Cultura

Diego Navarro: “Componía a escondidas, de noche, cuando todos estaban acostados en casa”

Entrevista con el compositor tinerfeño, director de orquesta y fundador y responsable de Fimucité
Esta entrevista, realizada en Santa Cruz de Tenerife a finales de diciembre de 2013, casi ha costado tanto trabajo como la composición de una sinfonía de las buenas, de las que se venden con nota de diez en tiendas especializadas en música clásica. Ha sido una charla inmensa, necesaria y emocionante. Concebida para transformarse en un texto divulgativo, en retazos encadenados sobre la auténtica historia vital del aún joven tinerfeño Diego Navarro, lo más próximo a un genio de la música que el que escribe ha visto a pocos centímetros de su cara, también es un homenaje a la trayectoria artística del fundador y director del festival de música para el cine Fimucité (creado con éxito en Tenerife, en 2007), además de compositor y director de orquesta.

Entrevista con el compositor tinerfeño, director de orquesta y fundador y responsable de Fimucité

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 Diego Navarro, en una foto de Jesús Bilbao.

Esta entrevista, realizada en Santa Cruz de Tenerife a finales de diciembre de 2013, casi ha costado tanto trabajo como la composición de una sinfonía de las buenas, de las que se venden con nota de diez en tiendas especializadas en música clásica. Ha sido una charla inmensa, necesaria y emocionante. Concebida para transformarse en un texto divulgativo, en retazos encadenados sobre la auténtica historia vital del aún joven tinerfeño Diego Navarro, lo más próximo a un genio de la música que el que escribe ha visto a pocos centímetros de su cara, también es un homenaje a la trayectoria artística del fundador y director del festival de música para el cine Fimucité (creado con éxito en Tenerife, en 2007), además de compositor y director de orquesta. Navarro, apasionado, emocionado, vital y buena gente, no para de hablar y de cambiar gestos acordes a sus sentimientos durante el va y viene verbal. Ha conseguido aterrizar donde quería, pero no le ha resultado nada fácil. Poco comprendido por su gente más cercana al principio, su claridad mental y su seguridad en lo que de verdad quería hacer y en lo que seguro que deseaba triunfar lo han llevado a un trono que se tiene bien merecido. En aquella charla de diciembre pasado, a pocos pasos de su residencia actual en la capital tinerfeña, en el entorno de la plaza de Los Patos, Navarro se hartó de detallar experiencias, sufrimientos y alegrías, y nunca esquivó la pregunta incómoda, curva. A base de hablar y hablar, con calma y con olores a barraquito y a menta poleo, se ha montado esta historia, que es la de un niño que siempre supo que en la música se hallaba el alimento de su existencia. Es la historia de una superación, de la verdad, del esfuerzo continuo y honrado que se remata con un premio inevitable. Aplausos desde aquí para Diego Navarro, por casi todo, por su contribución al arte y a la cultura, y desde Tenerife.

Me acerqué a los instrumentos porque estaba escuchando música en mi cabeza continuamente… Me di cuenta de que no es que llegara a ser incómodo, sino que en ocasiones llegaba a ser preocupante”

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 Imagen de Jaques Mezger para Fimucité.

La idea inicial para esta entrevista es que usted pudiera explicar de manera más o menos sencilla cómo ha sido su evolución en la música, desde los años de intensa formación en la juventud hasta el arranque del proyecto de festival Fimucité y el desarrollo de otras iniciativas cerradas con éxito. ¿Cómo han sido esos años?

“Se han vivido muy, muy, muy intensamente. Se han vivido muy intensamente porque no ha sido un camino fácil. Ha sido un camino difícil, en el que ha habido que superar un gran número de obstáculos que siempre he tenido por delante. He aprendido muchísimo, sobre todo de las experiencias vividas, que han sido tremendamente intensas. Yo fui un caso bastante prematuro. La música ha estado en mí, en mi cabeza, toda la vida, desde que era pequeñito, y eso digamos que ha marcado mi viaje desde siempre. En casa, mi padre, Lorenzo Navarro, de profesión aparejador y que también estudió en la escuela de comercio, era un excelente pianista. En casa estábamos acostumbrados a que él amenizara con Cole Porter y otros grandes músicos de la época. Además fue el fundador de uno de los primeros grupos de jazz de Canarias, los Melody Boys, nombre típico de los cincuenta. Fue un quinteto estupendo de jazz. Mi madre, Arecia Reyes, estudió canto en el conservatorio, y fue alumna de Matilde Martín, la famosísima soprano de aquí que se hizo famosa en la zarzuela española. Bueno…, tanto mi padre como mi madre dejaron sus estudios musicales por convenciones de la época, las típicas y clásicas: por cuidar a la familia, en el caso de la mujer, y en el caso del hombre, pues por tener que trabajar para mantenerla. Somos cuatro hermanos, Lorenzo, Arecia, Esther y yo, que soy el más pequeño. Todos tienen carrera universitaria, pero, digamos, mi caso fue una cuestión inesperada, porque, sin recibir ningún tipo de estímulo extra, sino el de escuchar a mi padre unas cuantas veces al año tocando el piano en casa, pues… eso me bastó. En mi casa había un piano y mi hermano tocaba la guitarra y la batería de forma amateur. Es un excelente músico, al que siempre estoy animando para que algún día salte al escenario. En aquel momento me acerqué a los instrumentos porque estaba escuchando música en mi cabeza continuamente. Y hubo un punto en el que me di cuenta de que no es que llegara a ser incómodo, sino que en ocasiones llegaba a ser preocupante, y de hecho me preocupaba mucho. No entendía nada, era muy pequeñito. Hay una anécdota que ya he contado, que está publicada y que transcurre durante esos años de explosión creativa brutal, yo estudié en el Colegio Alemán de Santa Cruz. De mi casa al colegio, tardábamos unos 20 minutos caminando. Yo me iba auto-amenizando. No necesitaba walkman alguno, sino que iba escuchando en el archivo digital la música de los grandes maestros, en mi cabeza. Muchas veces era música para cine, como John Williams; otras clásica, con Mozart, por ejemplo. Recuerdo el grado de realismo de todo lo que escuchaba en mi cabeza, que sigue siéndolo. Recuerdo que era asombroso, de tal forma que, cuando lo escuchaba por los auriculares, no sentía apenas diferencia; sabía que eran dos tipos de percepciones diferentes, pero no notaba diferencia. En aquellos momentos, era muy pequeño, y había un montón de conceptos que no había identificado aún. Pero sí hubo un caso que recuerdo: estuve a punto ser atropellado en un paso de peatones porque iba absorto con la música. Me pasó varias veces. Recuerdo el punto exacto: el paso de peatones que está en la esquina de la iglesia del Sagrado Corazón, en mi ciudad. No me paraba cuando estaban los semáforos en rojo; es decir, aquello de alguna manera me poseía. El mío fue un caso de superdotación musical prematura, muy duro de asimilar, porque en mi casa produjo una convulsión. Quiero decir que esta situación no se pudo gestionar bien. En aquella época, todo lo relacionado con la psicología infantil aún estaba en paños menores. Hubo que utilizar, de alguna manera, un encantamiento familiar importante. Digamos que se optó por la callada acerca de cómo iba a evolucionar, y con miedo”.

Y eso a pesar de que en su familia se había besado la música. Pero ya veo que eso no fue suficiente para entender aquella especie de locura…

“No, no fue suficiente. Yo, ahora que soy padre, puedo entender perfectamente los miedos de los padres con respecto al futuro de sus hijos, sobre todo si percibes que la cuestión puede decantarse por ámbitos no tan tópicos, tan usuales, como estudiar Empresariales, Económicas, en una escuela de negocios… Entiendo el miedo que pudieron sentir.”

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 Retrato hecho por Rafael Avero.

Mi padre me dijo: ‘Hijo, para llegar a vivir de esto, tienes que ser el número uno’. Esta frase me marcó mucho y me metió mucha presión”

 

Eso mismo le iba a preguntar. ¿Igual en el seno familiar existía cierta preocupación o se había asimilado que con la música a buen sitio usted no iba a llegar, al menos en lo que se refiere a hallar la dirección profesional correcta para ganarse bien la vida? Parece que se equivocaron.

“Exacto. En mi casa se sufrió mucho con esto. Mi madre y mi padre lo pasaron muy mal. Mi padre, en particular; recuerdo que me decía: ‘Hijo, para llegar a vivir de esto, tienes que ser el número uno’. Esto me marcó y presionó mucho. Desde luego, no fue una gran frase de coach porque imprimió y condicionó muchísimo un montón de cuestiones. Mi padre era un fantástico pintor; pintaba sobre todo al óleo y, de hecho, hay una cosa que tengo pendiente: organizar una exposición con sus cuadros. En casa compartíamos una habitación que era el comedor, y ésta se convirtió en el estudio de él y mío. Era muy curiosa la visión de la habitación con una mesa grande al centro rodeada de lienzos, oliendo a aceite de linaza, llena de pinceles, libros, y luego mi pequeño estudio, el primero que tuve. Llegó un momento en que solté la bomba nuclear en casa, y dije que me iba de Derecho. Me matriculé en Derecho en la universidad. La universidad no le costaba nada a mis padres porque me becaban por las notas, lo cual era perfecto, pero, en segundo de Derecho, un día en clase de Derecho Penal y estudiando el tipo de injusto en el derecho, un ladrillo que forma parte del temario de Derecho Penal en el primer curso, me acuerdo de que, mientras los demás cogían apuntes de Derecho Penal, yo componía en un papel pautado el segundo movimiento de una sinfonía de cámara que entonces estaba escribiendo. En aquel momento me detuve y me di cuenta de que era absurdo y de que no tenía ningún sentido seguir. Sufrí un periodo de lucha terrible, puesto que veía que en casa había una preocupación tremenda. Componía a escondidas, de noche, cuando todos estaban acostados en casa. En el segundo curso, con el dinero que me dieron de la última beca, sin contar con mi familia, invertí en la compra de un sintetizador Roland JV-30 y de un secuenciador también Roland de segunda mano que parecía una caja registradora de supermercado. Aún los conservo. Cuando en mi casa me vieron aparecer con eso, fue como el sellazo mío. Era como una especie de exilio con la música en mi propia casa. Hubo una anécdota de cine en el año 1995. Recuerdo que yo necesitaba ese golpe de Estado que organicé en casa. Digamos que públicamente había que mostrar a todos que aquello era lo mío, que sin la música no era yo. Esto lo unimos a la clásica idea de que en la juventud se hacen cosas sorprendentes y un poco surrealistas. Me acuerdo de que creé una orquesta y empecé a hablar con amigos del conservatorio (violinistas, violas, chelistas, contrabajos, viento de madera…). En aquel momento, se intentó crear un proyecto que con el tiempo desapareció: un conservatorio privado, aquí, en Santa Cruz. Hablo del año 1995. Entonces aquel proyecto orquestal, que surge de forma espontánea y de una serie de amigos que se unen a hacer música, se consolida y me veo llevando aquello de repente. Me planteo crear un programa, encargo y compro las partituras y decidimos organizar un concierto. Todo esto a escondidas de mis padres. Ellos no sabían absolutamente nada. Yo los cito el 27 de diciembre de 1995 en la iglesia de San Francisco de Asís, y al día siguiente, el 28, en la Peña de Francia, en Puerto de la Cruz. Básicamente, el programa era el concierto para violín y orquesta de J. S. Bach en La menor BWV 1041, y una sinfonía en La mayor de Juventud, de las sinfonías tempranas de Mozart para orquesta de cámara, la nº 14 en La mayor, KV 114. Aquello, paradójicamente, después de un arduo trabajo de un par de meses consigue sonar bien. De hecho, pensando en una orquesta formada por estudiantes y algún que otro profesional como músico de refuerzo, terminó sonando sorprendentemente bien… De hecho, está grabado y filmado. Me preocupé de que así fuera y conseguí que me prestaran equipo para hacerlo: micrófonos, un antiguo DAT que grababa en digital. Tuve que gestionarlo todo, hasta el transporte de la orquesta y los instrumentos hasta Puerto de la Cruz. Todo lo tuve que conseguir yo, y ¡a última hora! A pesar de que era lo único que el conservatorio privado tenía que hacer, no lo hizo, y me vi con toda la orquesta en el hall del edificio, todos vestidos con ropa de concierto, esperando un par de horas antes de que empezara la actuación. ¡Estaba de los nervios! Tuve que improvisar sobre la marcha y empezar a hacer llamadas a diferentes empresas de transporte de la Isla, hasta que, milagrosamente, conseguí un autobús que nos llevó al Puerto. Llegamos mucho más tarde de lo previsto. ¡Recuerdo que el corazón se me salía por la boca de los nervios! Una vez aterrizamos en el lugar, empezamos a montar toda la orquesta, las sillas, los atriles. Me vestí de esmoquin y salí a la plaza de la iglesia a hacer de comercial, invitando a todos los extranjeros a que se animaran y disfrutaran del concierto. Todo se animó más cuando, minutos más tarde, los extranjeros comprobaron que el comercial que les había vendido la idea de que entraran a disfrutar de la actuación era el mismo individuo que estaba dirigiendo la orquesta. Recuerdo las caras de sorpresa. Ambos conciertos fueron un éxito. El público en pie al terminar. Los dos, como le cuento, están filmados y grabados. Algún día me animaré a subirlos a YouTube. Días antes, aproximadamente dos semanas, a escondidas y en mi casa, en esas noches en las que todos están dormidos, compongo una obra que decido estrenar. Era Navidades, descubro el texto clásico Veni creator spiritus, utilizado mucho en la historia de la música, y entonces, en cuatro noches, porque no tuve más tiempo, compongo una obra para orquesta clásica, coro mixto y cuatro solistas. Uno de ellos, la contralto, era la que hoy es una grandísima amiga, Cristina Farrais, mi actual maestra de coro y una de las mejores personas que he conocido. Como te iba contando, consigo incorporar a los solistas, convenciéndolos, hablándoles de la obra, de que iba a ser un estreno, etcétera. Ahora en la faceta de productor, que ya estaba desarrollando a base de buscarme la vida, porque no había nadie más que lo hiciera. Ensayamos la obra. El coro era fantástico, el Cantata Nova se llamaba, dirigido por un maestro de coro extraordinario que aún continúa realizando una fantástica labor: Antonio Abreu. Cuando recuerdo la obra, ahora mismo, mi Veni creator, me sorprende porque tiene unas influencias clásicas tremendas, muy mozartianas. La obra dura 5-6 minutos, pero evoluciona de manera sorprendente con un final que concluye con un intenso solo de timbales. Se convierte en algo muy cinemático. Es decir, pasa de sonar a Mozart a terminar sonando a música de cine. Era una obra experimento porque la cabeza en aquel momento estaba en plena ebullición. Buscaba fórmulas para tratar de evolucionar. Total, que cito a la familia. No sabían nada, sólo que iban a un concierto. No les doy detalles. No se imaginan que yo estoy detrás de todo aquello. Entonces, de repente, ven aparecer a todos mis compañeros y a mí, en esmoquin, flaquísimo y jovencísimo, con una batuta que todavía conservo y sigo utilizando. Finalmente, interpretamos el concierto de Bach, la sinfonía de Mozart y el estreno de mi obra: el Veni creator”.

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 En el festival FMF de Cracovia (2009).

 

¿Esa fue su primera dirección en público?

“No, hubo una anterior, en 1994, en la Escuela de Náutica, en Santa Cruz, durante la celebración del patrón de los marinos. Nos invitaron a participar y ahí dirigí el segundo movimiento de la sinfonía que estaba componiendo en Derecho. Sólo el segundo, porque la obra entera era demasiado compleja técnicamente para que la pudiera tocar la orquesta. Fue la primera vez que dirigía algo en público. Ésta es la primera grabada y creo que está filmada también”.

¿A partir de ahí hicieron las paces?

“Sí, digamos que ese fue el golpe de Estado. Todos estaban muy orgullosos y tremendamente sorprendidos, como en estado de shock”.

¿Se reivindicó con fuerza y ganó la partida?

“Sí. Hubo una anécdota que recuerdo con mucho cariño de mi hermano Lorenzo, que se me acercó ilusionado y muy sorprendido al terminar el concierto, por fuera de la iglesia, y me dijo que Bach había sido fantástico; que la sinfonía de Mozart maravillosa, pero que con lo que se había quedado muy fascinado era con la última obra. Me preguntó de quién era. Le dije: ‘De tu hermano’. No entendía nada. Mi hermano se quedó como bloqueado, miró hacia otro lado y ambos continuamos recibiendo felicitaciones de amigos y público que había asistido al concierto. No se esperaba mi contestación. Ése fue el golpe de Estado familiar, en el buen sentido, y permitió que las tornas cambiaran. A partir de entonces hubo un punto de inflexión impresionante y apoyo, por lo menos en lo moral. En aquel momento, y como siempre me fascinaba el cine, sobre todo la relación cine-música e imagen-música, tenía bastante claro que en algún momento iba a comenzar a experimentar con ese lenguaje”.

Una cosa importante: esa etapa un pelín más dura, donde no se llega a entender muy bien su devoción por la música, ¿esa travesía la hace solo o se apoya en algún amigo?

“Sólo hubo una compañera, de esos amores de juventud, de post-adolescencia, que me acompañó durante ese tiempo. Ella fue la que además me matriculó en solfeo en el conservatorio. Es algo que le tendré que agradecer toda la vida. Pero realmente estuve solo. Fue una etapa muy dura porque me sumí en una depresión tremenda al ver que estaba solo a pesar del amor por la música que existía en casa. ¿Cómo era posible que el miedo colapsara esta cuestión? Fue un camino terrible y muy difícil: la superación de tener que tirar solo de la carreta. Mi hermana Esther jugó un papel muy importante escuchándome al principio e intentando que mis padres me apoyaran. Al final, tras años de lucha, todos lo entendieron. Mi hermano y mi madre me ayudaban a pagar las clases de piano y se me escuchaba algo más en casa, pero fue un proceso largo, complicado y difícil: muy complejo. En 1999 llegó alguien excepcional a mi vida, mi mujer, una persona irrepetible que apostó y creyó en mí. Lo cambió todo para siempre, incluido el miedo familiar con mi futuro. Todo el que me conoce de aquel momento y ha visto después la evolución que hubo… De esa gente recibo sonrisas muy bonitas y sinceras, refrendando el ‘cómo te lo has currado…”

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 Foto de R. A.

 

A partir de 1995, cuando usted hace las paces con el entorno familiar, ¿en qué momento se dice eso de “empiezo a tener lo que he querido lograr”? ¿Cuándo siente Diego Navarro que toda esa parte sufrida se convierte en algo que explosiona, en algo que ha merecido la pena?

“Antes de contestar a esto, me gustaría añadir que, anterior a aquella etapa, en la época del Colegio Alemán, yo me acerco a un primer instrumento, la guitarra, en un concurso de música clásica que, de hecho, se sigue celebrando en todos los colegios alemanes de Europa. Se llama Nosotros hacemos música. Me presenté, y precisamente con una obra propia. Fue la primera vez que estrenaba una composición propia ante el público. Me acuerdo del título. Se llamaba Pequeña invención para dos guitarras. Fue, creo, en el curso 1985-86, y era el único de todos los alumnos que se presentaba al concurso sin saber leer música. Por entonces no sabía escribir ni leer música. Cuando creaba las composiciones, las tocaba y grababa en un antiguo casete. Era la única manera que tenía de conservarlas. Volviendo a la primera obra estrenada ante audiencia, recuerdo que toqué mirando al público porque no tenía partitura ni atril. Era un dúo para dos guitarras. El otro compañero que la interpretó, sí estaba en el conservatorio. Ese fue el primer contacto con el público estrenando una pieza creada por mí. Y vuelvo a la pregunta… Realmente, el primer hito que me pone un poco en el mapa, después de mil historias y de muchísimas cosas, llega en el momento en que yo decido empezar a realizar viajes a Madrid. Ya había escrito música para diversos cortometrajes, pero ahora decido preparar un buen trabajo filmográfico autoeditado con la recopilación de mi música. Fue una edición que trabajé muchísimo, con un libreto tremendo de textos y de cartas de presentación. Me acuerdo de que empecé a hacer llamadas desde aquí a las productoras, con un listado que conseguí investigando el Quién es quién a escala nacional, es decir, las productoras más importantes. Comienzo a llamar desde una cabina en el puente Zurita y desde otra que había en la calle Zurbarán. Esos eran los dos puntos míos, en los tiempos en que para realizar conferencias telefónicas tenías que salir de casa para llamar desde una cabina. Y ahí, a llamar, directamente. Te cogen el teléfono los responsables de las centralitas de las productoras, o las secretarias de turno; en fin, un montón de filtros. Fue duro, difícil y árido. Imagínate la situación: ‘Hola, me llamo Diego Navarro y le hablo desde Canarias. Soy compositor y quería… Tu, tu, tu, tu, tu… Me colgaban la llamada. Era muy frustrante. Después de un tiempo decido armarme de valor y realizar un viaje a Madrid con un dinero que tenía ahorrado, con la intención de pasarme por diversas productoras y mostrar mi trabajo. De las 80-90 llamadas que hice, al final conseguí ocho o diez reuniones. Estuve por la capital del reino y me quedé en la casa de un amigo. Fui a las reuniones y dejé mi trabajo; es decir, mi semilla. Logré convencer a varios productores para que, delante de mí y en sus despachos, escucharan algunas de mis piezas. De lo contrario, sabía que no lo iban a hacer. Algunos fueron muy bordes y hasta desagradables, pero otros, muy pocos, me lo permitieron. Estaba convencido de que, si tenían algo de sensibilidad y gusto musical, alguno iba a reconocer talento en esas músicas. Estuve unos días más por la ciudad, desgasté la suela de mis zapatos, regresé a Tenerife y no pasó nada durante un tiempo prolongado. Estaba muy desanimado. Al cabo de unos meses, recibí una llamada de Magicfilms. Exactamente de Lourdes Zárate, que fue la que me llamó. Era la mano derecha del productor Ángel Blasco, propietario de la productora. Me dijo: ‘Diego, nos gustaría que vinieras a Madrid otra vez porque hay un proyecto que estamos trabajando de animación. Nos gustaría que vinieras para hablar contigo’. Yo no tenía más recursos económicos. Ya que me lo había gastado todo en el viaje anterior. Al final conseguí el dinero, me fui para Madrid, mantuve la reunión con ella y, acto seguido, me reuní con el jefe. Aluciné con la experiencia y con el proyecto, ya que era un largometraje de animación en el que llevaban trabajando un año y medio. Me dijeron que, tras escuchar mi trabajo, estaban encantados con la idea de que yo les hiciera la música. Me quedé muerto porque era mi primera oportunidad, mi primer largometraje y, encima, mi primer largometraje nacional, fuera de las Islas, en la metrópoli. Además era de animación, que es un género muy complicado, y encima con Antonio Mingote de director artístico del proyecto. Lo tenían todo organizado, y se querían ir a grabar a Praga. En cuanto a la banda sonora, ellos querían una música de aventuras muy grande, de corte épico. Fue entonces, en esa primea reunión, cuando se me ocurrió una de esas quijotadas propias de la juventud: ¡de esas que cuando las recuerdas te llevas las manos a la cabeza! Yo les dije que, si querían algo tan especial, por qué no probábamos a hacerlo en España, y además, ¿por qué no en Tenerife, mi tierra? Ángel Blasco, hoy en día un gran amigo, no había estado en Canarias nunca y poco menos que sólo conocía el gofio, de oídas, y el Teide. Y así fue, automáticamente asumí una responsabilidad que no tenía por qué pertenecerme: la de la producción musical de la película. La realidad es que pude sacarla adelante. Conseguí que la ya desaparecida Orquesta Clásica de La Laguna, que fue reforzada con muchísimos músicos profesionales de la Isla, participara junto al Coro Polifónico Universitario, dirigido por Alfonso López Raymond. Le presenté el proyecto al que hoy en día es el alcalde de la ciudad de La Laguna, por aquel entonces gerente de Cultura, Fernando Clavijo. Le estoy hablando de 2001, hace 13 años. Tuve que encontrar un buen ingeniero de sonido, Kike Perdomo, que es, además, unos de los más brillantes músicos de jazz de Canarias. Sigo trabajando a día de hoy con él. Tuve que encontrar a un productor musical que estuviera a la altura y esa responsabilidad recayó en un grandísimo músico, compositor, el tristemente desaparecido Enrique Guimerá. Tuvimos que asumir el reto técnico de una grabación orquestal con coro incluido, unos 120 músicos en total. Grabar con clic track, es decir, con una señal de audio disparada a mis cascos, donde escuchaba los tiempos, los clics de todas las composiciones. La música, como todas las bandas sonoras, había sido escrita en perfecta sincronización con las imágenes que proyectábamos en una enorme pantalla, y eso se tenía que respetar. Era la primera vez que se hacía algo así en Canarias. Tuve que componer, orquestar y dirigir la banda sonora. La grabación la hicimos en el Paraninfo de la Universidad de La Laguna, antes de su rehabilitación, cuando había un nido de palomas en su interior. Teníamos que estar pendientes de los silencios para poder seguir grabando. Parece que les gustó la música, porque, pese a todo, las palomas estuvieron bastante calladas… Fue también la primera vez que me enfrentaba a una grabación con clic. Se trató de un proyecto musical muy importante, en el sentido de que fue un hito por ser la primera vez que se hacía algo así en Canarias. La grabación fue en abril de 2002 y con ella se abrió un capítulo, una brecha nueva”.

¿Con que título se comercializó esa película?

Puerta del tiempo. Fue una película de animación que estuvo nominada a los Goya en la categoría de mejor largometraje de animación, en el año 2003. Esa fue la partitura que me puso en el mapa, que me dio a conocer en España y fuera del país. No sólo en la industria, sino dentro de la comunidad de aficionados a la música de cine en España. Fue un momento muy duro en lo personal porque coincidió con el fallecimiento de mi padre, una persona muy importante en mi vida. Murió de cáncer; en tres meses ya se había ido. Resultó muy duro porque estaba asumiendo toda esa responsabilidad tremenda, componiendo, produciendo, gestionando…, y con ese problema personal tan triste, tan duro. No creía lo que nos estaba pasando, que mi padre se estuviera yendo y no pudiera hacer nada. Me acuerdo que le llevaba el ordenador portátil a mi padre cuando ya estaba muy malito, en el que le mostraba las escenas con mi música y se emocionaba. Recuerdo dejarlo solo, sentado en su sillón, con mi portátil encima y escuchando mi música mientras veía alguna escena de la película. Sin que él lo supiera, me acerqué a la puerta de la habitación, asomé con sigilo la cabeza y pude ver cómo salían lágrimas de sus ojos. Hubo una explosión tremenda y fue muy hermoso porque él se fue sabiendo que el coche había arrancado. Creo que marchó, entre comillas, más tranquilo. De hecho, en la película, en los créditos, se muestra que la banda sonora está dedicada a mi padre”.

A partir de ahí se plantea una estrategia como creador profesional. Después de ese hito tan importante, ¿qué hace?, ¿cómo se empieza a mover?

“Bueno, esa grabación fue un punto de inflexión importantísimo. Como dije era la primera vez que se traía la producción musical de una película nacional a Canarias. Fue el embrión de muchas cosas. Luego me pregunté a mí mismo que, si había podido sacar adelante un proyecto semejante, trayéndolo a Tenerife con éxito, por qué no demostrar que lo podíamos hacer aquí, por qué no intentar dar continuidad a todo eso. Continúo luchando por mi carrera y con el tiempo surgen otros proyectos cinematográficos. Nunca vienen solos. Cada proyecto lo tengo que luchar, yendo a por él. Decido en aquel momento, en lugar de irme fuera, seguir grabando desde Canarias. A partir de ahí, tras fundar un nuevo proyecto orquestal, la Tenerife Film Orchestra and Choir, grabamos las bandas sonoras de otros títulos, como Óscar, una pasión surrealista. Realizamos la grabación en el maravilloso teatro Guimerá. Con el tiempo, es una partitura que se ha hecho internacionalmente conocida y que he dirigido en conciertos fuera de España. Le cuento una anécdota emocionante: recuerdo ir a comprar vinilos con mis ahorros a una tienda de la ciudad. Compraba, sobre todo, bandas sonoras. Eran títulos míticos, como La profecía del gran Jerry Goldsmith, entre otros. Atesoraba esos discos como auténticas joyas. Los editaba un prestigioso sello americano llamado Varèse Sarabande, y los álbumes estaban producidos por Robert Townson, que había trabajado con compositores míticos como Alex North, por citar otro nombre. Pues bien, años más tarde, ese mismo sello y ese mismo productor se convirtieron en los que desde hace años editan mi música e interpretaciones en mi faceta de director. Es algo que en la vida ni se me hubiera ocurrido plantearme. Algo muy surrealista y mágico a la vez, y que aún me sigue sorprendiendo. De Óscar, una pasión surrealista, el sello editó la versión en vivo que dirigí en el Auditorio de Tenerife, en la primera edición de Fimucité. Fue una selección de la partitura de sólo media hora, de los 80 minutos de música que escribí, y veinte y pocos minutos de Mira la luna, otra de mis películas, ésta producida por Elías Querejeta. Transcurrido el tiempo, en total ya llevo seis grabaciones como compositor y director de orquesta con el sello, y más que esperamos que salgan editadas en 2014, si todo va bien. Con este proyecto orquestal propio grabo otras bandas sonoras. Conseguimos traer a Tenerife la producción musical de una película alemana compuesta por dos buenos amigos, Johnny Klimmek y Reinhold Heil, los compositores de Perfume y Cloud Atlas, esta última dirigida por Tom Tykwer y los hermanos Wachowski, los creadores de Matrix. La productora alemana se pone en contacto con nosotros, lo coordinamos y conseguimos traerla aquí. Grabamos en el teatro Teobaldo Power, en La Orotava”.

¿Nunca en el Auditorio?

“No, en el Auditorio, no. En el Auditorio grabamos con posterioridad. Ocurre después, cuando llega Fimucité. Luego continúo con mi carrera y realizo grabaciones más de cámara fuera de las Islas…”

¿En este tiempo no hace nada relacionado con la docencia?

“He intentado acercarme a la docencia en mi tierra varias veces, tres en concreto, de las que sólo una ha salido bien. Recuerdo un intenso curso de seis meses de duración sobre Historia de la música que yo mismo creé e impartí, enfocado especialmente para ahondar, el último mes de éste, en el fenómeno de la música para el cine. Fue una experiencia magnífica que desarrollé en la desaparecida Escuela de Artes Creativas Eduardo Westerdhal, dirigida por Manuel Díaz Noda y José Luis Rivero, ahora mismo coordinador de actividades paralelas de Fimucité y director artístico del Auditorio de Tenerife, respectivamente. Guardo todavía grandes amigos de entre mis alumnos. A partir de ahí, he impartido cursos aislados, y he sido conferenciante. Lo intenté hace relativamente poco cuando creé un curso de música para el cine que íbamos a impartir a nivel universitario, pero al final lamentablemente no recibió los apoyos necesarios. Fue una auténtica pena. Cuando he estado en Los Ángeles, he sido conferenciante en la Universidad de Long Beach, o en Polonia, cuando en septiembre pasado dirigí música interpretada por la orquesta de la radio nacional polaca y coro e impartí una master class sobre mi música. Es paradójico que, cuando voy fuera, siempre me proponen ser conferenciante e impartir clases y que aquí, en mi tierra, a excepción de la experiencia relatada, no me ofrezcan nada”.

Después de este análisis que ha hecho, resulta un poco sorprendente cómo ha sido capaz de construir esa especie de castillo teniendo como punto de referencia y localización la isla de Tenerife, cuando otros modelos siempre han sido que el creador que ya tiene una visión internacional termina deslocalizándose y sale fuera de su tierra. En su caso, esto no ha ocurrido. ¿Por qué?

“Hombre, ha ocurrido en cuanto a mi vida fuera, pero siempre he intentado volver para sembrar en la tierra. Es algo muy curioso”.

¿La familia influye?

“Yo soy un tipo muy arraigado a mis raíces y a los míos. Mi familia es lo más grande que tengo, mi prioridad, pero, cuando me he tenido que ir a vivir meses muy lejos de casa, lo he hecho. Es una dura realidad que he tenido que asumir y aceptar porque forma parte de mi oficio y carrera”.

¿Sin la plaza de Los Patos cerca no puede vivir?

“Claro, yo sin mi Toscal… Soy del barrio de Salamanca, pero me crié en El Toscal, que es donde vivía mi abuela y ahora vive mi madre. Hay un concepto muy curioso que plantea un documental que se llama Aislados, un trabajo muy interesante que vi hace años de un estupendo cineasta de Tenerife, Miguel G. Morales. Estoy completamente de acuerdo con el mensaje que viene a plantear. Expone que los canarios, los isleños, tenemos un arraigo muy marcado a nuestra tierra, y esto es algo que yo he sufrido en mis carnes. Para unos es el mar, para otros los alisios. Como creadores debemos respirar ese oxígeno de fuera, para después seguir creando. Es una necesidad. Pero en un momento determinado, después de estar un tiempo fuera, por algún extraño avatar o por alguna curiosa razón, ya sea energía, magnetismo o el término que queramos utilizar, ya sea por mar, laurisilva o el puchero, necesitas regresar a la tierra volcánica. Cuando ya estás saciado y se ha llenado el nivel de energía, vuelves a irte fuera, a mandarte a mudar. Ese eterno retorno es muy curioso, y yo lo he vivido”.

De todas maneras, usted ha tenido suerte porque ha podido desarrollar sus relaciones profesionales fuera de la Isla desde aquí. Lo digital y lo online ahora lo ponen más fácil. Esto es algo que antes no existía…

“Lo que pasa es que en el mundo audiovisual en concreto hay un problema. En el mundo audiovisual, tienes que estar ahí y tienes que estar en los principales focos. De alguna manera, tienes que dejarte ver. En este oficio, las relaciones son fundamentales y muy importantes. En el cine, se trabaja mucho a base de tándems entre el director y el compositor. Son alianzas, amistades de confianza, y tienes que dejarte ver y relacionarte. Nunca he olvidado mi tierra; no lo he hecho jamás. Curiosamente, estoy tratando de dar a mi tierra las oportunidades que mi tierra a mí no me dio nunca. De hecho, y esto es algo que muy poca gente sabe, yo no pude entrar en piano en el conservatorio de Tenerife, pese a que lo intenté. Era demasiado mayor… Tiempo más tarde culminé mis estudios de piano con el Associated Board of the Royal Schools of Music de Londres. Los nueve grados los superé en tres exámenes. Es un sistema muy flexible que te permite avanzar según tus capacidades. En relación con la falta de oportunidades en tu propia casa, todos los años, dentro del festival Fimucité, programamos un concierto de la banda sinfónica del conservatorio para que los jóvenes estudiantes tengan una potente motivación e incentivo. Se trata de crear sinergias bonitas, de ponerles a su disposición una cita de primera magnitud para que puedan hacer música en el teatro más importante de Tenerife, el Guimerá, y ante nuestros invitados, sus familias y un público entregado. Es decir, estoy tratando de dar algo muy especial que yo no tuve, y se hace a través de Fimucité. En el festival, dentro de las actividades paralelas, hemos organizado numerosas conferencias impartidas por prestigiosos compositores y otros miembros de la industria. La idea es dar, dar y dar, sin que importe lo que tú hayas podido recibir. Es un principio muy zen, y lo intento desde mi sitio, desde el lugar al que pertenezco, que es este”.

De alguna manera, como usted decía antes, hace esa primera grabación de una banda sonora y empieza a surgir la posibilidad de crear un certamen relacionado con la música de cine. ¿Le resultó difícil poder desarrollar el festival? ¿Quizás la mayor dificultad haya sido mantenerlo en años de intensa crisis?

“Sí, en aquel momento, y hablo de 2006, estaba bastante relacionado con todo el mundo de la música para el cine. Empezaba a tener un nombre como compositor a escala nacional, y me invitaban como compositor y como músico a congresos de música para el cine. Precisamente en aquel tiempo fue lo de Puerta del tiempo, una partitura que se editó en disco y que logró ser muy apreciada y valorada. Es entonces cuando surge la idea de crear un certamen de música para el cine. Era un nicho, en el sentido de que festivales para el cine hay casi en todas partes. Si ahora mismo quisiéramos fundar un festival de cine, tendrías que saber que todos los días hay, en algún lugar del mundo, un festival de cine. No suponía nada original ni nuevo, pero, en cambio, crear un certamen centrado en la música audiovisual y en que la misma música y los compositores fueran las grandes estrellas, y que además tratáramos de acercar ese oficio y ese arte al gran público, a la audiencia, eso sí suponía una novedad. En el momento en el que creamos el festival, recuerdo que había otras dos referencias más en el mundo: una de ellas también en España y otra en Gante. Este último es el más antiguo. Se trata de un festival de cine que presta especial atención a la música para el audiovisual, en el que se otorga un importante premio y también se organizan conciertos. Ellos fueron los primeros en hacerlo y son los que más tradición tienen. Pero no es un festival exclusivamente de música para el cine; es un festival de cine. Yo esto se lo propongo al Cabildo de Tenerife a finales de 2006 o a principios de 2007. Presentamos un proyecto bastante armado, con ideas claras sobre la primera edición. Al Cabildo le parece muy interesante y se activa el asunto a nivel administrativo. Entonces se dota de presupuesto. En aquel momento, recurro a mis contactos y amistades más relevantes dentro de la música cinematográfica y ellos, absolutamente encantados, participan. Estoy hablando, por ejemplo, de Don Davis, el compositor de Matrix, con quien coincido de invitado como compositor en el congreso español que comenté y hacemos muchas migas. Él aprecia mi trabajo y entonces surge la idea de organizar un concierto con nuestra música. Imagínese el honor tan grande para mí de tener un talento de esa envergadura (porque Don es un auténtico monstruo, uno de los compositores más talentosos que he conocido en mi vida) queriendo organizar un concierto en el que compartir sus músicas con las mías. Pues bien, ese sueño se hace realidad con la celebración de la clausura de Fimucité en el Auditorio de Tenerife durante la primera edición, en 2007. En la primera parte dirijo yo mi música, un recorrido por mi filmografía hasta el momento, y en la segunda, Don Davis dirige The Matrix Symphony, una increíble composición en la que expone y desarrolla todo el material musical que escribió para la trilogía. Realmente impresionante. En esa primera edición también se viene Sean Callery, íntimo amigo y ganador hasta el momento de tres premios Emmy. Es un famoso compositor para la televisión de los EE.UU, responsable de títulos como 24, Medium, Bones, y más recientemente, Homeland. Él dirige el estreno mundial de la serie 24 en el teatro Guimerá. Lo filmamos, lo grabamos y se llega a un acuerdo con Fox, a la que se cede el material para que incluyan este estreno en el lanzamiento mundial de la séptima temporada de 24. Así Fimucité se pudo beneficiar del aparato de distribución gigantesco de Fox a escala mundial, y se hizo todavía más conocido. En esa primera edición, también invitamos a Mychael Danna, el último Oscar por la banda sonora Life of Pi. Era la primera vez que visitaba España. Tuve el tremendo honor de dirigir su música por primera vez en concierto. No lo había hecho nunca antes y sucedió en Fimucité, en el teatro Guimerá. También nos visitó Ángel Illarramendi, uno de los grandes de nuestro país, que también dirigió su música. Este fue parte del balance de la primera edición”.

El balance es muy bueno…

“El balance es extraordinario. La progresión del festival ha sido geométrica, y ya es una cita muy conocida en todo el mundo. Dentro de la música para el cine, es uno de los referentes, y además tiene sus singularidades y un sello definido”.

¿Cómo ha sido la evolución del festival y cuál va a ser el futuro? ¿Se ha encontrado con algunos problemas derivados de la situación de crisis española? ¿Se ha visto forzado a cambiar el modelo?

“Obviamente, hemos tenido que cambiar el modelo. El principal patrocinador es el Cabildo de Tenerife, que es quien lo impulsa. Aunque afortunadamente sigue siéndolo, el modelo ha evolucionado y el festival se ha ido haciendo más sostenible; es decir, la taquilla es, junto a la aportación pública, el principal sustento del festival. Ya tenemos un público muy asentado. Es una buena noticia. Evidentemente, el apoyo institucional es esencial, y sin él no se podría hacer Fimucité. Es la realidad. Al César lo que es del César”. Sin la Orquesta Sinfónica de Tenerife, que hoy es la piedra angular del festival, y sin el Auditorio de Tenerife, el Gobierno de Canarias y el Ayuntamiento de Santa Cruz…, no se podría realizar el festival, ya que éstos son los patrocinadores principales. Estas instituciones son conscientes del esfuerzo realizado y de hasta qué punto Fimucité pone en el mapa a Tenerife a escala mundial. La cita ha creado una gran cantidad de sinergias. Van más allá incluso de la banda sonora, de la música para el cine. En la segunda edición, en 2008, un ejecutivo de un gran estudio de Hollywood (Warner Bros), Doug Frank. Visita la isla como invitado del certamen. Es por aquel entonces el director del Departamento Musical del estudio. Copresenta el concierto de clausura, dedicado ese año a 2001, una odisea en el espacio. Él introduce la interpretación junto a Robert Townson, productor del sello Varèse Sarabande y, acto seguido, dirijo la música original que Alex North escribió para la película y que luego, lamentablemente, fue rechazada. Durante su estancia, al señor Frank lo paseamos por la Isla, le enseñamos el Teide, el parque nacional. Se enamoró de la Isla. Todos estos señores son los que llamamos prescriptores. Se trata de personas de gran relevancia en la industria que luego, cuando llegan a su país, se encargan de mostrar y divulgar el trabajo que estamos realizando en Fimucité. Años más tarde, el rodaje de las dos entregas de Clash of the titans, la superproducción de Warner, se rodó en localizaciones del parque nacional del Teide. Sabemos hasta qué punto el festival ha podido favorecer sinergias a muchos y distintos niveles. En 2012, vivimos un hito histórico, y el término le aseguro que no es excesivo. Estábamos trabajando otra temática para el festival cuando surge la oportunidad de celebrar el concierto del centenario de los estudios Universal Pictures, el único a desarrollar. Todo esto lo coordinamos a través de Robert Townson y, finalmente, aceptamos el reto y la enorme responsabilidad de celebrarlo en Fimucité. Estamos hablando de Universal Pictures, uno de los estudios de cine más importantes del mundo. Cuando estás allí, en Los Ángeles, y lo visitas, tomas conciencia de hasta qué punto aquello fue surrealista y un hito difícil de creer. Tras unos días consultándolo con la almohada, decidimos lanzarnos al vacío y asumir el reto. Ahí comienza un trabajo enorme de investigación, de creación de un programa de concierto tremendamente ambicioso por tener que recorrer un inmenso espectro de 100 años. Hablo de una sexta edición. Que Universal Pictures quisiera celebrar el único concierto de su centenario en Tenerife, no en Los Ángeles, como hubiera sido lo lógico, da buena cuenta de hasta qué punto el festival ha ganado en prestigio y en nombre. Al final asumimos el reto y salimos victoriosos. Fue un concierto histórico de música para el cine, se restauraron partituras que estaban perdidas y se reorquestaron, y abarcamos esos 100 años. Fue una bestialidad, algo tremendo. Dirigí más de 16 estrenos mundiales de grandes clásicos que, paradójicamente, no habían sido interpretados en concierto jamás. Clásicos como El estanque dorado, Una mente maravillosa, Un horizonte muy lejano de John Williams o Aeropuerto de Alfred Newman, entre otros. Todo esto se filmó, se grabó y ahora pretendemos editar ese material para comercializarlo tanto en DVD como en CD, porque entendemos que esta experiencia tiene que llegar a más gente de la que esa noche tuvo el privilegio de vivirla”.

La realidad es que el festival comienza en época de crisis, en 2007, y sigue creciendo a base de partirnos la cabeza, de trabajar como animales, de dar muchísimo amor, de confiar en el proyecto…”

La próxima edición ya está cerca, ¿se plantea algún cambio? ¿Habrá alguna vuelta de tuerca?

“El futuro lo veo bien porque todo el mundo nos pregunta que cómo hemos sido capaces de crear un festival tan singular, de conseguir que vaya en progresión geométrica, a pesar de que los medios hayan disminuido, sin que esto afecte a la calidad de la cita, manteniendo el nivel y superándolo año tras año. La realidad es que en la última edición otro gran estudio de Hollywood quiso formar parte nuestra familia: Dreamworks Animation Studios. Organizamos el concierto tributo oficial de Dreamworks Animation, el único que se ha celebrado y junto al 50 aniversario de James Bond. La realidad es que el festival comienza en época de crisis, en 2007, y al contrario de lo que la lógica debería plantear, continúa creciendo a base de darlo todo, de trabajar muchísimo, de invertir mucha energía; en definitiva de dar muchísimo amor, de confiar en el proyecto y de ser conscientes de lo que ya hemos construido”.

¿Se trata de trabajar que al final la gente conecte de manera más sentimental, más emotiva? ¿Esto seguro que ayuda?

“Totalmente… Dese cuenta, y no me canso de decirlo, de que hay invitados que cogen cuatro aviones para viajar a Tenerife. Han venido desde Australia o Polonia, donde tenemos una alianza tremenda con un festival que surge después de Fimucité y para el cual la cita tinerfeña es una referencia. Es el FMF de Cracovia, al cual he sido invitado ya cuatro veces. He dirigido en dos ocasiones la clausura. Es un festival con unos medios fantásticos y una producción gigantesca. De hecho, hemos creado un hermanamiento con el FMF y establecido coproducciones con ellos. Desde Fimucité siempre hemos creído en la colaboración y en el trabajo en equipo en pro de que este noble arte se divulgue. Ningún festival es dueño de la idea en sí de organizar un evento que gire en torno a este mundo, ni de las músicas que son interpretadas, ni de los compositores que lo puedan visitar. En Fimucité hemos invitado a creadores que antes han estado en otros eventos y viceversa. Lo único que nos interesa es acercar más la música para el audiovisual a la gente. En este sentido, nuestro hermanamiento con Cracovia, el primero que se realiza en Europa entre dos festivales del mismo género, es un modelo. Con ellos, por citar un ejemplo, pudimos interpretar Alien: una sinfonía biomecánica, en suelo polaco. Se trata de un producto creado por Fimucité, una obra musical en la que se compila lo mejor de la música escrita para la saga Alien y que tuve la oportunidad de dirigir, en estreno mundial, en nuestro festival en 2009. Varèse Sarabande edita el CD y el DVD, en edición limitada para coleccionistas y con el tiempo se ha convertido en un clásico. En Los Ángeles y Europa he firmado cientos de ellos. En 2012 la dirijo ante cuatro mil personas en Cracovia, cosechando afortunadamente un éxito tremendo junto a la música del gran Elliot Goldenthal (Oscar de la academia por Frida), nada más y nada menos. El modelo de Fimucité sigue asentado en la misma estructura. Entendemos que tiene que seguir habiendo un apoyo público, ya que estamos promocionando de forma potente a Tenerife y a Canarias, poniéndolas en el mapa. Es un evento original y diferente, y hemos conseguido conectar con el público: la audiencia de pie, al finalizar los conciertos en nuestros escenarios, y la Sala Sinfónica repleta en los conciertos del festival en el Auditorio de Tenerife lo constatan. Tenemos un público ya creado, no sólo de gente canaria, sino también a escalas nacional e internacional. Por citar sólo un ejemplo, le hablo de una conocida radio de bandas sonoras por Internet que es como la ONU, en el sentido internacional de sus miembros, pero de música para el cine: Streamingsoundtracks.com. Ellos nos visitan desde hace años. Estos señores se organizan y vienen a la Isla, comen aquí, se hospedan, alquilan coches y consumen; por ello, la Isla sale ganando también en este aspecto”.

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 En el festival FMF de Cracovia (2011).

Tengo un proyecto que me ilusiona mucho y que no tiene nada que ver con el cine… Parece que se puede hacer realidad a mediados de 2015. Es el estreno de una obra de concierto muy grande… en la que el cosmos tiene mucho que ver”

En el plano personal, ¿qué proyectos tiene entre manos fuera de Fimucité? ¿En qué trabaja ahora? ¿Qué está pensando?

“Pues mire, yo tengo a mi agente en Los Ángeles, con la cual estoy muy contento. Se llama Rochelle Sharpe, de Incite Management. Estamos trabajando muy activamente para que mi carrera allí siga evolucionando. Ya tengo mi primera película americana, Mimesis, un filme de terror con partitura premiada y editada también por Varèse Sarabande. Los productores tienen previsto crear una franquicia y pronto comenzarán a rodar una segunda parte de Mimesis. Quieren seguir contando conmigo. Ahora comienzo a escribir la banda sonora de una película documental muy interesante dirigida por Alejandro Togores. Se trata de la fascinante historia del Correo La Palma, desde que se construyó en los astilleros británicos. No es un género, el documental, que suela abordar mucho, pero me pareció fascinante el proyecto cuando me lo propusieron y lo vi. Aparte hay otro proyecto, una coproducción EE.UU-Europa, un thriller de terror del que todavía no puedo hablar porque no me gusta hacerlo hasta que las cosas no estén confirmadas. Existe otro proyecto que me ilusiona mucho y que no tiene nada que ver con el cine. Lo tengo en mente desde hace 16-17 años. No hay una sola nota escrita, pero tengo las ideas claras a pesar de abordar temas muy complejos, pero increíblemente fascinantes a la vez. Parece que se puede hacer realidad en 2015 o 2016. Es el estreno de una obra de concierto muy grande. No quiero desvelar todavía el título, pero va a ser una pieza de encargo, un proyecto muy grande de investigación en el que el cosmos tiene mucho que ver. Me motiva mucho por el hecho de salir del mundo audiovisual y de poder tener libertad creativa total. Esto es muy sano para el artista. Es un proyecto en el que van a participar tres países europeos en cooperación, y que tendría que estar toda la vida escribiendo y revisando, pero, por cuestiones de producción, de tiempo y de límite, no va a poder ser. Tendré sólo unos meses para crearlo. Este año espero poder empezar a escribir esa obra, en la que voy a mezclar muchos y diferentes lenguajes. Eso me tiene muy ilusionado”.

¿Ha notado la crisis que vive el cine español? ¿Cómo ve este asunto en España, con algunas decisiones de tipo tributario como la subida del IVA?

“Lamentable. Ha sido una miopía intelectual verdaderamente surrealista, porque ahí están los datos y los hechos. No hay más que realizar el sencillo ejercicio de mirar a nuestro alrededor: a Francia, Inglaterra, a los vecinos más próximos. Pero no, aquí se decidió ir al revés y tracatrán, estampido. Yo soy miembro de la Academia de Cine español. Conozco bien cómo está el sector y todos hemos visto una involución notable. Pese a ello, se siguen haciendo producciones y hay proyectos muy potentes e interesantes en los últimos años, pero evidentemente a escala nacional no se ha sabido entender ni potenciar el sector. Se han adoptado medidas que supuestamente iban a beneficiar y que no han hecho más que frenar el sector de una forma dramática. Hacer cine en nuestro país actualmente es un acto casi heroico, poco menos que un suicidio. La idea muy generaliza en nuestro país de que el nuestro es un cine totalmente subvencionado es errónea. Les animo a que investiguen un poco al respecto. Se está viviendo un drama, cines cerrando (el último ejemplo, la cadena Renoir), el terrible desastre de la piratería, un auténtico problema de falta de conciencia que estoy seguro que mejoraría si, desde el origen, desde Primaria en los colegios, se educa y conciencia a las futuras generaciones de que la música y el arte no vienen caídos del cielo, que cuesta mucho dinero crear, producir, grabar y editar un disco, una película, etcétera. Hay que seguir luchando para seguir construyendo, para así lograr que las cosas lleguen a cambiar”.

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