Africa 3.0

Decálogo (más uno) sobre Antonio Lozano

Antonio Lozano siempre nos ha sorprendido a todos, su personalidad excepcional, y como no podía ser de otra manera, nos siguió sorprendiendo hasta el día de su partida. Facebook ha sido una revelación de lo que todos ya sabíamos aunque quizás no fuésemos conscientes de una manera tan rotunda, han sido cientos de mensajes de condolencia los que hemos visto publicados en estos días, todos expresando unos sentimientos tan sinceros, de gran hondura, de gran amor y admiración por Antonio. Muchos decían que Antonio había sido como un hermano para ellos, yo mismo escribí que disfrutar de su amistad era lo mejor que me había dado la literatura. Era emocionante observar la reacción de tantísimos amigos que dejó repartidos en tres continentes (él sí que era la esencia de la tricontinentalidad), tantísimos amigos desolados por su pérdida y por la certeza de que iba a ser imposible volver a encontrarnos con una persona como él.

Cada uno recibe lo que da, qué gran verdad esta, en el momento de su despedida Paco Suárez leyó de una manera admirable, que me acompañará siempre, un texto escrito por Hassane  Kouyaté desde Martinica, ese estupendo griot originario de Burkina Fasso que tuve la suerte de conocer en Agüimes, la muerte se arrepentirá de lo que ha hecho, escribió Kouyaté. Nicolás Castellanos también pronunció unas bellísimas palabras, ya lo dijo él, no hacía falta explicar las cualidades de Antonio porque todas habían sido ya escritas ese mismo día, todos las acabábamos de leer en las redes: el hombre bueno, el gran amigo, el hermano, el comprometido, el curioso, el que sabía escuchar y te hacía sentir importante para él, el generoso, el divertido, el intelectual, el africanista, el estupendo escritor, el humilde, el empático, el que nos unía a todos (pegamento Lozano, lo llamó Nicolás), el siempre enamorado, el padre magnífico.

Nos debimos conocer allá por el 2002 o el 2003, no puedo sino dar gracias a la vida por haber compartido tanto tiempo con él, aunque estos quince años en los que nos hemos estado viendo con cierta regularidad, ahora, sin embargo, me saben a poco, echaré de menos disfrutar otros quince años más con Antonio. Tres cosas fueron el detonante de nuestra amistad: la literatura, África, y los festivales de teatro y de narración oral de Agüimes, todos los años recibía su llamada o su email diciéndome que tenía una habitación reservada en el hotel rural Los Camellos, y yo siempre acudía con la misma ilusión, porque los días del festival eran siempre días felices y plenos, con Susi y con Juan y con todos los amigos de Agüimes, a lo que se añadía una premisa especial y única: cualquier persona que fuera amigo de Antonio era un potencial amigo tuyo. Allí conocí a Boris Boucabar Diop, Cheick Amidou Kane, Ken Bougul, estos escritores senegaleses que fui leyendo gracias a Antonio y que me ayudaron a construir mi primera novela sobre África, Tal vez Dakar. Lógicamente está dedicada a Antonio Lozano y al Festival del Sur (encuentro teatral de los tres continentes) de Agüimes, no podía ser de otra manera.

De sus novelas admiré muchas, mi preferida es El caso Sankara, por la historia en sí y porque fue la que me llevó a conocer a un personaje como Thomas Sankara, de Burkina Fasso, el país de los hombres íntegros, una buena frase para describirlos a los dos, al personaje y al autor; pero siempre recuerdo una anécdota que me ocurrió con Me llamó Suleiman (que tuve el honor de presentarle en el festival Periplo). Antonio me había mandado el manuscrito en Navidad, lo empecé a leer el 1 de enero tempranito -ese día y hora estupendos para la lectura-, y lo terminé por la noche; lo leí de un tirón, solo paré para comer, nada más acabarlo lo llamé para contarle mi impresiones, fue muy emocionante compartir ese momento con el estupendo escritor, con el estupendo amigo.

Han sido unos días muy tristes, pero creo que todos éramos conscientes de que Antonio no iba a acabar ahí, que de alguna manera había que continuar haciendo lo que nadie tan bien como él hacía: fomentar la cultura, promover redes, hacer amigos, generando esas mágicas atmósferas llenas de paz y de amistad que nos unían a todos. Su nombre permanecerá, quizás en una Fundación, o en un teatro, o en una imagen que se diseñe sobre él que refleje su espíritu y que se reproduzca en pins que todos nos prendamos en nuestras solapas en los próximos festivales para sentirlo tan cerca de lo que él creó. Surgirán muchas iniciativas para recordarlo, para difundir su legado, la acuciante necesidad de que existan más personas como él, Antonio único, Antonio admirable, Antonio imprescindible, la humanidad no puede permitirse perder a una persona así.

Así que con ese objetivo me he puesto a pensar en este decálogo que debería intentar afrontar de manera personal para que el espíritu de Antonio permanezca en mí, que es un decálogo más uno porque me han salido once puntos, once poderosas razones que reflejan la manera de ser de Antonio.

1. Recibir al otro siempre con una sonrisa.

2. Estar siempre dispuesto a hacer amigos que aportan, a recibirlos.

3. ¿Ustedes se conocen? Crear redes, promover el encuentro, generar confianza.

4. Un amigo de Antonio es un potencial amigo mío.

5. Siempre hay tiempo para un cubata o un gin tonic con los amigos que aportan, surgen las conversaciones, las risas, los proyectos.

6. ¿Qué estás leyendo ahora? Leer como una manera de entender el mundo, de entender otras realidades, de generar la empatía.

7. Compromiso, que tu discurso se escuche valiente de acorde con tus ideas.

8. Amor por la cultura, la cultura como la mejor forma de aproximación entre las personas, los pueblos, los continentes.

9. Ser un humanista.

10. Ser un entusiasta, creer firmemente en lo que haces, mostrar ilusión por lo que te ilusiona.

Más uno: Continuar asistiendo al Festival de Teatro, al de Narración Oral, a Periplo y otros, seguir participando con el mismo “espíritu Lozano” en lo que él creo o inspiró.

Un decálogo más uno, una inspiración de vida, ¿por qué no? intentar replicar, difundir el legado de nuestro querido Antonio, aunque él sea único e irrepetible.

  • Este artículo se publicó originalmente en el blog de Pablo Martín Carbajal
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