Africa 3.0

Los claveles de África

El 25 de Abril es una fecha inolvidable para los portugueses que ese día de 1974 recobraron la libertad que durante tantos años les venía siendo negada, pero también lo es para Africa que después de más de una década de guerras y humillaciones, una buena parte de sus habitantes veían por fin la consecución de su independencia y la recuperación de identidad nacional.

        Llegar a hasta esos momentos en que la política de la metrópoli daba un vuelco de ciento ochenta grados no fue nada fácil para las cinco colonias europeas que aún existían en el continente africano. (También lo eran Timor y Macao y ambas acabaron encarrillando igualmente su futuro como consecuencia de aquella revolución que, hay que apresurarse a decirlo, se gestó en Africa).

        Los claveles, que se convirtieron en el símbolo y el color del final del salazarismo,  habían crecido en los balcones de Lisboa pero los militares jóvenes que con valentía y arrojo los sacaron a la calle para celebrar la revolución,  habían forjado de conciencia de luchadores contra la opresión, colonial y política, escuchando a los líderes que en Guinea Bissau, Angola, Mozambique, Cabo Verde y Santo Tomé y Príncipe les plantaban resistencia reivindicando lo que era suyo.

        Los combatientes africanos contra el colonialismo portugués, el último que aún resistía en Africa, no solamente consiguieron mantener en jaque militarmente a las Fuerzas Armadas lusas sino también consiguieron  convencer con sus argumentos y derechos a varios de sus oficiales de que sus pueblos tenían la razón, que contaban con mayoría de edad para seguir su destino y gobernarse sin tutelas ni interferencias ajenas.

        Pocos meses después de aquella jornada que pondría fin a la penúltima de las dictaduras europeas, el mapa político africano se completó con el reconocimiento a la soberanía de cinco nuevos Estados, tres continentales – Angola, Guinea Bisau y Mozambique – y dos insulares – Cabo Verde y Santo Tomé y Príncipe. A partir de ahí, cada pasó por sus vicisitudes para afianzar su nuevo estatus pero todos lo lograron con éxito salir adelante.

        Hoy los cinco cumplen su función que no es otra que velar por el bienestar de los ciudadanos, administrar sus riquezas y participar en la vida internacional, a menudo incluso contribuyendo al mantenimiento de la paz en otros lugares del Planeta. La prosperidad no sonríe a todos por igual pero tampoco sus territorios ofrecen la explotación de los mismos recursos.

        Angola es sin duda el que mayor desarrollo ha experimentada. El petróleo que emana del enclave de Cabinda o los diamantes que se extraen de su subsuelo la convierten en uno de los países que más riquezas potenciales acumula. Otros, como Cabo Verde y Santo Tomé y Príncipe, con su clima privilegiado, sus playas y su hospitalidad  tienen un gran atractivo turístico que atrae a grandes inversores extranjeros y cada temporada a más visitantes.

        También Mozambique es de los países africanos que mantiene un desarrollo más equilibrado y constante gracias tanto a sus propias riquezas como a la buena preparación técnica y económica de sus cuadros y a la estabilidad institucional que el país disfruta. Guinea Bissau, precisamente el primero que inició la lucha armada por la independencia y el primero en conseguirla, todavía es el que le está tropezando con más dificultades para despegar.

        Una de las razones que explican la buena imagen que ofrecen en su conjunto los cinco países africanos de lengua portuguesa es justamente la buena relación de amistad y colaboración – y no ya de dependencia – que mantienen con Portugal. Tras unos años, pocos, en que las relaciones fueron tensas y propiciaron un elevado éxodo de colonos portugueses que originó un retroceso económico pasajero, ambas partes demostraron una sensatez al dejar en su sitio al pasado  y emprender una relación fraternal de futuro que está dando muy buenos frutos.

        Portugal ha sabido renunciar a cualquier actitud de prepotencia en sus relaciones con las antiguas colonias y, en cambio,  si ha contribuido eficazmente a mantener abiertas sus puertas a los africanos que quieran acudir a sus universidades y otros centros de formación y aprovechar la experiencia en diferentes ámbitos que acumulan sus muchos siglos de independencia.

        Después de tanto tiempo en guerra, el recuerdo de las víctimas se mantiene pero los odios se han venido disipando. La Revolución de los Claveles, que acaba de cumplir su cuarenta y tres aniversario en paz, suma al éxito del derribo de la dictadura el no menos importante de haber acelerado el proceso para que más de cincuenta millones de africanos se reencuentren consigo mismos y afronten su porvenir.

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