Opinión

El océano es la frontera

Sobre la inmigración en Canarias

La historia del archipiélago canario está estrechamente ligada a los trasvases de población, incluyendo su poblamiento original. La movilidad humana supone un elemento consustancial a nuestra propia trayectoria e identidad insular. Las migraciones siempre han estado presentes en nuestro devenir económico y social, influyendo de manera más que significativa en el proceso de desarrollo regional. Se trata, por lo tanto, de un fenómeno permanente y hasta bastante normalizado en nuestra realidad habitual, particularmente si su intensidad es asumible tanto en lo tangible como en su percepción social.

El tránsito del siglo XX al XXI hasta la aparición de la crisis económica general nos trajo un etapa de intensificación de los flujos de llegada. Experimentamos una inmigración sin precedentes en cuanto al número de personas que implicó, al igual que ocurrió en el resto del país, situando a España y a Canarias entre las áreas del planeta con mayor atractivo migratorio fruto de su pujante dinámica económica. Ese proceso se ralentizó como consecuencia de las enormes dificultades económicas sufridas a partir del año 2007. El balance migratorio con el extranjero decae de manera progresiva hasta 2014, siendo incluso negativo en 2015 (más emigración que inmigración), para comenzar nuevamente a recuperarse a partir de ese año.

El archipiélago tiene actualmente una población registrada de 2.127.685 habitantes (Padrón Municipal a 1-1-2018), bastante equilibrada entre hombres y mujeres (el 50,5% son mujeres). De estas personas, 395.033 habían nacido en el extranjero (el 18,6%; el 51,3% son mujeres), aunque con un reparto desigual considerando orígenes (las procedencias americanas y europeas suman el 84,7%) y lugares de asentamiento (Tenerife y Gran Canaria suman el 73,9%), diferencias que son más apreciables si descendemos a la escala municipal y local.

Canarias sigue ofreciendo una dinámica demográfica positiva junto a comunidades autónomas como Islas Baleares, Comunidad de Madrid, Región de Murcia, Comunidad Foral de Navarra o Cataluña, siempre por encima de la media del país. El balance migratorio es el factor que más habitantes aporta a los indicadores de crecimiento anuales, puesto que el saldo vegetativo de la región es negativo (-1.478 efectivos en 2018). Esto quiere decir que su dinámica natural no suma nuevos habitantes, mostrando el menor índice de fecundidad de todo el país (0,97 hijos por mujer, frente al 2,1 necesario para el reemplazo generacional).

En ese contexto demográfico y migratorio, la llegada de personas indocumentadas por vía marítima supone un elemento cuantitativamente poco significativo, aunque continúa generando alarma e incertidumbre entre la población. Su propia manifestación y la atención que recibe por parte de los medios de comunicación hacen que centre el interés social y también institucional. En los últimos 25 años, desde que se comenzaron a registrar las llegadas, han accedido a las Islas por esta vía 101.968 personas (hasta el 31 de octubre de 2019).

No obstante, el grueso de esa cantidad se concentró en los años centrales de la anterior década. Entre 2002 y 2008 se contabilizó el 84,1% de las llegadas (85.741 personas), frente, por ejemplo, a las escasas 5.939 personas que se han registrado entre 2010 y el mes de octubre de 2019, con un ligero incremento en 2018 con respecto a años anteriores y la previsión de que 2019 ofrezca cifras un poco superiores al año anterior.

Se trata, por tanto, de un flujo permanente en la historia reciente del archipiélago, que sin embargo no ha derivado en el crecimiento significativo de la población africana residente: 37.493 habitantes en 2018, el 9,5% de la población de origen extranjero y el 1,8% de la población canaria, según las fuentes padronales.

En el contexto nacional, y tomando como referencia el año 2018, Canarias registró 1.307 llegadas por vía marítima, el 2,3% del país, a bordo de 69 embarcaciones (el 3,3%). Considerando lo que el Ministerio del Interior denomina ‘entradas de inmigrantes irregulares’, sumando las vías marítima y terrestre, el archipiélago recibió en esa misma fecha menor afluencia que la registrada en las costas peninsulares más Baleares, así como en Ceuta y Melilla de manera independiente. Por lo tanto, es mucho más utilizada la vía mediterránea por parte de este flujo migratorio. En buena medida, la intención de las personas que se desplazan es la de llegar lo antes posible al continente europeo.

Como antes se destacó, se trata de un flujo siempre activo procedente de puntos cercanos del vecino continente africano o de los territorios subsaharianos, mucho menos intenso y más controlado ahora que durante la década anterior.

Es una incógnita la cantidad de personas que ha perdido su vida en ese peligroso periplo migratorio, puesto que no todas las embarcaciones logran concluir su singladura. ACNUR cifró en 777 el número de personas muertas o desaparecidas en el mar en 2018, considerando los flujos que tenían como referencia las costas españolas. Un flujo que además incorpora a personas menores de edad, niños y niñas y hasta bebés, junto a mujeres embarazadas, lo que lo hace todavía más peligroso a esas edades tempranas.

En los últimos años, en el archipiélago se ha desarrollado un importante sistema de detección, recepción y gestión de los flujos de personas indocumentadas por vía marítima, a lo que se suma el trabajo en origen a partir de la relación entre el Estado español y los principales países emisores. Sistema no siempre exento de controversia por su cobertura, efectividad y mantenimiento, además del papel que desempeñan los Centros de Internamiento en el confinamiento de las personas que acceden a las Islas sin documentación. Con todo, recoge los aprendizajes que se han ido obteniendo en el periodo analizado y, particularmente, durante los episodios más excepcionales, caso del ocurrido en 2006.

Consideraciones finales:

La llegada de personas indocumentadas por vía marítima es un fenómeno que muestra carácter estructural en Canarias, imprevisible en cuanto a su expresión y con distintas intensidades a lo largo el tiempo, por lo que debe contemplarse de manera permanente su atención y adecuada gestión.

-Sus manifestaciones futuras serán siempre imprevisibles, aunque cada vez se dispone de más información sobre los territorios de emisión y de los propios flujos a escala general. El conjunto de factores que los impulsan pueden variar en poco tiempo y están sujetos a distintos tipos de elementos, desde los naturales hasta los socioeconómicos e institucionales.

-Es fundamental contextualizar su real dimensión en el marco más amplio de la movilidad geográfica de la población en el archipiélago, puesto que supone actualmente un fenómeno de limitada relevancia cuantitativa, aunque complejo en su gestión integral.

-Sigue siendo un fenómeno que genera un importante impacto social, por la incertidumbre que supone la reiteración de las llegadas y la idea generalizada de que buena parte de sus protagonistas se instalan de manera definitiva en las Islas.

-Es preciso seguir perfeccionando los dispositivos de detección, recepción y gestión de los flujos y, además, hacer mayor énfasis en la esfera de la acogida, trabajando también a nivel social para que su comprensión sea cada vez mayor. Para ello, sería adecuado rescatar el Foro Canario de la Inmigración, renovarlo e involucrarlo en el tratamiento de este tema.

-Los discursos públicos sobre este fenómeno deben ser moderados y pedagógicos, siendo fundamental en este sentido desarrollar una labor de información y formación especializada en relación con los actores clave: personas con responsabilidad política, medios de comunicación, cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, organizaciones vinculadas con alguna dimensión de la gestión de los flujos, etc.

-Las acciones que se impulsen en los sentidos apuntados deben contemplar la participación de personas residentes que hayan sido protagonistas de esta movilidad en algún momento, descendiendo su desarrollo a la esfera local, donde es posible llevar a cabo una labor positiva de comprensión del fenómeno y sensibilización social con perspectiva comunitaria.

 

(*) Vicente Zapata es geógrafo y profesor titular de la Universidad de La Laguna, director del Observatorio de la Inmigración de Tenerife y de diversos proyectos de innovación social.

 

Imagen: «El Océano es la frontera» (Vicente Zapata), finalista del concurso fotográfico «Migraciones Internacionales y Fronteras» (Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 2009).

La información del gráfico relativa a 2019 suma las llegadas habidas hasta el 31 de octubre. Fuentes: Ministerio del Interior y prensa especializada.

Para ampliar los contenidos de este documento se puede consular el Factsheet OBITen_02: Las migraciones marítimas irregulares: las islas en la red de rutas, elaborado por Dirk Godenau y Daniel Buraschi (2019). https://doi.org/10.25145/r.obitfact.2019.03

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