Africa 3.0

Zimbabue, las esperanzas rotas

Un año después de la caída de Robert Mugabe, el revolucionario que lideró la independencia y degeneró en férreo dictador, Zimbabue sigue sin encontrar la senda de su estabilización política, social y económica. La inflación – el 133 por ciento anual, la más alta de África —  así como la incapacidad del Gobierno para frenarla, sume a la población en una situación insostenible que en los últimos días ha estallado en una oleada de huelgas y disturbios que han creado el caos por todo el país.

Una huelga de tres días convocada por el Congreso de Sindicatos de Zimbabue, que tuvo un seguimiento masivo, degeneró en disturbios callejeros, vandalismo y enfrentamientos graves con los militares y fuerzas de seguridad que intentaron restablecer el orden a tiro limpio. El balance de las primeras horas reconoce una docena de muertos – probablemente sean más –, doscientos heridos, setecientos detenidos y graves destrozos materiales, además de secuelas personales que dañaron la convivencia.

El presidente, Emmerson Mnangagwa – exvicepresidente, y sucesor de Mugabe desde finales de 2017 — se hallaba en un viaje por Europa en busca de inversiones que esperaba rematar en el Foro Económico de Davos. La economía nacional, tres décadas atrás entre las más pujantes del continente, comenzó a deteriorarse cuando el Gobierno de Robert Mugabe empezó a aplicar medidas contra los privilegios y propiedades de la élite que controlaba las principales fuentes de producción, desde la minería hasta la agricultura.

La huida de los colonos blancos – apenas quedan unos quinientos – y la entrega de las tierras a nativos sin experiencia en la gestión, afectó de manera grave la producción y comercialización de alimentos. La dificultad para realizar importaciones completaron el desabastecimiento y la inflación que llegó a marcar precios de productos elementales en cifras de miles de millones de dólares zimbabuenses. La pérdida de confianza en la moneda local originó un mercado negro que maneja varias divisas lo cual crea mayor confusión.

Actualmente la actividad económica, desde la compra en las tiendas para arriba, se realiza unas veces con rands sudafricanos, otras con dólares estadounidenses, otras con libres y euros. La moneda nacional solamente existe en pura teoría burocrática. El mareo de los guarismos genera verdadero desconcierto. El nuevo Gobierno ya ha anunciado la creación de una nueva moneda que partirá de cero. Pero nadie confía.  El clima de descontento viene de años; se calmó un poco a raíz de la caída de Mugabe, lo cual generó esperanzas que enseguida se vieron frustradas.

El aumento de los precios de productos básicos fue sin duda la gota que colmó el vaso de la paciencia. Y el principal detonante, el subidón de la gasolina que de 1,38 dólares el litro, un precio ya muy caro para la economía local, pasó a casi triplicarse, a 3,31, en un país donde la rente per cápita está en torno a los 1.200 dólares. Muy pocos son los zimbabuenses que pueden pagarlo. La contundencia con que las fuerzas de seguridad reprimieron las manifestaciones y disturbios tampoco ha contribuido a calmar los ánimos; antes al contrario, ha exacerbado la tensión.

Organizaciones internacionales han denunciado la violencia con que actuaron los militares, como lo prueba la cifra de víctimas, y las violaciones reiteradas de los derechos humanos en la represión posterior. El Gobierno reclama la colaboración del FMI para salir de la crisis en vez de, aseguran las fuentes oficiales, cerrarle las vías para una recuperación que necesariamente tiene que empezar con inversiones foráneas. La política de Mugabe sumió a Zimbabue en un aislamiento económico que están pagando sus dieciséis millones de habitantes.

Incluso el turismo que las bellezas que el territorio ofrece – con algunos de los parques naturales más importantes — podría convertirse en una fuente de empleo y dinero que la propia situación de violencia y desabastecimiento frena. Los expertos coinciden en que la solución requiere atención internacional, de los países africanos por supuesto, pero sobre todo de la Unión Europeas, los Estados Unidos, Canadá, etcétera. Zimbabue ahora mismo esté dejada a su momento de mala suerte.

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