Africa 3.0

Isla de Santo Antao

Apoyado en una de las barandillas de cubierta, con la cámara en ristre, ya podía observar la silueta de la isla de Santo Antáo, con todo tipo de detalles. Había transcurrido casi una hora de trayecto, y el ferry que me trasladaba desde Mindelo, capital de la isla de San Vicente, hasta la isla de Santo Antáo, la más occidental del archipiélago de Cabo Verde, estaba llegando a Porto Novo. Pequeños barcos de pesca se mecían sobre las olas en las proximidades del puerto, mientras los esbeltos perfiles de las altas montañas se recortaban sobre un pastoso cielo, que auguraba más calor y sequedad.

Muelle de Porto Novo

En medio de una multicolor algarabía de gentes y enseres, desembarco en Porto Novo, puerto comercial de la isla.  Pasados los controles policiales pertinentes, me abro paso entre los taxistas, que esperan con sus vehículos de transporte colectivo, aquí conocidos como “aluguer”, hasta llegar a dar con Leo, el chofer que se encargaría de acompañarme en mis rutas por la isla. Una vez instalado en el único complejo hotelero de la ciudad, doy comienzo a mi periplo. 

El centro urbano de Porto Santo, es bastante pequeño y no se necesita mucho tiempo para recorrerlo, así que pronto inició el camino hacia los pueblos del interior. Durante los tres días, que permanecí recorriendo la isla, disfruté con sus variopintos paisajes, tanto en la costa como en la montaña y siempre arropado por el hospitalario talante de sus habitantes, que en su inmensa mayoría, siempre me atendieron con una cariñosa sonrisa.

Ribeira Grande

Santo Antáo, a la que solo se puede acceder vía marítima, se muestra como una isla, de sorprendentes y contrastados paisajes naturales. Tal vez, y debido a esta falta de medios de comunicación, la isla aún permanece al margen de los circuitos turísticos de masas. Convirtiéndose en un escenario ideal para aquellos viajeros, amantes del trekking y del senderismo que van en busca de aventura en espacios de más autenticidad.

De entre todos los rincones y pueblos que visité, siguen presentes en mi memoria, los de Ribeira Grande, capital y centro administrativo de la isla, Ponta do Sol, un pequeño pueblo de pescadores, al abrigo de acantiladas costas, el pintoresco caserío de Fontainhas, con sus casitas de colores y las verdes terrazas de cultivo, colgando sobre los barrancos que se precipitan en vertiginosa caída al mar. Y de manera muy especial, recuerdo todos los pueblos y barrios que discurren a lo largo del exuberante Valle de Paúl, que tanto me recordaron a la familiar geografía de nuestros barrancos y caseríos de Canarias.

Valle de Paul

Artículo publicado en la Revista NT de Binter Canarias

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