Africa 3.0

El patrimonio cultural africano

Dentro de unos días el Gobierno francés entregará al de Benin veintiséis valiosas obras de arte de los tiempos en que el país se llamaba Dohomey, era gobernado por una monarquía ancestral y contaba con el mítico ejercito de Amazonas único en el mundo. La noticia es importante porque se trata del comienzo de vuelta a casa de la mayor parte del variado tesoro artístico africano que ahora mismo se halla disperso por museos y colecciones privadas de numerosos países, en su mayor parte europeos.

Solamente en Francia están catalogadas 46.000 obras de valor que por si solas representan la sensibilidad artística de unos pueblos que aspiran al orgullo de poderlas recuperar y exhibir en sus países. Son el fruto de tantos años del saqueo llevado a cabo durante el colonialismo en Senegal, Mali, Costa de Marfil, Camerún, República Centroafricana, Gabón, etcétera, países que llegaron a la independencia sin posibilidad de cuidar y exhibir sus propios tesoros culturales.

Y otro tanto podría decirse de las antiguas colonias británicas o portuguesas. La devolución de estas muestras de su cultura es una vieja reivindicación de todos los gobiernos subsaharianos. Además de un derecho claro de propiedad, estiman que poderlas mostrar a sus herederos naturales y someterlas a la admiración de los visitantes contribuiría a estimular el sentimiento patriótico de sus sociedades, el orgullo como pueblo y el interés por el arte y la cultura de las nuevas generaciones.

Hasta ahora los gobiernos europeos escucharon las demandas africanas mirando hacia otra parte. Aunque en todos los países hay intelectuales y personas que consideran justo atender estas demandas, los intereses concretos frenan la posibilidad de atenderlas. Los museos, porque saben que perderán piezas muy valiosas, algunos incluso quedarán desvirtuados, mientras que los propietarios privados, que muchas veces las consiguieron de forma espuria, se niegan a perder sus tesoros fruto del tráfico ilegal, de actos de corrupción y de la especulación en un mercado negro de arte que aún continúa existiendo.

Ha sido el presidente Macron quien hace un año anunció en la universidad de Ouagadougou (Burkina Faso) que Francia se aprestaba a buscar soluciones. El ejemplo del acuerdo para entregar al museo de Cotonou dieciséis obras que se hallan en el Quai Branly en cuanto concluya su restauración es un primer paso. Habrá más, aunque no es fácil: la restitución masiva tropieza con las leyes de propiedad y, por supuesto, con fuerte oposición política.

Tampoco desde otras capitales europeas se aplaude la iniciativa del jefe del Estado francés. El tesoro cultural africano esté repartido por todos los museos importantes.  Los gobiernos saben muy bien que además de renunciar a activos valiosos, no cuentan con recursos legales para llevar a cabo expropiaciones ni presupuestos para hacerse con la propiedad de las obras y poder decidir su devolución. En el caso francés, Macron encargo un estudio a expertos – el conocido como informa Savoy de 232 páginas – que contempla diferentes maneras de ejecutar la promesa, pero ninguna suficiente.

Ni siquiera será fácil localizar muchas obras fruto del tráfico ilegal y del mercado negro de obras de arte y cuyos propietarios, en muchos casos particulares, las ocultan. Con las que se hallan en museos, la predisposición a entregarlas de una forma u otra es variada.  El sentido de la propiedad y orgullo de su posesión es muy fuerte. Depende de quien esté al frente de la institución propietaria, pero en general fuera del marco oficial la resistencia es cerrada.

Los argumentos que se esgrimen en Francia para incumplir esta decisión incluyen quejas sobre el mal estado en que se encuentran los museos de algunos países subsaharianos y la ausencia de garantías para la buena conservación de las piezas. El conjunto de obras en litigio abarca una gran variedad de ejemplos artísticos con una diversidad en el tiempo y culturas. La duda que la decisión gala plantea es cómo arbitrarla. Una de las fórmulas más sólidas es la que contempla acuerdos de intercambios y cesión en condición de préstamos temporales. Pero eso necesita la conformidad africana que tampoco parece muy flexible.

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