Africa 3.0

Issubu, un grito contra la rendición generalizada de los pueblos africanos

El escritor camerunés Inongo vi Makomè nos lleva, con la novela ISSUBU, en un viaje a las profundidades de las culturas africanas, y a los problemas de las sociedades africanas actuales desde una perspectiva lo suficientemente novedosa como para llamar la atención de cualquiera.

Cuando conocí al autor de esta novela hace varios meses, él me  aconsejó gentilmente que le llamara “tío Inongo”, una vez yo ya había pronunciado su nombre a secas tres veces, sin anteponer ninguna partícula de respeto y admiración como acostumbramos a hacer, en África, las personas más jóvenes cuando nos relacionamos con aquellas que podrían tener la misma o más edad que nuestro padre o madre, como reconocimiento de su experiencia vital, sabiduría y por su autoridad moral.

En ese encuentro, el tío Inongo, sin abandonar el uso de la palabra hablada, puso sobre la mesa otra, para mí, extraña reflexión: una vez apareció en la conversación la cuestión de la civilización, el autor de Issubu se apresuró a declararse “primitivo”, en contraposición con el carácter “civilizado” de todo aquello que es considerado occidental. En esa reflexión se notaba con claridad que sus palabras no eran fruto de un arrebato puntual y pasajero, sino de una reflexión profunda y madurada. “Porque, si entiendes que un ser humano autodenominado “civilizado” es el autor de la monstruosa y criminal obra en que se ha convertido el mundo, entonces lo justo es ser lo contrario a eso”, explicaba él cruzando la pierna derecha sobre la otra y llevándose el índice derecho  a la mejilla del mismo lado, en señal de concentración.

Issubu, publicada en 2016 por Ediciones Carena,  es ante todo una llamada de emergencia, como tantas que se dan en el África de hoy, que en este caso es correspondida con el lento grito de Mpkwadina, su protagonista, quien  a la enésima vez que los suyos se enfrentan a una seria amenaza derivada la derrota histórica de los pueblos africanos, deja abierta la incógnita de si gritará con toda la urgencia necesaria para evitar la maldición que podría caerle a su clan como consecuencia de la conducta impura de un ministro de la Iglesia en medio del rebaño de su Señor.

Al igual que el periodista iraquí Muntazer al Zaidi, quien, en una rueda de prensa en 2008, lanzó sus dos zapatos contra el entonces presidente de Estados Unidos, George W. Bush, Mpkwadina, convocado por los suyos por una situación que se anuncia determinante, tendrá que señalar el origen de los males sin muchas más herramientas que aquellas que le ofrece el propio entorno.

Porque nadie rompe las cadenas de la opresión invocando a dioses ajenos, y menos a los de su opresor, con esta obra, Inongo consigue resituar los horizontes culturales y espirituales que deben guiar a una África que se halla en busca de caminos y respuestas. Y  precisamente el protagonista tiene que enfrentarse a la acción nefasta de aquellos que representan a Dios en las numerosas religiones extranjeras que superpueblan y colonizan los países africanos, en este caso Camerún, trastocando todos sus equilibrios sociales.

Como quien le ha cogido el gusto a esto de jugar con los elementos que encuentra en el ambiente, los claroscuros de Kribi, la ciudad natal del protagonista, quedan marcados por la belleza de sus paisajes un tanto demacrados por la historia de las relaciones Norte-Sur.  La obra combina a la perfección un lirismo recatado con elementos de un relato dinámico que equilibran esa expresión del ser interior, evitando así sobrecargarlo. Aunque el lector o lectora se encontrará con una novela fácil de leer, por su lenguaje sencillo, el autor no renuncia al uso de suficientes metáforas como para llegar a acariciar los contornos de la alegoría. El texto mantiene también contrastes en su manera de hilar la trama, donde lo trágico, pregonero de un repentino giro de los acontecimientos,  se va sucediendo con a una historia más tierna, más cotidiana, y más pausada.

Una novela que resulta didáctica desde su inicio hasta el final. Y en mi opinión, pese a que esta característica suele evaluarse como negativa en la ficción, con ella, el autor mantiene su fidelidad a las culturas literarias propiamente africanas. ¿Qué relato genuinamente africano no encierra una moraleja o una enseñanza para su receptor o receptora?

Para cualquier amante de la buena literatura y sobre todo, para quien constata con cierta decepción la constante glorificación de Occidente en la literatura de ciertos escritores y escritoras de África, quienes proyectan imaginarios eurocéntricos y proponen el mismo tipo de soluciones a los problemas de las sociedades africanas, esta novela del batanga y “primitivo” Inongo vi Makomè es para tenerla cerca y leérsela más de una vez.

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