América

Cuba: el mercado de cuatro caminos

El mercado de Cuatro Caminos es sin duda uno de los sitios más conocidos de La Habana, aunque los habaneros nunca lo llamamos así, todos decíamos la plaza de Cuatro Caminos.

Construido en 1920, abarca toda una manzana, las calles Monte, Cristina, Matadero y Arroyo servían de acceso a su interior, grandes columnas, amplios portales e inmensos ventanales le otorgaban aspecto de fortaleza. El tranvía transitaba por una de sus calles, además de varias rutas de guaguas, lo que hacía fácil el acceso de la población a dicho centro, cerca del puerto y frente a la terminal de trenes de 10 000 metros cuadrados, distribuidos en dos plantas con los mas diversos productos.

Apelando a mí memoria recuerdo la amplitud, iluminación y limpieza de aquel mercado, siendo niña ahí seguía. Admiraba cómo se edificaba en aquellos años y cómo esas construcciones han resistido el embate del tiempo, ciclones, huracanes y lo que es peor, la plaga que azota a Cuba desde hace 60 años, esa plaga que hace que todo se derrumbe el «socialismo tropical» (que ni es socialismo, ni nada que se parezca). Cada sábado mi madre acudía a hacer una gran compra. Mi hermano pequeño y yo íbamos con ella y por entonces ya en La Habana no existía el tranvía. La guagua era nuestra forma de llegar a lo que para nosotros era un paseo. Nuestro mercado era bonito y a los ojos de los niños resultaba divertido.

En la planta baja verduras había hortalizas, frutas, mientras que en la planta alta, a la que se podía acceder mediante tres anchas escaleras de mármol blanco y que se mantenían impecables con seis ascensores  cuyas puertas eran como rejas, podías comprar frijoles, arroz, café, azúcar, especies. Todas esas cosas que puedes necesitar en una cocina y mucho de lo que podías necesitar en una casa: cuchillos, tijeras, escobas, recogedores, manteles, paños de cocina, plumeros, puestos con flores frescas y hierbas medicinales.

En esa planta también estaban las carnicerías con todo tipo de carnes frescas y embutidos, pescaderías con pescado fresco y mariscos, pollerías donde podías llevar el pollo ya limpio, escoger de la jaula el que quisieras y te lo mataban, pelaban y limpiaban (eso no nos gustaba verlo). También había cafeterías con amplia oferta gastronómica y las que podías ir hasta los días festivos y estaban muy concurridas en horarios nocturnos, por sus precios asequibles y la buena calidad de lo ofertado, licorería, panadería y dulcería. Nuestro mercado nos permitía comprar pececitos de colores, pollitos, tortuguitas y juguetes.

Tenía un gran patio central y rampas para facilitar el acceso a los camiones que transportaban las mercancías. En 1959 algunas zonas pasaron a convertirse en almacén de productos comerciales, comenzaba el declive, en 1968 cerraron la planta alta por su deterioro. Entre 1983 y 1992 lo cerraron y abrieron varias veces, pero ya entonces los habaneros lo rebautizaron como «El Palacio de Las Moscas» con signos evidentes de abandono, suciedad, mala atención y poca oferta.

Llegamos a verlo así y la mayoría de los habaneros pensamos que lo perdíamos, pero resistió su estructura.

En 2016 comenzó su restauración para alegría de los habaneros y esta semana ha sido reabierto. Las «autoridades dirigentes» y miembros del partido comunista de Cuba fueron los invitados a esa reapertura.  Mientras, el pueblo habanero miraba desde lejos. Por supuesto todo se convirtió en un acto político, porque el mercado es » obra de la revolución». No hay nadie que reescriba la historia mejor que los Castro, según nos explican los «queridos dirigentes» este mercado supera con creces al original, confieso que no lo he visto personalmente, sólo en vídeos pero dista mucho de la maravilla de 1920, intentaron salvar el exterior y el reloj, pero el interior es como un centro comercial moderno, le falta el encanto.

Aquí se puede apreciar el «acto» para inaugurar nuestro mercado: camisas rojas, himno nacional… La verdad es que los cubanos nos preguntamos que tiene que ver en un mercado el boniato, la yuca, las piñas y los electrodomésticos con nuestro himno. Pero así es este sistema, para todo se canta el himno y hay que pararse en atención, todo muy militarizado. Al final estas cosas absurdas caen en la ridiculez y mueve a risas. En este vídeo se pueden apreciar los elevados precios, parecían inalcanzable para los ciudadanos:

 

Una vez que los «dirigentes» contemplaron su obra y la disfrutaron (supongo que algo les regalaron), cerraron las puertas y apagaron las luces y el pueblo podría entrar al mercado al día siguiente. Pero mostraré como son los mercados para nuestro pueblo, sólo voy a mostrar este vídeo, pero hay cientos que pueden verse en youtube.

Sucios, desabastecidos, caros, mala atención, largas colas para lo poco que ofertan, por lo que abrir un mercado abastecido con productos que hace meses y quizás años que la población ni los ve, el gobierno debió prever que ocurriría, esto fue lo que ocurrió.

En principio los habaneros intentaron organizarse en cola, ya son tan habituales para todo, que basta con que dos personas se paren una detrás de otra y se hace la cola, » quién es el último » la frase más usada en Cuba, era imposible organizar la entrada, no pudo ni la policía, intentaban bajar las rejas y la muchedumbre las abría. Pero lo destacable es que la venta estaba regulada, no podías comprar la cantidad que querías. Al final pasa lo de siempre, detenciones y represión.

Mientras que dentro, los que habían logrado acceder al centro pasaban por esto, ese mismo día el CIMEX empresa encargada de la dirección del mercado anunciaba que lo cerrarían hasta nuevo aviso.

La televisión cubana anunció que se reabría el mercado, que sufrió daños por valor de unos 7 mil dólares en su primer día de ventas. Entre lo roto y lo robado, ya sabemos que esos daños se los van a cargar a los detenidos. Sobre todo a los periodistas independientes por mostrar lo ocurrido.

Esta segunda apertura ha sido más tranquila, también ha contado con mucha más presencia policial y menos compradores por la mala experiencia vivida el primer día. Ya veremos cuantos días se mantiene limpio y abastecido, ojalá que nos dure por el bien de todos. Nos encantaría que La Habana volviera a ser como era.

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