Africa 3.0

Martínez Castro: “nuestro criterio occidental no sirve para contemplar el arte africano”

“Al contemplar esta exposición, olviden todo sobre el arte moderno y arte contemporáneo. Nuestro criterio occidental no sirve para contemplar el arte africano, aseguró el coleccionista de arte Guillermo Martínez Castro, durante la inauguración de África – Babel (hasta el 11 de mayo en Fundación Cajacanarias), con más de 350 piezas de arte africano tradicional, especialmente de República Democrática del Congo, Camerún, Gabón, Mali, Guinea Ecuatorial, Nigeria, Costa de Marfil, Sierra Leona.

El coleccionista se remontó a un episodio en el protocolo del té de un pensador japonés del siglo XIX para recomendar al público que acuda a esta exposición “vacío de conocimiento”. En la misma línea, añadió: “toca librarse de prejuicios y corsés occidentales; vivan este momento como la vida misma, que está hecha de momentos, disfruten del “ahora” y, si se atreven, hagan el recorrido descalzos; les a ayudará establecer el diálogo con las obras”.

“Esto es algo totalmente diferente”, como comenta en este vídeo en declaraciones a la sección africana de Canarias3puntocero:

“Bienvenidos a la magia de África”, concluyó Martínez Castro, en un escenario circular, en la mitad de un círculo, casi mágico, que conformaban imágenes de mujeres, hombres, brujos, tallados de madera de distintos colores y texturas y hasta dos metros de altura. “es muy difícil ver trabajar a los artistas en África; guardan celosamente sus técnicas y sus códigos; están fuera de los poblados y no dejan que se les visite”.

Al tiempo, el coleccionista añadió que una de las características de éstas y otras piezas tradicionales es que “los artistas africanos que las crean no son críticos de su sociedad; es verdad que introducen elementos como irregularidad en las figuras, las hacen asimétricas, con distintas funciones: para mofarse, aterrorizar o amenazar”. Él mismo aseguró haber sido testigo del poder mágico que se le atribuye a alguna de estas figuras. “He visto el poder que ejercen. He visto cosas que no me atrevo a decir aquí”, reconoció visiblemente emocionado.

También recodó cómo se interesó por el arte africano tradicional durante una visita en París:

Martínez Castro recordó el famoso proverbio que dice que “cuando un anciano se muere es como si ardiera una biblioteca” para reivindicar que “tenemos obligación de ayudarles a conservar su cultura, que está desapareciendo.

“Esta selección de esculturas es el resultado de una búsqueda constante de sensaciones y emociones a lo largo de tres décadas. Fascinado por este arte, me di cuenta de que detrás de cada máscara, de cada estatua, de cada objeto, había una historia. Así, la paulatina búsqueda de este arte erróneamente llamado primitivo, me llevó a ir al encuentro de máscaras, esculturas y objetos utilizados en determinados e importantes rituales. Estos hallazgos siempre vinieron acompañados de la búsqueda de información sobre lo que representaban, qué usos y qué significados, qué poderes poseían, Todo ello me ha permitido poder mostrarles esta colección”, asegura Martínez Castro en el texto que introduce la exposición.

En el mismo texto, el coleccionista hace de guía por la exposición y ofrece algunas claves para entenderla mejor:

Descubrir en Nigeria la cultura Igbo (Ibo), con su amplio registro artístico de volúmenes, de colores, de significados resultó una experiencia embriagadora. Entendí cómo podíamos comunicarnos con las estatuas Igbo. Precisamente, en esta exposición podemos observar una gran estatua Igbo, esculpida de forma muy simple en sus líneas, pero que por la posición de sus brazos, separados del cuerpo, y las manos abiertas mirando hacia adelante, nos está hablando de franqueza, de apertura a dar y recibir.

En el antiguo Zaire, hoy República Democrática del Congo, y después de una larga e intensa búsqueda por la provincia de Katanga, localicé una escultura de la tribu Ovimbundu. Esta figura femenina, cargada de adornos y un peinado muy elaborado, nos sugiere, en su expresión meditativa con una frente abultada, inteligencia y perspicacia así como deliberación y propósito.

En Mali, a lo largo de la falla de Bandiagara, se encuentran los Dogón. La figura Dogón presente en el gran formato de la exposición, transmite una inmovilidad solemne y al mismo tiempo un movimiento latente, o la puerta del granero, tallada con detalle, que según las creencias populares, protegían los objetos sagrados y los suministros de comida de su comunidad. Igualmente en Mali pude asistir a rituales festivos con los Bambara, en concreto a las ceremonias y ritos de cultivo y cosecha de los campos, con los elegantes tocados de antílope de madera que representan a Ty Wara o Chi Wara, inventor de la agricultura para los Bambara. La danza de las máscaras Ty Wara sobre los campos agrícolas, su tumba, sirve a la vez para honrarle y para recordar a los jóvenes granjeros el duro sacrificio que ellos deben hacer cada año.

En cuanto las máscaras, en la gran mayoría de las expuestas destacan los temas sociales, con características humanas y animales, personificadas por danzantes correctamente enmascarados y que adoptan gran variedad de roles para ejemplificar las formas correctas o no de la conducta social. Por ejemplo, al sur de Nigeria, entre los Ijo o entre los Igbo, representan varios modelos de conducta antisocial: el avaro, la prostituta, el médico incompetente o el abogado sin escrúpulos. Entre los Yoruba cercanos, suelen representar al chismoso, al glotón y extraños comportamientos de los extranjeros. Los Pende (RD Congo) o los Kota (Gabón) entre otros, llevan máscaras que imitan a jueces y policías. En el caso de los Kwele de Gabón, gracias al anonimato y poderes especiales, pueden romper los códigos y prohibiciones sociales establecidos como medio para redistribuir la comida y los animales en épocas de gran escasez dentro de la tribu.

En el mismo Gabón, los relicarios Kota representados son utilizados como imágenes protectoras para custodiar las ancestrales reliquias sagradas de la tribu y protegerlas de posibles robos o daños.

La estatua-sarcófago Nkundu Nkundu y la estatua gran fetiche masculino Songye, son dos de las piezas más significativas de esta exposición. Nkundu Nkundu es una escultura que ha dejado una profunda huella en la vanguardia artística de principios del siglo XX. Sus dimensiones y su forma de talla le dan un aspecto intrigante, raro, pero de una calidad excepcional. Encarnan ambas el significado entre la vida y la muerte a través de la imaginación colectiva.

Otra de las obras maestras del arte africano que podremos ver es el fetiche Songye, que con su presencia sobrecogedora e intimidatoria nos da una idea de la fuerza y poder que representa para su tribu. Utilizado para contrarrestar a los espíritus malignos y agresores, se cree que canaliza y dirige los rayos contra estos y les protege de enfermedades comunes en la región como la viruela.

Aunque la arquitectura no es objeto de esta exposición, existen dos culturas africanas que me han impresionado profundamente durante los viajes por África: los Tamberma y los Ndebele. De estos últimos podrán observar un pequeño delantal de cuentas. Al norte de Togo viven los Tamberma. Su arquitectura doméstica ha alcanzado la cima de belleza y complejidad simbólica. Los ‘castillos’ de barro de dos pisos utilizados por este pueblo sirven no solo de viviendas, sino también como fortalezas, catedrales, teatros y diagramas cosmológicos. Al igual que el pueblo Dogón, cada casa Tamberma adopta las distintas formas humanas. De acuerdo con ello, las fachadas aparecen pintadas con los mismos diseños utilizados por las mujeres en sus adornos. Algunas partes del cuerpo se relacionan con determinados elementos de la vivienda, y así, por ejemplo, la puerta con la boca, la ventana con los ojos, la piedra de moler con los dientes, y así sucesivamente.

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