3.0 Opinion

Entre ellas y yo

Aquel día me lo tropecé en la calle. Cuesta arriba, bajaba a un ritmo constante, mirando hacia el suelo y hacia atrás, con pasos rápidos y firmes. Sus ojos quedaban ocultos tras unas gafas de sol enormes: sobresalían por todos los lados posibles. Parecía nervioso, como si huyera de su propia sombra. Al menos, eso parecía. De lo que sí estaba seguro es de que no se fijaba ni por dónde iba ni con quién tropezaba: chocaba con cualquiera que pasaba por delante. Uno de los choques terminó por tirarle al suelo. A mí también.

Aquel día me lo tropecé en la calle. Cuesta arriba, bajaba a un ritmo constante, mirando hacia el suelo y hacia atrás, con pasos rápidos y firmes. Sus ojos quedaban ocultos tras unas gafas de sol enormes: sobresalían por todos los lados posibles. Parecía nervioso, como si huyera de su propia sombra. Al menos, eso parecía. De lo que sí estaba seguro es de que no se fijaba ni por dónde iba ni con quién tropezaba: chocaba con cualquiera que pasaba por delante. Uno de los choques terminó por tirarle al suelo. A mí también.

–        Disculpa, no te había visto.

Ya no tenía gafas que pudieran esconder su mirada. Expresivo, su mirada se escondía entre las ojeras bajo sus ojos, mostrando más su cansancio que su brillo. Ennegrecidas, como las de un hombre que ha sufrido mil historias. Además, sus facciones, bien marcadas, le hacían una persona digna de ser retratada por cualquier escritor. La prosopografía sería espléndida….

Nos levantamos.

–        Perdona, no andaba muy centrado en mis pasos.

–        Yo tampoco.

Quietos ambos, su cuerpo no dejaba de moverse, subiendo y bajando las rodillas. La cabeza tenía intenciones de escaparse para retroceder: no dejaba de echar la vista atrás. Miraba al fondo, al suelo. Estaba nervioso. Muy nervioso. Despreocupado, se había olvidado hasta de ponerse las gafas. Sus ojos no dejaban de parpadear con fuerza. Un tic nervioso… Podría estar pasado de pastillas.

–        ¿Estás bien? Parece que buscas algo tras de ti.

–        No mucho. Pero no busco a nadie. Ya las he encontrado. Están ahí, ahí mismo. Como siempre, persiguiéndome. ¿No las ves?

Puede que no crean lo que voy a decir, pero no había nadie. La calle en la que, intencionadamente, me había chocado con él, estaba desierta. Únicamente estábamos él y yo. Nadie más. O al menos, eso creía yo.

–        Pues no, la verdad. No veo a nadie…

–        Son muy escurridizas, sí. Es difícil para otros verlas, pero yo las veo a cada instante. Con cada paso, ahí están. La verdad es que he intentado alejarme, huir de su continua caza para dejar de sentirme preso. Aún me siento así. Son más listas que yo, pesan más en mí de lo que realmente pesan. La única solución que concibo para que desaparezcan es ser más rápido que ellas: no parar de caminar. Por ahora no me ha funcionado, pero estoy seguro que lo conseguiré. Desaparecerán.

Las opciones en mi cabeza barajaban desde un alcoholismo extremo hasta que consumía las peores drogas en venta. Por más que miraba, no había mujeres a su alrededor. Miré las ventanas, las puertas y las alcantarillas. Nada…

Quizás, sencillamente, estaba loco.

–        Señor, creo que necesita ayuda. Si lo necesita, podría…

Me interrumpió.

–        No te pienses que es el primero que se piensa que estoy loco. Tampoco me drogo, ni padezco alguna enfermedad. Sé que lo piensas, como todo el que me ve. Y como todo el que me ve, tampoco ve lo que yo. ¿Ha vivido usted mi vida? No. Mi vida la he vivido yo: he sonreído y llorado yo. Y hoy, esas que me persiguen, me recuerdan con cada paso lo vivido. Lo que fue y ya no es. Lo que es y nunca creí que fuera. Todo lo anterior. E, inmediatamente al siguiente paso, me muestran mi futuro inmediato. Segundo a segundo. Tranquilo: no busco que lo entiendas. Esto es entre mis huellas y yo. Cuando ellas me dejen de seguir, cuando consiga perderlas de vista… podré frenar. Se quedarán atrás, y podré seguir tranquilo. Lo primero que haré será parar, que ya lo necesito. Gracias por el interés. Buenos días y buena suerte.

Se fue sin más, dejándome con mi ‘suerte a ti también’ en la boca. Miré hacia atrás: él seguía corriendo, mirando hacia atrás, sin esquivar los obstáculos…

Miré el suelo. Allí estaban las mías.

Comencé a correr.

@arunchulani

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