny, Nkruma, etcétera – por perpetuarse en el poder se va perdiendo, aún quedan algunos ejemplos. Los más elocuentes son los de Omar El-Bachir con 29 años de presidente de Sudán, Yowen Musseveni, 32 en Uganda, Paul Biya 36 de Camerún o “nuestro” Teodoro Obiang, el decano, después de 38 años como presidente de Guinea Ecuatorial. Dos que podían hacerle sombra a este record, Robert Mugabe en Zimbabue y José Eduardo dos Santos en Angola, fueron reemplazados recientemente.

Todos son figuras carismáticas, aunque la gerontocracia que representan cada vez encuentra mayor resistencia. Pero tampoco los relevos insuflan juventud a la política africana. Mientras se trata del continente con un porcentaje más elevado de jóvenes de menos de veinte años, la media de su clase dirigente sigue estando por encima de los sesenta. El desarrollo y la modernización que empieza a atisbarse en algunos países necesitan el empuje renovador que la juventud aporta.

La cultura democrática que parte del respeto  a las diferencias es algo que otros muchos pueblos tampoco disfrutan plenamente en el resto del mundo no sólo ocurre en Africa. En los Estados Unidos, los afroamericanos  lo mismo que los hispanos siguen sin conseguir la igualdad plena ni la tolerancia a sus diferencias. Y es algo que en el mosaico humano de Africa este principio  democrático tampoco ha cundido todavía. En muchos casos los partidos políticos responden más a divisiones tribales o a nacionalismos territoriales que a la pluralidad política que generan las ideas.

Esta es una de las razones de los enfrentamientos a menudo violentos que, unidos a la pobreza y   al dilatado proceso de salida del subdesarrollo, explican los bajos niveles de felicidad que disfrutan sus sociedades. En un editorial de la prestigiosa  revista Mundo Negro  de los misioneros combonianos tan presentes en Africa, entre los países donde los baremos que miden la felicidad son menores están Burundi,  Malaui, Liberia, Angola, Lesoto, etcétera. Esta realidad explica también el deseo de muchos africanos de emigrar.

Emigrar a otros lugares donde las perspectivas de vida son mejores es comprensible que sea un sueño de muchos. En múltiples casos se convierte también  en una posibilidad de ayuda para los familiares. Y hay que admirar la valentía que demuestran los que lo intentan, superando mil problemas, arriesgando sus vidas y en muchos casos perdiéndola. Pero la emigración, que aleja de sus países a muchos jóvenes valiosos y preparados, se convierte en una sangría de personas que ante el futuro de Africa cada vez son más necesarias.

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