3.0 Opinion

La gran pesadilla

Esa noche me fui a la cama con las retinas aún empapadas en la sangre fresca que corría por Venezuela y en Ucrania. Para espantar las imágenes que me deja el día, suelo meterme en mantas y leer un par de páginas, hojear una revista o rabiar con un crucigrama. Pero a diferencia de otras noches, un malestar, un desasosiego, un no poder estar me fueron llevando por el callejón de los insomnios y, estando despierto, a una pesadilla.

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Esa noche me fui a la cama con las retinas aún empapadas en la sangre fresca que corría por Venezuela y en Ucrania. Para espantar las imágenes que me deja el día, suelo meterme en mantas y leer un par de páginas, hojear una revista o rabiar con un crucigrama. Pero a diferencia de otras noches, un malestar, un desasosiego, un no poder estar me fueron llevando por el callejón de los insomnios y, estando despierto, a una pesadilla.

Me había sometido a lo que es de rigor: vueltas, giros y revueltas, el cambio al lado fresco de la almohada, la lámpara que se apaga y que se enciende, el consabido vaso de leche, la sábana en forma de serpiente. A tan altas horas hay un momento en que me digo que para estar despierto mejor es estar de pie y vestido, no me joda, y eso hago. Acto seguido se me ocurre salir a la parte trasera de la casa donde hay una pequeña mesa de jardín y allí terminé por descubrir mi verdadera pesadilla.

La punta del hilo comenzó con la asonada en Venezuela y tirando de ella fui abriendo el foco y remontándome desordenadamente en hechos y desechos hasta que, de pronto, me vi traspasando un pensamiento en el que jamás había estado y que me puso las dos patas directamente en el infierno: hay una estrategia diabólica de Estados Unidos (hola ciberespías) para el dominio total de América Latina. La han cumplido por fases bien planificadas y bien diferenciadas para hacernos creer que no tienen conexión.

Su punto de partida lo ubiqué en una comisión que en 1936 conformó el gobierno para que estudiara y recomendara las estrategias que aseguraran su poder como potencia. No recuerdo exactamente el nombre de la comisión. Creo que llevaba el nombre de quien la dirigía, un apellido corto como Cook. Lo intenté buscar al otro día en internet sin resultado.

Recordé, sí, que la referencia a esta comisión estaba ligada a un informe sobre la quejumbrosa Sociedad Interamericana de Prensa. Dentro de sus conclusiones había una que hoy nos da de lleno: no basta con el poder militar si no se domina primero la opinión, es decir, la información, o mejor, la desinformación. De hecho, a finales de los cuarenta, en su segunda asamblea, la CIA toma la SIP por asalto y nombra como director a uno de los suyos. ¡Fuera volubles periodistas! Sólo propietarios. No es casual entonces que casi todos pasaran de ser dueños de un periódico a convertirse en grandes monopolios, hoy determinantes.

¿Era la única estrategia? ¿Y la deuda externa contraída “coincidencialmente” por todos los países, sometidos luego al vasallaje de su pago? ¿Para qué sirvió, dónde está invertida? Los presupuestos de salud y educación, de obra pública y de infraestructura, se fueron para el norte y, a punta de recetas FMI, las grandes mayorías fueron empujadas al empobrecimiento o a la miseria. La pobreza garantiza sumisión y obliga a que los recursos naturales únicamente puedan ser explotados por el gran capital. El presidente Correa probó, mediante una auditoría, que la deuda real del Ecuador era del 42% y a ese resultado se atuvo. Sería tan espuria la restante que los potentes acreedores callaron y aceptaron. Y los demás llevamos 50 años pague que pague. Qué dolor.

¿Y las dictaduras militares instauradas todas a una “coincidencialmente”, a lo largo y a lo ancho de América Latina? Mataron dos pájaros de un tiro. Uno, la subversión armada. Pero sobre todo la degradación de las Fuerzas Armadas que pasaron de los gloriosos campos de batalla a las mazmorras de tortura, del honor de los galones al disfraz de los civiles y de la valiente espada a la picana y del formidable enemigo a mujeres y estudiantes desarmados. Así de un plumazo les quitaron toda autoridad. La razón es evidente: era el único poder real para hacer una revolución o un gobierno de talante nacionalista. Debieron de tener en mente a Perón o Juan José Torres. A otros se les cayeron los aviones.

¿Y el consenso de Washington? Este sí que es uno de los peores monstruos de esta pesadilla. Pensamos que las privatizaciones pertenecen a un asunto puramente comercial y empresarial. La globalización expansiva del capitalismo. ¿Sólo esto? ¿Dónde está el dinero de las ventas estatales? ¿Somos conscientes de que se han quedado con bienes absolutamente estratégicos e indispensables? Parecen beatíficas empresas multinacionales pero, ¡cuidado!, todas tienen directa o indirectamente su cerebro en USA. Se han apoderado de la electricidad, de buena parte de los combustibles, del agua de consumo, de la infraestructura de la salud y de la educación, de las comunicaciones, de la comercialización de los alimentos. Están en capacidad, por ejemplo, de paralizar todo un país o de crear el caos con apenas negarse a distribuir combustible o quitar la luz o cortar el agua. No es ciencia ficción: véase desabastecimiento y apagones en Venezuela. ¡Estamos en sus manos! ¡Se han apoderado de los elementos esenciales de la vida! ¡La extorsión perfecta!

¿Y los TLC? Probablemente no se había desarrollado la genética en 1936, aunque bien pudieron prever que llegaría. Se están adueñando ya de las semillas, es decir, de poder someter por hambre al más osado y rebelde de los pueblos. Con la extinción de las variedades aborígenes quedamos totalmente a sus expensas. México ya no puede cubrir sus necesidades de maíz, que es su dieta, y el día que les venga en gana arruinan a la Argentina, Brasil o Paraguay, por citar algunos. Únicamente tienen que ordenarle a Monsanto bajar el pulgar para que no suministre más semillas e insumos para la soja, el trigo, el arroz o el maíz.

Clavadas en el mapa de mi insomnio quedaron otras chinchetas. Bases militares, la IV Flota, las voraces redes financieras y bancarias, la invasión que ya son plaga de sectas religiosas (todas de origen norteamericano y conservador y bien dotadas de templos, TV y radio), el apoyo al narcotráfico destructor de toda institucionalidad (¿alguien ha oído hablar de los capos norteamericanos, de grandes alijos incautados fronteras adentro o del castigo a los traficantes de armas?), más otras estrategias a desarrollarse como la apropiación del agua dulce o de la Amazonia que ya aparece en algunos de sus textos escolares como suya, además de tener patentados los posibles subproductos de su fauna y de su flora.

Otra vuelta a la madeja y encontraremos por qué la revolución bolivariana y los gobiernos progresistas son y serán los enemigos a batir. No puede ser que unos indígenas subdesarrollados como Chávez o Evo se caguen en sus planes de dominio absoluto y absolutista tan finamente concebidos y conseguidos. Ya pondrán en marcha a peones y traidores como Santos para atacarlos militarmente. ¡Qué pesadilla inacabable!

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