América

¡Te quiero Caracas! – Postales desde Caracas

Santiago de León de Caracas cumple 451 años de fundada. Demasiados siglos han pasado por sus techos rojos y su warairarepano como para no detenerse un rato a admirar, que a pesar de todo, sigue viva.

Yo nací y crecí en una Caracas ingenua, donde apenas se hablaba de homosexuales, donde decir “condón” o “sida” en algún medio de comunicación era casi una aberración.

Era la Caracas en pleno desarrollo, la puerta de entrada a América del Sur, un espacio idóneo para el desarrollo de negocios y empresas que se vincularan al resto del continente.

También era la Caracas de las contradicciones, con caraqueños muy ricos y caraqueños muy pobres. Era en la capital donde se evidenciaba la brecha económica de los venezolanos.

Conocí una Caracas de gente amable, con unos autobuses inmensos, de rutas muy largas, que recorrían toda la ciudad. Y ese era el transporte público de esa época, antes que llegara el metro.

Cuando estaba en la universidad nuestro “patio trasero” era el boulevard de Sabana Grande, una paseo de aproximadamente un kilómetro donde encontrabas cervezas a precios “de estudiantes”, y además compartías con los “bohemios” de la época.

El maravilloso complejo Teatro Teresa Carreño ha sido anfitrión de artistas de todos los géneros, para todas las edades, además del Ateneo de Caracas y otras salas, que siempre presentaban una oferta cultural interesante.

Ni hablar de las discotecas y demás espacios perfectos para “mover el esqueleto”, en los que bailé tantas veces salsa y  las canciones de 4:40.

Viví la ciudad del llamado “Caracazo”, aquella explosión social de 1989, cuando la democracia “más estable” de la región comenzaba a tambalearse. Y entonces me tocó correr de la bota que perseguía y acosaba a la Caracas subversiva.

Con el tiempo los espacios se fueron transformando y entonces comencé a evitar lugares, comencé a llegar más temprano a casa, comencé a dejar de visitar amigos que dejaron de estar, dejé de ir a Sabana Grande, dejé de ir a las discotecas que cerraron, dejé de disfrutar de mi ciudad.

Llegamos al punto en que uno no puede salir después de las 7 de la noche. Salir de noche es complicado sin transporte, y aunque tengas carro es riesgoso. Dejé de salir a cenar o a un cine de noche, con algunos amigos, porque sale más barato y más seguro comer palomitas de maíz en la casa, apoltronada con Netflix.

Sigo disfrutando mi amado Ávila o warairarepano, quizás sigue siendo lo que me amarra a esta ciudad, y sin duda, sigo  disfrutando los cielos y los verdes de Caracas.

En una cuadra puedes encontrarte hasta con siete tonalidades de verdes en distintas plantas, y con al menos 4 tonos de azul en el cielo. Justo ayer los conté.

Caracas ha sido descrita en maravillosos poemas y canciones, ha sobrevivido a varios terremotos, en ella se declaró la independencia de lo que algunos llaman el “yugo” español hace más de 200 años.  Ella se ha trasnochado con intentonas golpistas y se ha dejado embriagar por promesas rotas.

No es muy difícil querer a esta ciudad, a pesar de todo, su extraordinario y desordenado clima, con sus cielos y atardeceres, la siguen haciendo mía…aunque a veces francamente, también provoca salir corriendo. Te quiero Caracas!

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