3.0 Opinion

La celebración sesgada del 14 de abril

El nacional populismo y  una parte de la izquierda española cuentan una historia que no ha existido jamás, y que ha derivado en el nacionalismo independentista, traicionando su clásico internacionalismo, y abanderando la lucha contra el que denominan peyorativamente “régimen del 78” como continuador del franquista. Así han celebrado la conmemoración de la proclamación de la II República reclamando el derecho a decidir en Cataluña, la España plurinacional, y el derecho a la autodeterminación, que la Constitución de la II República, que se constituyó como un Estado integral, compatible con la autonomía de los municipios y las Regiones (art.1º), al igual que todas las constituciones democráticas del mundo, no reconoció nunca,  sino sólo las autonomías  regionales  para las que se  aprobaron los estatutos del País Vasco en 1936, y en el de Cataluña en 1932, sin concesión alguna al nacionalismo soberanista.

La vigente Constitución de 1978, fruto de un amplio consenso sin precedentes,  es mucho más avanzada que la republicana de 1932, y ha propiciado la etapa de progreso social y económico, y de estabilidad política más larga de la historia de España. Alfonso Guerra, artífice del consenso constitucional, ha escrito que la Constitución de 1978 es el armisticio final de una guerra civil, de una larga dictadura y de dos siglos de enfrentamiento. Que no se engañen, los que hemos dedicado toda una vida a reivindicar con éxito la figura histórica del ilustre estadista y científico  Juan Negrin, presidente del Gobierno de la II República, que fue el único gobernante republicano que no claudicó ante el nazi-fascismo, y hemos acreditado una indeclinable lealtad  al legado político, cultural e histórico de la II República, somos leales a la Constitución  de 1978 y a la monarquía parlamentaria  que instituye como forma política del Estado español, a cuya reforma no nos oponemos siempre que cuente con el consenso que tuvo para su elaboración y proclamación, y se haga a través  del procedimiento de reforma constitucional que establece.

Juan Negrín y Manuel Azaña, dos grandes políticos republicanos españoles

Como ha sostenido Alfonso Guerra en la reunión del Grupo Parlamentario Socialista del 10 de junio de 2014:  El debate de monarquía/republica ya se produjo en esta Cámara, gracias a los socialistas. Presentamos un voto a favor de la república. Se votó, se perdió y acatamos la decisión. Es conocida nuestra preferencia republicana y no hay que ocultarla, pero también sabemos que el socialismo, en el poder y en la oposición, no es incompatible con la monarquía, cuando esta institución cumple con el más escrupuloso respeto a la soberanía popular y a la democracia. Cuando los fundadores del partido, con Pablo Iglesias a la cabeza, elaboraron el Programa Máximo del Partido, el ideal, no inscribieron en él la forma de gobierno republicana, lo que da idea del carácter secundario que tenía para los socialistas. El PSOE fue republicano cuando no hubo otra forma de asegurar la soberanía popular, el imperio de la ley.

No están legitimados ni política ni moralmente para celebrar el aniversario de la II República, ni propiciar la tercera, los nacionalistas independentistas catalanes,  que apoyan al PDCAT (heredero de la corrupta Convergencia), y apoyaron el golpe de estado franquista, como ha escrito Vicenç Navarro (Público, 24 de junio de 2010): Las clases dominantes de las diferentes naciones de España se aliaron para derrotar a la República, siendo los nacionalistas conservadores y liberales catalanes de los años treinta los mayores promotores en Catalunya del golpe militar que persiguió con mayor brutalidad la identidad catalana. Como frecuentemente ocurre con los nacionalismos conservadores y liberales catalanes, antepusieron sus intereses de clase a los de la nación.

Como tampoco los nacionalistas vascos que rindieron sus tropas al ejército italiano en Santoña sin disparar un tiro y mantuvieron negociaciones con Franco a través del Vaticano que desembocaron en la rendición y entrega de  Bilbao en junio de1937. Y, lo que es más grave,  traicionaron a la Segunda República en la guerra civil, como denunciaron Negrín, en noviembre de 1938, con ocasión del Consejo de Ministros celebrado en Pedralbes; y Azaña, en los artículos escritos   en Collonges-sous-Saléve ( Francia) en 1939 : “Cataluña en la guerra,  y la insurrección libertaria y el «eje» Barcelona-Bilbao”.  Todos decían amar a la República y todos se concitaron para destruirla, lamentó Indalecio Prieto.  Los que traicionaron el legado de la Segunda República, ya se están concitando para destruir a la tercera.

Eligio Hernández es vicepresidente de la Fundación Juan Negrín

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