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Los ojos azules de Robert Redford

Que el intérprete de películas tan memorables como Dos hombres y un destino, El golpe, El candidato, Tal como éramos, Los tres días del cóndor, Brubaker, Todos los hombres del presidente o Memorias de África… (sí, así de excelsa es la lista) haya decidido interpretar este bellísimo y ascético papel de estólido marinero solitario a sus 77 años y pasarse todo un rodaje empapado, como mínimo con agua hasta las rodillas, e interpretando en escenas que demandaban un esfuerzo físico casi impensable para su edad, y que, además, haya salido bien parado del trance, roza casi el milagro. Lo más insólito de todo es que Redford realiza una de sus mejores interpretaciones en decenios en este trabajo, prácticamente mudo, metiéndose en la piel de un navegante solitario, curtido y profesional, con un pasado del que no se nos dice nada y que las pasa más que canutas luchando por sobrevivir en medio del océano durante las casi dos horas de metraje.

Cuando todo está perdido (All is lost). Estados Unidos, 2013, 106 minutos. Director: J. C. Chandor; guión: J. C. Chandor; reparto: Robert Redford.

Que el intérprete de películas tan memorables como Dos hombres y un destino, El golpe, El candidato, Tal como éramos, Los tres días del cóndor, Brubaker, Todos los hombres del presidente o Memorias de África… (sí, así de excelsa es la lista) haya decidido interpretar este bellísimo y ascético papel de estólido marinero solitario a sus 77 años y pasarse todo un rodaje empapado, como mínimo con agua hasta las rodillas, e interpretando en escenas que demandaban un esfuerzo físico casi impensable para su edad, y que, además, haya salido bien parado del trance, roza casi el milagro. Lo más insólito de todo es que Redford realiza una de sus mejores interpretaciones en decenios en este trabajo, prácticamente mudo, metiéndose en la piel de un navegante solitario, curtido y profesional, con un pasado del que no se nos dice nada y que las pasa más que canutas luchando por sobrevivir en medio del océano durante las casi dos horas de metraje.

 

CARTEL-CUANDO-TODO-ESTÁ-PERDIDOJ. C. Chandor, cuya anterior película, la excelente Margin Call, nada tiene que ver con esta que ahora nos propone, filma una cinta poderosísima, llena de secuencias poéticas y de una belleza difícil de transmitir con palabras, narrando con especial sutileza una hermosa historia del ser humano en lucha contra los elementos. Una lucha que, quizás, no sea más que la trasposición del propio conflicto que todos vivimos con nuestros propios miedos y complejos.

 

El trabajo de Redford es enérgico, veraz, sentido y de una elegancia tal que, cuando en los primeros planos la cámara de Chandor escruta esos ojos azules del hombre solo en el barco mirando hacia el horizonte, uno no puede dejar de pensar con envidia en que, a pesar de ciertos inoportunos retoques estéticos, ya nos gustaría tener a esa edad el rostro marcado a cincel y ahora ya viejo de uno de los más grandes mitos que ha dado la industria del cine.

 

El otro protagonista de la película, exceptuando el barco y el agua, es el reloj de pulsera de Redford. Tras el visionado admiramos tanto la lucha y el sabio estoicismo, a veces difícil de creer en un ser humano de carne y hueso, con los que ese lobo de mar sobrelleva tantos infortunios que falta tiempo para ver qué modelo de reloj es el que porta con tanta clase Redford en el filme. Y soñando, soñando, te imaginas siendo el protagonista de Los tres días del cóndor luchando con tu barco de recreo en una tempestad en medio del oceáno Índico y con la compañía de tu Seiko 175 con correa de nailon azul marino en la muñeca.

 

Y quieres ser como Redford porque es duro, impasible, profesional; sabe qué hacer en todo momento y jamás pierde la calma. Y encima es un hombre extraordinariamente guapo que, con casi ochenta años a sus espaldas, acomete el impresionante esfuerzo físico de desempeñar este trabajo sin la ayuda de dobles o especialistas de ninguna clase, y no puedes sino pensar: “Qué tío…”

 

Lo que ha llevado a Robert Redford a aceptar este papel y ponerse delante de la cámara a las órdenes de Chandor es quizá el simple reto de ver hasta dónde era capaz de llegar con sus fuerzas, hasta que límite. Lo que impele al marinero anónimo protagonista de la película a realizar ese viaje en solitario y casi suicida es el mismo reto: averiguar dónde está su límite.

 

Quizá todos necesitamos, en algún momento de nuestra fútil existencia, averiguar dónde se hallan nuestros límites. Por eso, la película de Chandor se ve pegado a la butaca.

 

Al salir del cine en la retina te queda la belleza de la lucha del ser humano contra las fuerzas de la naturaleza en toda su bravura… Eso, y los ojos inmensamente azules de Robert Redford.

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