Gastronomía

Fernando Gallardo: “Tenemos que acostumbrarnos a vivir fenómenos que no estaban previstos”

En todos los campos hay personas que generan admiración por su capacidad de adelantarse al tiempo en el que vivimos y en el del turismo, los hoteles y la gastronomía el periodista Fernando Gallardo (El País) avanza marcadas transformaciones en nuestro planeta, en nuestros hábitos nutricionales y como viajeros que casi rozan, diríamos, lo “apocalíptico”.

Viajero empedernido, como no puede ser de otra forma, estos días ha pasado por Lanzarote, isla en la que actuó allá en noviembre de 2018 como conferenciante inaugural del I Foro de Periodistas y Escritores Gastronómicos. Gallardo apuntó en este encuentro las singularidades que se avecinan no solo relacionadas con el tándem ya indivisible de turismo y gastronomía sino que también escarbó acerca de lo que puede ser el futuro de la de la humanidad, en definitiva.

“Podemos dar un mensaje de momentos futuros ‘apocalíptico’ a raíz de datos significativos, cierto; por ejemplo el hambre en el mundo en contraste con lo que va a ocurrir en las próximas décadas –quizá rozando lo ‘apocalíptico’, sí-, Pero ese ‘apocalípsis’ podemos relativizarlo y mucho: en efecto, no va a pasar nada. Si acudimos a principios del siglo XX, hace tan solo un siglo vivían mil millones de personas en nuestro planeta y en la actualidad somos –en apenas cien años- unas ¡7.600 millones! Así que hoy podemos decir que las transformaciones se han producido vertiginosamente pero tenemos capacidad de seguir viviendo…”.

“Hace un siglo –afirma Gallardo- realmente la única urbe más importante del mundo era Nueva York pero ahora podemos constatar que más de 100 ciudades en todo el mundo no van a bajar de los 40 millones. Así que esto cambiará, los próximos 30 a 40 años, la forma de pensar y gestionar todo lo que se vincula a nuestra subsistencia en esos macro núcleos urbanos”.

Considera Fernando Gallardo que “si utilizo un mensaje ‘apocalíptico’ es para hacer reflexionar de lo que hoy somos y de cómo tendremos que prepararnos para el control del planeta en el futuro; tenemos que acostumbrarnos a vivir fenómenos que no estaban previstos, como que el 75% de la humanidad va a vivir en ciudades y el campo se va a abandonar. La práctica del ruralismo no va a ser tan evidente como hasta ahora”, apostilla.

“Los nuevos viajeros tendrán más apego a la vida en la ciudad que en el campo y esto variará circunstancias como la economía, la política y, cómo no, el turismo y la gastronomía. Estamos viendo el despegue tremendo del turismo urbano, que no se había producido nunca, y pensábamos que lo de los turistas era cosa de playa cuando ahora resulta que el futuro va a ser cosa de ciudad”, subraya.

“No es que las playas se vayan a abandonar pero no van a poder acoger a miles de millones de personas. El concepto playero va a tener que cambiar de un concepto horizontal al vertical, que se implantará claramente en las urbes. ¡Que se preparen los urbanitas para afrontar estos desafíos y en Europa ya no se podrá vivir en viviendas bajas o edificios de 4 o 6 plantas. En el próximo siglo, en las ciudades europeas habrá construcciones de 500 metros y se habla de que al final de este podríamos vivir en rascacielos de ¡3000 metros!”.

“Parece que es una anécdota –comenta el periodista especializado-, basada en datos estadísticos y proyecciones, pero es importante tenerlo claro y presente para saber cómo tenemos que afrontar la vida de este planeta en esas épocas venideras”.

Gallardo estima que “claro que el futuro se vislumbra complejo pero, por ende, tendremos que llegar a soluciones basadas en la sostenibilidad; hemos comido del campo –resalta- pero no supone que lo hagamos en el futuro; ahora estamos en un período de cambios acelerados: tenemos que ir pensando en otra fórmula pues la tendencia es la de un crecimiento desmesurado. Se trata de la existencia en el planeta y eso lo tenemos que hacer sostenible o nos vamos todos al car…”.

“Yo no soy ningún militante ecologista, ni quiero serlo, por ejemplo con la alarma frente al cambio climático pero es obvio que están pasando cosas. Al planeta le da igual pero el ser humano tendrá que fijar las pautas de vivir en un mundo confortable. ¿Queremos vivir en un desierto o en un campo de hielo? Si esto, a todas luces, no nos resulta cómodo tendremos que consolidar actitudes y afirmar voluntades para garantizar la sostenibilidad en todos los conceptos, no sólo el medioambiental, sino el demográfico, el económico,… en definitiva, el de nuestro sistema organizativo”, expresa Fernando Gallardo.

“No parece muy racional –pone como ejemplo- desforestar el Amazonas para generar cultivos; no puede ser porque pagaremos un precio imposible y condenaremos a millones de personas a morirse de hambre; es que se trata de repensar en nuevas fórmulas para alimentar a la población”.

“Mucha gente quería –quiere- su ‘casita bucólica para mí solo y no quiero edificios en la playa’. Es un lenguaje hoy muy poco sostenible –defiende el experto-. Como muestra, hay dos modelos en España: de los rascacielos de Benidorm y el de las ‘casitas bucólicas con piscina’ de Jávea, las dos localidades de la costa levantina muy cercanas. Dos modelos opuestos y el tiempo me ha dado la razón en que el de Benidorm es más sostenible que el de Jávea. Éste consume mucho territorio y las personas que viven o veranean en Benidorm (concepto vertical) disfrutan de espacios vírgenes, como es la Sierra Helada, gracias al ‘apelotonamiento’ en edificios. Esto les proporciona oxígeno puro”.

Fernando Gallardo llama la atención de que “en el futuro no podremos ir generando un turismo extensivo sino destinos turísticos verticales. Enseguida entenderemos el porqué de esa vida ‘en vertical’ que es más eficiente. No tiene sentido invertir millones de euros en una carretera para llegar a un pueblo de cinco habitantes”.

“Podemos conseguir un sistema de vida y de alimentación –asegura- mediante cultivos verticales e introducir elementos genéticos en animales para crear alimentos eliminando, a la vez, el 25% de CO2 que generan las cabezas de ganado”.

En definitiva, el periodista cree que “pensar en estas cosas no parece ‘nada apocalíptico’, pues acaso cómo reduciremos para 10.000 millones de personas el impacto que supone el consumo de agua, la contaminación de carbono,.. Las nuevas tecnologías que el hombre sigue aprovechando constituirán una de las bases de la sostenibilidad del sector primario, lo que supone un canto de esperanza basado en la ciencia tecnológica y no en la poesía”.

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