América

La navidad caraqueña ni se huele, ni se siente

Quienes han visitado Venezuela saben que somos un pueblo bochinchero. Si no fuese por el buen humor que siempre tenemos, no habríamos sobrevivido a estos años aciagos de la llamada “Revolución bonita”.

Desde agosto nos enfocamos en la navidad. Inventamos concursos de pesebres (Belén), de puertas decoradas con motivos navideños (en la oficina), preparamos regalitos para los jefes y compañeros de trabajo. Decidimos los regalos de la familia y el regalo de Niño Jesús de los niños. Porque aquí no llega San Nicolás, sino el Niño Jesús con los juguetes y regalos para los enanos.

El objetivo es reunirse cada semana, o cada quince días en la casa de algún amigo para brindar, comer, celebrar, al ritmo de las gaitas, las hallacas y el infaltable pan de jamón. Y así nos sorprende enero, del año siguiente, despertándonos de la resaca.

Hace varios años que eso ha cambiado. Quizás porque no hay ni razones ni dinero para celebrar.  Ya estamos en noviembre y no hay ambiente navideño.

Los venezolanos andan preocupados por las deudas que tienen y que deberán pagar con los aguinaldos próximos a cobrar. Preocupados porque no les alcanza el salario para la comida diaria, mucho menos les alcanzará para la preparación de las multisápidas hallacas, nuestro plato tradicional, que en las últimas navidades se ha extrañado en muchas familias.

Aunque las tiendas y supermercados han asomado tímidamente adornos navideños y mercancías como arbolitos de navidad y adornos, la gente no parece muy entusiasmada.

Abundan las quejas, los lamentos por la hiperinflación y los trabajadores protestando en las calles de la capital porque no hay contratos colectivos, eliminaron beneficios y a todos les asignaron un sueldo mínimo que no alcanza ni para el pasaje.

La inflación del mes de octubre cerró en 148,2%, según cifras de la Asamblea Nacional (AN) porque el Banco Central de Venezuela (BCV) tiene años sin aportar indicadores.

La Confederación Venezolana de Industriales (Conindustria), alertó que sólo en el 2018 han cerrado sus puertas 700 empresas en el país, y se espera que en enero continúe el cierre de industrias y el aumento del desempleo.

Por estos días en la capital venezolana la basura es la reina de las calles, el mal olor se combina con montañas de gusanos que hay que surfear en las aceras caraqueñas, la navidad ni se huele, ni se siente…

Se ha destruido el salario, el poder adquisitivo y por ende el consumo. Navidad, que es una fecha para consumir y compartir, parece que quedará relegada en el almanaque venezolano.

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