3.0 Opinion

Máscaras de purpurina

Quien no tenga en la cara purpurina alguna, está tardando. Es un fenómeno que, inevitablemente, ocurre en cada carnaval, te la hayas puesto tú o no. Aparece cada mañana cuando te miras al espejo, con los ojos hasta el suelo y una noche de risas a cuestas. Noches de disfraces, de maquillajes increíblemente detallados con horas de trabajo detrás. Y para la diversión no influye si has estado currándote el disfraz desde hace meses o, sencillamente, diez minutos antes de salir de casa (y combinando los restos del carnaval anterior). Lo importante son las ganas de disfrutar, de ir con tus amigos por la San José con la bilirrubina por los aires. Aires que únicamente se respiran una vez al año, en una época concreta. El momento para ser Frida Kahlo, los Picapiedra, las Supernenas o el típico mimo de última hora. Y, si no, de negro y con una máscara, irreconocibles y con el punto carnavalero. Ahora bien… paremos aquí. Aunque Celia diga que “la vida es un carnaval”, las máscaras no son parte del carnaval de la vida. Son únicamente para esta época del año. Y punto.

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Máscarabns

Máscaras

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Quien no tenga en la cara purpurina alguna, está tardando. Es un fenómeno que, inevitablemente, ocurre en cada carnaval, te la hayas puesto tú o no. Aparece cada mañana cuando te miras al espejo, con los ojos hasta el suelo y una noche de risas a cuestas. Noches de disfraces, de maquillajes increíblemente detallados con horas de trabajo detrás. Y para la diversión no influye si has estado currándote el disfraz desde hace meses o, sencillamente, diez minutos antes de salir de casa (y combinando los restos del carnaval anterior). Lo importante son las ganas de disfrutar, de ir con tus amigos por la San José con la bilirrubina por los aires. Aires que únicamente se respiran una vez al año, en una época concreta. El momento para ser Frida Kahlo, los Picapiedra, las Supernenas o el típico mimo de última hora. Y, si no, de negro y con una máscara, irreconocibles y con el punto carnavalero. Ahora bien… paremos aquí. Aunque Celia diga que “la vida es un carnaval”, las máscaras no son parte del carnaval de la vida. Son únicamente para esta época del año. Y punto.

A la hora de disfrazarse, podemos ser príncipes, pasar de ángeles a demonios, de hombres a mujeres, pero tan solo por unas horas. Encarnarse en lo que apetece o, lo que también se dice, lo que siempre les hubiera gustado ser. Y es que parece ser que cualquier máscara refleja lo que uno no se atreve a revelar, es otra persona dentro de sí mismo, con libertad y otra personalidad. De hecho, la misma palabra persona deriva del griego máscara. Una representación de cada uno de nosotros, la que parece ser la verdadera. Y la persona falsa, la que exhibimos en esta etapa del año. Una cara diferente de la que ve el mundo cada día, disfrazada de manera temporal. Ahora bien: aviso a todos los carnavaleros de la isla, que la cosa es seria.

Cuidado con las máscaras. Cuidado con dejarlas puestas una vez usadas, pretendiendo ser lo que uno no es. Mucho cuidado, repito. Y cuidado también con esas máscaras que algunos usan para realizar deseos y liberar impulsos que no podían antes. De eso no va el Carnaval. La idea del disfraz, del éxito del cambio por una noche, reside en no ser reconocido como la persona que uno es, sino su imagen de ese día. Solo por esa noche. Y disfrutar al máximo parar dejar un buen recuerdo, ganas de más carnaval. Pensar en el disfraz que utilizarás el próximo año (y empezarás a última hora) mientras recoges retales, boas, sombreros y demás cosas que han sido protagonistas de tus momentos carnavaleros de este año; entre ellas, las máscaras, bien guardadas al fondo del cajón. ¡Ah! Y la purpurina. Aunque olvídate: esa no se va de tu casa hasta dentro de unas semanas…

@arunchulani
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