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Víctor Calero: “Imeldo y Epifanio ya son mis dos abuelos adoptivos”

Ese día maldito, el 30 de diciembre de aquel año, 30 personas de diferentes nacionalidades perdían la vida en el carguero noruego Berge Istra. Los 315 metros de eslora del buque no soportaron tres explosiones que acabaron con él en tres minutos, un accidente que sólo dejó dos supervivientes: Imeldo y Epifanio, ambos tinerfeños y hoy con vida. A bordo de una balsa salvavidas, naufragaron durante 20 días hasta que fueron rescatados. 38 años después, el barco resucita de la mano de Víctor Calero, de 26 años y licenciado en Comunicación Audiovisual por la Universidad Complutense de Madrid. Calero es el director del documental Los náufragos del Berge Istra. Se trata de un proyecto difícil, de gran responsabilidad, con el que Calero quiere que la gente sepa qué es lo que sucedió en el carguero noruego. En memoria de todos los fallecidos, su principal objetivo es que ese naufragio no quede en el mayor de los olvidos.

Víctor Calero, durante la charla. / Rafael Avero

Víctor Calero, durante la charla. / Rafael Avero

Ese día maldito, el 30 de diciembre de aquel año, 30 personas de diferentes nacionalidades perdían la vida en el carguero noruego Berge Istra. Los 315 metros de eslora del buque no soportaron tres explosiones que acabaron con él en tres minutos, un accidente que sólo dejó dos supervivientes: Imeldo y Epifanio, ambos tinerfeños y hoy con vida. A bordo de una balsa salvavidas, naufragaron durante 20 días hasta que fueron rescatados. 38 años después, el barco resucita de la mano de Víctor Calero, de 26 años y licenciado en Comunicación Audiovisual por la Universidad Complutense de Madrid. Calero es el director del documental Los náufragos del Berge Istra. Se trata de un proyecto difícil, de gran responsabilidad, con el que Calero quiere que la gente sepa qué es lo que sucedió en el carguero noruego. En memoria de todos los fallecidos, su principal objetivo es que ese naufragio no quede en el mayor de los olvidos.

¿Cómo le llega la historia de Imeldo y Epifanio, los náufragos del Berge Istra?

“Estaba haciendo un trabajo para la universidad y buscaba en la hemeroteca de ABC cuando me tropecé con la noticia sin querer. Recuerdo el titular… Era algo así como ‘El hundimiento del Berge Istra: los únicos supervivientes, dos españoles’. Seguí leyendo y vi que eran dos canarios. ¡Ay! ¿Dos canarios? Una cosa llevó a la otra. Empecé a investigar un poco más y vi que ambos eran de Tenerife. Luego descubrí que los dos seguían vivos: uno vivía en Punta del Hidalgo [La Laguna] y otro en Taganana. Así que me puse en contacto con ellos. Poco a poco me fui ganando su confianza, lo que fue bastante complicado al principio. Muchas charlas, una carne con papas en casa Ramiro, un vasito de vino, charlas de pesca y agricultura [se ríe]. Después de todo, la verdad es que me llevo muy bien con ellos. Tenemos mucha confianza: ya son mis dos abuelos adoptivos”.

 

Pero ¿qué tiene esta historia para querer hacer un documental con ella?

“Hombre…, está claro. Yo creo que es una historia de supervivencia, de superación… También de fe; no solo de fe religiosa, sino de fe en la vida. Es una historia, como digo yo, que, a través del documental, puede ser una balsa, un salvavidas para poder ayudar a otras personas. Ya ha ocurrido en otras ocasiones que el testimonio de una persona ha ayudado a gente, ¿no? No sería la primera vez. Este testimonio es de esos, de los que hay que contar. De todos modos, les dije con claridad que eran libres de contar o no contar esta historia, aunque para mí es un deber. Ni los testimonios ni la historia del Berge Istra pueden quedar en el olvido: deben mostrarse y que la gente los conozca”.

 

No es la primera vez que dirige un audiovisual. ¿Qué diferencias ha encontrado al realizar este trabajo?

“Había realizado algunos trabajos: cortometrajes…, algún documental por encargo, pero jamás había tenido esta libertad tan grande. La libertad de dirigirlo, de escribir el guión y de poder llevarlo a cabo. Supe que quería hacerlo desde que conocí la historia. El documental es muy libre: quizás esa libertad, a veces, es complicada. El cine tiene sus reglas, sus reglas de montaje, y hay que hacerlo así para que se entienda. Pero el documental es más amplio, lo que es bueno y malo. Hay que buscar la clave para que la historia sea lo más atractiva posible con el montaje, la música… Vamos, que estén a la altura de la historia, sin exagerar tampoco. Siempre he pensado que las grandes cosas, las grandes historias, se cuentan de manera sencilla. Y eso hemos hecho, jugando con tintes cinematográficos muy sutiles y sin dejar nunca la palabra de don Imeldo y don Epifanio. No ha sido nada fácil, sobre todo sin medios económicos, sin grandes equipos…”

 

Cartel del documental. / DA

Cartel del documental. / DA

¿Y cómo se hace un documental con cero de presupuesto?

“He aprendido muchísimo, la verdad. Echarse a la espalda un proyecto tan grande origina una gran responsabilidad. He conseguido hacerme un pequeño equipo y hemos repartido esa carga entre todos. Aun así, fue complicado. Cuando uno dispone de medios económicos y técnicos, todo es mucho más sencillo. Nosotros, con lo que teníamos, lo hemos hecho con calma, con paciencia, sabiendo que, tarde o temprano, se iba a realizar. Como las hormiguitas, ¿no? Así se suele decir. Yo me quedo contento por demostrar… Bueno, tampoco ha sido un proyecto para demostrar nada a nadie…, pero sí, un poco sí, para qué mentirnos. Con esto llega a la gente que una gran historia se puede oír sin contar con grandes medios”.

 

Hablando de medios… ¿Con qué equipo audiovisual contó? ¿Y en lo que respecta al equipo humano? Su cortometraje Nudos en la sábana tenía como actores a familiares, vecinos… En esta ocasión, ¿cómo escogió a los protagonistas de la historia?

“Conté con dos cámaras HV, una Sony Z1, micros de corbata… Pero fue importantísimo el equipo humano: el ambiente de fotografía, sonido, producción, dirección… Bueno, aunque yo hacía dirección. La cuestión es que uno no puede crear un amplio equipo de trabajo con una historia tan íntima y tan delicada como esta. Más cuando nos tenemos que meter dentro de una barca, una falúa de madera. Si meto a 20 personas, se hunde. Necesitaba un equipo mínimo, pero eficaz. Sobre los protagonistas, algunos me decían: ‘¿Por qué no usas actores para la recreación de lo que sucedió?’. A ver…, si quiero hacer una reconstrucción de dos náufragos que estuvieron 20 días a la deriva en una balsa de 1,80 por 1,80 metros, con miedo, pasando hambre y sed en días de lluvia y tormenta…, o me hablo con Robert de Niro y Al Pacino o los actores tienen que ser muy, pero que muy buenos. Y ni así, porque, por muy buenos que sean, nunca conseguirán transmitir la sensación que llegaron a tener en alta mar los verdaderos protagonistas. Pensé: ‘¿Para qué les voy a quitar protagonismo a los propios Imeldo y Epifanio si están vivos?’. Además, los dos en cámara atraen la atención del espectador. Son dos personas rudas, fuertes. Sus rostros, rostros de trabajadores, marcados. De gente de aquí, de campo, de pesca. Quizás el riesgo del documental haya sido que ellos recrearan los hechos que vivieron. Bueno, es que yo no hago trabajos si no me arriesgo un poco, que, si no, no me divierto. Eso sí, su interpretación, de forma muy sutil. Ellos no tienen dotes de interpretación. Pero eso será lo que deje a la gente inquieta. Creo que es un documental interesante por eso mismo”.

 

¿Cuál fue el escenario escogido para el documental? ¿Sólo el mar?

“Sí, y en la Punta. Grabamos todo en Punta del Hidalgo. Un orgullo entonces para Imeldo… Claro, orgulloso él, que es de la Punta. Además, contamos con la cofradía de pescadores de allí. La verdad que nos ayudaron muy amablemente. Nos dejaron hasta barcos. Todo se desarrolló allí, simulando que ellos estaban en alta mar. De hecho, se hizo en la misma balsa en la que ellos estuvieron los 20 días a la deriva. ¡Conservan la misma balsa! La fiesta del Carmen también tuvo que ver: el orgullo de todos los punteros. Conseguimos grabar la balsa con Imeldo y Epifanio, en medio de todo ese jolgorio y caos que se origina a veces. Quedó muy bonito. Sobre todo por meter un poco al pueblo, ¿no? Dentro del documental están los testimonios de ellos dos… Sí, testimonios de los dos, con el mar siempre presente. Y los roques de Anaga, por supuesto”.

 

¿Qué ha significado para usted Imeldo y Epifanio?

“Imeldo y Epifanio han sido mis dos maestros. Como digo yo, el ying y el yang. Ambos son enérgicos en su medida. Y los dos juntos…, que uno no puede vivir sin el otro. Quizás esa haya sido la clave de su supervivencia. Me han ayudado mucho, sobre todo para tomarme la vida con otra tranquilidad y para descubrir que no hay que quejarse ni enfadarse por tonterías. Después de conocer a dos personajes que han sobrevivido a ese naufragio y que estuvieron en el abismo, como se dice…, al borde de la muerte, uno tiene mucho que aprender, y yo, por suerte, he aprendido muchísimo de los dos. Muchísimo…”

 

¿Pretende exhibir este documental en festivales nacionales, como usted hizo con anteriores cortometrajes?

“Yo siempre voy poco a poco. No me gusta ir más allá de lo que tengo delante, pero, por supuesto, que sí. Ahora el documental está acabado. Lo primero que quiero hacer es estrenarlo. Será el día 31 de enero, viernes, a las 19.00, en el Centro Ciudadano de Punta del Hidalgo. A raíz de ese estreno, nuestra intención es moverlo por diversas salas de la isla y luego por toda Canarias, Península. Poquito a poco, que se vaya extendiendo. Hay que subtitularlo al inglés, para que no sea únicamente una historia de ámbito local. Y que la historia no quede en el olvido. Detrás de Imeldo y Epifanio hubo un buque carguero que se hundió; un barco en el que murió gente. Era una tripulación de 32 personas, de las que 30 murieron. De los 30, 10 eran canarios. Este documental es en memoria de todos los fallecidos en el buque Berge Istra: para todas sus familias y con el máximo respeto”.

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