3.0 Opinion

Agravio comparativo

Aquel que desee convertirse en maestro del hombre, debe empezar por enseñarse así mismo antes de enseñar a los demás; y debe enseñar primero con el ejemplo antes de que lo haga verbalmente. Pues aquel que se enseña a sí mismo y rectifica sus propios procedimientos, merece más respeto y estimación que el que enseña y corrige a otros, eximiéndose a él mismo.

Gibran Khalil

Uno de los papeles más importantes de alguien que pueda ser referencia para los demás, es su ejemplaridad. Esto es aplicable a cualquier persona que se encuentre en una situación de visibilidad social, y que además lleva aparejada una cierta responsabilidad.

Cuando además de estos dos aspectos, unimos la representación de los ciudadanos, estos valores se vuelven especialmente relevantes. Esperamos que aquellas personas en las cuales depositamos nuestra confianza sean personas honestas, honradas y sinceras.

Si esto no ocurre, o si observamos que utilizan el poder que hemos depositado en sus manos para su propio beneficio, nos decepcionamos. Lo hacemos con quien lo hace pero, por extensión, lo hacemos también con muchas otras personas que si son ejemplares.

Por esto el daño que pueda hacer una persona que detenta un cargo público, va más allá de su propia responsabilidad. Se extiende a quien es la apoyan, justifican, o intentan minimizar su trampa. Haciéndolo nos llevan a cuestionar, incluso, los cimientos de un sistema.

Creo que es necesario, en este momento, recordar el importante papel de modelo que tienen las personas con responsabilidad política. Me atrevo a decir que ese papel está al nivel de cualquiera de sus otras capacidades. Nos está representando y, al mismo tiempo, nos están reflejando.

El agravio comparativo que supone para quienes intentamos seguir las reglas, entendiendo que están hechas para el beneficio de todos, se ve socavado profundamente cuando vemos que quien esperamos que las siga, se las salta. Las implicaciones que, a nivel personal, tiene estas actuaciones tramposas en nosotros van desde la inseguridad, la desconfianza y la desesperanza.

Y, cuando esto ocurre, nos empobrecemos como como individuos y como país. ¿A alguien le extraña que sean los países menos corruptos los que den mayor índice de felicidad en las encuestas?

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