Africa 3.0

Namibia, la angustia de la sequía

Namibia se ha puesto de moda para el turismo europeo y la realidad es que lo merece. Es un país tan hermoso y variado como poco conocido fuera de África. En sus más de 800.000 kilómetros cuadrados, casi el doble que España, los contrastes entre las playas, los bosques frondosos y los áridos desiertos que ocupan la mayor parte de su extensión geográfica son únicos. Visitarlos lleva tiempo, pero cuantos los conocen quedan gratamente impresionados.

El país es rico en minerales –diamantes, uranio, cobre, plomo, etcétera– y en pesca. Pero la aridez de los desiertos –el de Namib y Kalahari– limitan hasta el extremo la agricultura, la actividad que ocupa a más del cincuenta por ciento de los poco más de dos millones de habitantes que refleja el censo. La agricultura es también la que proporciona alimentos, aunque insuficientes. La necesidad de alimentos tropieza con la escasez de lluvias que limita los cultivos.

La necesidad de importar comida frena la posibilidad de invertir en el desarrollo industrial que la economía reclama. Los índices de desempleo superan el treinta por ciento y la ayuda oficial a los parados es escasa. El turismo, que crece de un año para otro, está paliando esta situación, pero las sequías cada vez complican más la vida de las familias que trabajan la tierra, muchas sumidas en la pobreza.

El gran problema en Namibia es el agua, la escasez de lluvias que agosta el terreno y vuelve improductivo el ganado, cuando no lo condena a morir de hambre. En muchos poblados tienen que recorrer decenas de kilómetros para abastecerse de agua para beber y para darle a las vacas. Los ganaderos preparan comidas con madera triturada que mezclan con algunos hierbajos para que los animales se mueran. Con todo, la renta per cápita supera los diez mil dólares, lo cual demuestra que la riqueza está muy mal repartida.

El país, que fue colonia de Alemania y luego de Sudáfrica, consiguió su independencia en febrero de 1990. Desde entonces mantiene una envidiable estabilidad política. La SWAPO, el partido que luchó muchos años por librarse del yugo del apartheid sudafricano, gobierna desde entonces con moderación, libertad de prensa y pluralidad política. La autoridad máxima es el presidente de la República –en la actualidad Hage Geingob– que nombra al primer ministro, ahora mismo una mujer, Saara Kungongelse.

Los tres poderes están bien delimitados. El Legislativo es bicameral y la representación política incluye a senadores y diputados de la SWAPO y de los partidos de oposición. Es un país seguro con buenas comunicaciones dentro de lo que cabe esperar de una extensión tan amplia y en su mayor parte desértica. La capital, Windhoek, con poco más de doscientos mil habitantes, es una ciudad tranquila dotada de buenos servicios.

Entre los atractivos naturales que el visitante encuentra en Namibia destacan sus parques naturales. El más visitado es el Eloshe, uno de los más extensos del mundo y con la mayor variedad tanto de especies botánicas como de especies animales. Su frondosidad contrasta con la aridez de los desiertos próximos, cuya aridez, unida al pintoresquismo y la hospitalidad de sus dispersos habitantes, ofrece un atractivo muy especial para los que llegan de otros lugares menos exóticos.

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