América

En la Revolución Bolivariana los niños no importan

Hagamos un ejercicio de imaginación. Imagine que usted vive en un reino, que está peleado con otros reinos y tiene muchos enemigos, pero mantiene muchas riquezas. Sin embargo en su reino empiezan a morir niños enfermos, porque los insumos para sanarlos los detiene otro reino enemigo. ¿Qué haría usted? ¿Buscaría todas las formas posibles de hacer llegar los insumos o dejaría morir a los niños?

Aunque la respuesta parece obvia lo cierto es que en el reino ya se han muerto dos niños en un mes y las autoridades del reino sólo han culpado al reino enemigo por las pérdidas.

Las vidas no importan, importa politizar la tragedia y victimizarse ante el mundo.

El reino se llama Venezuela y las autoridades, su vicepresidenta Ejecutiva, Delcy Rodríguez y el Canciller, Jorge Arreaza, “lamentaron” la muerte de Robert Redondo, un niño de siete años que esperaba un trasplante de médula ósea.

La victimización siempre implica “culpar” a otro y, en este caso, el responsable es el “bloqueo financiero” impuesto por Estados Unidos a Venezuela.

“Me dijo que tenía miedo, que no me quería dejar sola y que no se quería morir, él quería crecer”. Así se expresó entre lágrimas Geraldine Labrador (madre de Robert), en una rueda de prensa que ofrecieron en abril pasado para denunciar la atención urgente requerida por el infante.

Este es el segundo niño que pierde la vida (en menos de un mes) en el Hospital José Manuel de los Ríos, en Caracas, a la espera de un trasplante.

Me resulta escalofriante que en el desastre de país que tenemos, la lamentable muerte de niños que esperaban un trasplante de médula, se convierta en una bandera política para victimizarse contra el “imperio gringo”, sin tener el más mínimo ápice de vergüenza o responsabilidad.

Ya nos hemos acostumbrado a la falta de alimentos, de medicinas, a la violencia política, a las mentiras descaradas de parte de las autoridades, a la corrupción,  a la falta de servicios públicos, a los familiares y amigos que se van, a las celebraciones familiares vía videollamadas, pero ¿acaso también nos tendremos que acostumbrar a la muerte de niños por la irresponsabilidad absoluta de un gobierno ciego y sordo?

En el Hospital JM de los Ríos quedan 25 niños a la espera de ser enviados a Italia para ser trasplantados con el respaldo de la Asociación para el Trasplante de Médula Ósea (ATMO), con quien Venezuela mantiene un convenio, financiado por la estatal petrolera Petróleos de Venezuela (Pdvsa), que ha salvado la vida de 500 venezolanos en los últimos 10 años.

Sin embargo, Venezuela mantiene una deuda de 8,5 millones de euros con ATMO y por eso no han podido viajar a Italia para realizar el trasplante.  «No podemos hacer pagos o importar medicamentos, vacunas, maquinaria, alimentos. Durante los últimos dos años ha sido imposible acceder a cualquier tipo de mercado internacional debido a las sanciones de los Estados Unidos», dijo la embajada de Venezuela en Roma.

¿No existe acaso otra posibilidad, otro lugar (de América Latina o el mundo), quizás algún país aliado del gobierno madurista, como Rusia o China, donde puedan atender a estos niños?

El autoproclamado Juan Guaidó no ha dicho nada sobre la muerte de los niños, su esposa viajando por el mundo, sus embajadores tomando sedes diplomáticas en el exterior, no han ejecutado ninguna acción a favor de los niños del JM de los Ríos. No se sabe qué habrá pasado con los 100 millones de dólares que pensaban recaudar tras el concierto por la ayuda Humanitaria, realizado en Cúcuta hace 3 meses.

Maduro también ha guardado silencio sobre el caso, pero aprobó recientemente 50 millones de euros para fabricación de armas y uniformes militares.

Sólo se requiere pagar la deuda de 8,5 millones de euros para que los niños venezolanos con leucemia sean atendidos en Italia, pero parece que ni a Guaidó ni a Maduro les importa la vida de nuestros niños. El show debe continuar.

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