Africa 3.0

La balsa de la medusa

El fin de Libia a manos de Francia – que alguna “guerra” tenía que ganar algún día – y una coalición de “aliados”, trajo la peor consecuencia posible: la creación de un santuario para las mafias en el patio mediterráneo de Europa. Un espacio en blanco carente de ley que derrocado Gadafi sería ocupado por una trapería de facciones armadas relacionadas con el tráfico de armas, cocaína y personas. Las mismas que se solapan con el integrismo y su financiación. Llevo tiempo escribiendo sobre esto y lo cierto es que [ya] me resulta agotador. Me siento como si barriera el desierto. ¿Cómo podemos ser tan irresponsables?

Las aguas que separan Libia del sur de Italia y Malta se han convertido en el pasaje de la muerte para miles de personas. Si drenáramos el Mediterráneo, el lecho mostraría un osario de sueños ahogados. Como contribuyente prefiero gastar mis impuestos en salvar algunos de estos desgraciados que en exhumar a Franco que muerto está y no lo creo resucitar aunque sería divertido ver como muchos correrían… Al tema.

Europa, más allá del maquillaje político, de sobornar dirigentes africanos y de ser incapaz de solucionar nada, no tiene ni política ni una solución decente para Africa y la que se le viene encima en materia de inmigración. FRONTEX es un parche en un Titanic. España, Italia y países sin sentido como Malta, son los encargados de solucionar lo que el rico y obeso norte no considera su problema. Ética nórdica para la vida civil pero los negros os los quedáis vosotros. Sí, vivimos a lomos de una sociedad infantil preñada de prisas e hilvanada con un sentimentalismo tan ridículo como volátil que se alimenta de likes sin pararse a reflexionar lo que lee. Nos emocionamos con un niño ahogado hinchado en la playa, ponemos un emoticono llorando y pasamos a la siguiente desgracia.

No se deja a nadie en la mar. Nunca. El drama de la inmigración irregular y los desesperados que se echan a la mar con cualquier artefacto flotante no debe confundirse con las obligaciones que cada estado tiene en materia de salvaguarda de la vida humana en la mar. Otra cosa bien distinta es hacerse cargo de situaciones fuera de la zona SAR (Salvamento marítimo) que le corresponde a España. El rescate del Aquarius fue un mero brindis al sol de un gobierno de fortuna como es el de Pedro Sánchez. Buscar un titular. A diario, Salvamento marítimo y la Guardia Civil rescatan a cientos de personas entre Marruecos y el sur de la península. Operaciones anónimas que ya quedan en la parrilla de cola del telediario.

Los que cruzan medio Sahel en la trasera de una camioneta zarandeados por las mafias se amontonan en la encrucijada de Agadez. Allí, en el corazón de Níger, esperan para atravesar el pasillo libio donde la única ley es el kalashnikov y los flejes de dólares – el euro es papel mojado – , con el anhelo de ver la mar en la costa libia. Allí, de nuevo, semanas o meses de incertidumbre y abusos de todo tipo antes de embarcar en lo que sea y que la fortuna haga que los divise la Guardia Costeiera italiana o algún buque humanitario antes de que la mar los trague. Horizontes ahogados. Se trata de una versión contemporánea de la Balsa de la Medusa. Lienzo de Géricault en la que unos desesperados se hacinan sobre unos tablones a merced de las inclemencias. ¿Pero realmente esto le importa a alguien? Empiezo a dudarlo. La inmediatez de la noticia ha trasformado la sociedad en yonkies devoradores de lo inmediato y repito, basta con poner una lágrima o una bandera de Francia tras el atentado y vámonos a comer al japonés que somos todos muy alterativos y solidarios. Una sociedad líquida y pseudo-sentimental que a duras penas sabe algo de Africa y no digamos ya de la gnosis del problema, de cómo la gente llega al cayuco, patera o colchón inflable. En eso, nuestra clase política y nosotros, los corderos, somos iguales.

La ecuación es compleja. Bruselas, un estercolero moral, necesita de Marruecos como aliado preferencial; lo cual deja a España de rodillas en todo respecto a Rabat. Europa requiere que el Magreb esté estable pero es y será incapaz de taponar la brecha libia. Puerto a tierra santa para los africanos que nada tienen que perder y ansían El Dorado europeo; ilusos. Me dice un amigo que vive en Marruecos y le entiendo con el alma apretada, que desde la orilla infiel todo se ve distinto. Que se enoja mucho y una rabia dolorosa lo vertebra cuando la gente le cuenta como perdió un hijo o como el sufrimiento de que un familiar se embarque a la dudosa empresa de cruzar la mar. Una vez te enfrentas a este pensamiento y le pones rostro, ya tu cariz social o político se diluye y te quedas desnudo en un igual a igual. Ni me avergüenza decirlo ni mucho menos así haberlo sentido.

[Yo] no sé cómo acabará esto, pero sí que sé que es simplemente un inicio; también sé que no se soluciona invirtiendo diez millones de nada en Mali o Centroáfrica. Dinero que va al bolsillo de gerifaltes corruptos y empuja al que mal vive a intentar comer. Lo cierto es que Europa no ha aprendido nada de Africa; ni sus políticos, ni sus comisarios y sus soluciones brillan por su ausencia. No hay muro físico para el desesperado y el nuestro ya ni moral es.

cuadernosdeafrica@gmail.com

CENTRO ESTUDIOS AFRICANOS ULL

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