América

¿Otra vez guarimbas en Caracas?

Por Miranda Martínez

Foto:  Manifestante ante la Guardia Nacional venezolana durante una protesta en mayo de 2017. Vía Wikipedia Commons: Efecto Eco

El 23 de enero es una fecha especial para los venezolanos porque ese día, hace 61 años, cayó la última dictadura que tuvimos, con Marcos Pérez Jiménez. Un dictador particular, que aunque mantenía una férrea censura, nos dejó todas las autopistas y grandes obras de infraestructura que todavía disfrutamos. El 23 de enero de 1958 se rescató la “democracia” en el país.

En conmemoración ese día el oficialismo y la oposición convocaron sendas movilizaciones. La oposición se lució en su convocatoria y movió muchísima gente. El presidente de la Asamblea Nacional (AN), Juan Guaidó, encabezó dicha protesta y se autoproclamó presidente interino de Venezuela. Inmediatamente obtuvo el reconocimiento de Trump, y del autodenominado Grupo de Lima.

Tras la autoproclamación de Guaidó, el oficialismo denunció un golpe de Estado en proceso y convocó una vigilia en el palacio Presidencial de Miraflores, tras lo cual se produjeron una serie de manifestaciones nocturnas en Caracas que nos quitaron el sueño y la paz.

Durante tres días, las noches se trasformaron en pesadillas con detonaciones, humo, gritos. Varios puntos de la capital literalmente ardían con vehículos, camiones, basura incendiada, y enfrentamientos con las fuerzas de seguridad.

Ya que existe una fuerte censura en los medios de comunicación, la “información” circula por Twitter y WhatsApp. A través de dichas redes nos enteramos de desórdenes y saqueos y barrios y zonas populares de Caracas.

No hubo clases en las escuelas. La gente se ausentó de sus empleos. No había transporte para trasladarse. Las calles solas de Caracas daban cuenta de una situación anormal. Cifras no oficiales hablan de más de 20 muertos y unos 400 detenidos a raíz de los disturbios.

Medios internacionales hablaban de fuerte represión en manifestaciones de los barrios que protestan contra el régimen de Maduro. Quienes vivimos aquí sabemos que los barrios no protestan de noche, y que cuando lo hicieron durante las llamadas guarimbas del 2017, quienes protagonizaban los disturbios no eran precisamente habitantes del barrio.

“Aquí no está protestando la gente, no es una manifestación del pueblo, son saqueos y es violencia generada por malandros (ladrones), por el hampa”, así me lo contó mi amiga Indira cuando me llamó desde La Vega, un barrio de Caracas que sufrió saqueos durante tres noches.

Indira vive en La Vega desde hace 22 años. Tiene dos niños pequeños y vive en casa de su suegra. Es una artista nata dedicada a cuidar a sus niños y a dar clases de teatro.  La conocí en una marcha contra los femicidios y desde entonces hemos estado en contacto.

Me llamó la mañana del 25 de enero, casi llorando, para contarme lo que ya yo intuía. “Les están pagando en dólares y es mucho dinero el que le ofrecen. Tienen tarifas por salir a enfrentar a la policía, por saquear, por armar barricadas, por meterse en casa de chavistas o por amedrentar y amenazar a chavistas”, me dijo.

La información logré confirmarla con otra amiga de Petare, donde hubo fuertes enfrentamientos entre delincuentes y policías. “Los malandros (ladrones) tenían armas largas y granadas, están mejor armados que los policías. En un momento se fue la luz y nos pusimos muy nerviosos. No pudimos dormir. Es escucharon detonaciones toda la noche”, me contó.

¿A quién le conviene generar desórdenes violentos en Caracas? ¿Cuál es el propósito de provocar confrontaciones entre la gente? ¿Arrastrarnos a una guerra civil? ¿Buscan generar el caos social para propiciar una intervención internacional en nombre de la “paz”?

Seguimos sobreviviendo a nuestro Jumanji tropical en medio de una “tensa calma”… hasta la próxima guarimba.

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