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El buen actor, ¿nace o se hace?

Dallas Buyers Club es una película digna, sin más. Cuenta la historia de un macho-alfa prototípico en una zona de los Estados Unidos tan tradicional como Tejas durante los años en los que la enfermedad del sida comenzaba a dar sus primeros zarpazos. Por desgracia, en lugares como en los que vivía el protagonista, esta enfermedad se consideraba entonces, poco más o menos, una plaga bíblica.

Dallas Buyers Club (Dallas Buyers Club). Estados Unidos, 2013. 117 minutos. Director: Jean-Marc Vallée; Guión: Craig Borten y Melisa Wallack; reparto: Matthew McConaughey, Jennifer Garner, Jared Leto, Steve Zahn, Griffin Dunne.

Dallas Buyers Club es una película digna, sin más. Cuenta la historia de un macho-alfa prototípico en una zona de los Estados Unidos tan tradicional como Tejas durante los años en los que la enfermedad del sida comenzaba a dar sus primeros zarpazos. Por desgracia, en lugares como en los que vivía el protagonista, esta enfermedad se consideraba entonces, poco más o menos, una plaga bíblica.

 

Cuando al mujeriego y homófobo protagonista lo diagnostican como portador del virus del VIH, comienza una nueva andadura personal en la que tiene que aprender a convivir con sus propios demonios a lo largo de una batalla personal de años de duración. Batalla, en primer lugar contra la enfermedad que se le ha diagnosticado y, en igual medida y simultáneamente, contra sus propios y arraigados prejuicios.

 

Lo que convierte esta película en algo que puede quedar para la posteridad no es, por cierto, la titubeante dirección con ritmo de telefilme de sobremesa de su director; sino la arrolladora y brillante interpretación de Matthew McConaughey, él mismo tejano de nacimiento y, en menor medida, de su compañero de réplica Jared Leto.

 

Vaya por delante que no compartimos la opinión, extendida en Hollywood, de que para que un actor guapo sea acreedor del Oscar debe someterse a un cambio físico radical. George Clooney o Christian Bale podrían hablar mucho sobre este asunto. Creemos que el mejor actor es aquel que consigue transmitir la mayor gama de sentimientos posibles al espectador casi sin torcer el gesto. Y lo cierto es que McConaughey en esta ocasión hace un trabajo extraordinario.

 

Esto nos hace volver al eterno debate sobre si el buen actor nace o se hace. Nuestro protagonista sería un buen ejemplo de la segunda alternativa. Él y Leto, incluso Jennifer Garner, son los responsables de que este filme pueda dejar alguna impresión duradera en el espectador. La película nos proporciona incluso el divertimento de poder descubrir entre los secundarios de la cinta, encarnando a un oscuro médico norteamericano que vive en México y que presta ayuda al protagonista, al magnífico Griffin Dunne… ¿Quién no recuerda Jo, ¡qué noche!? (Afterhours, 1985). A modo de conclusión, Dallas Buyers Club es una buena película que cuenta con unas magníficas interpretaciones.

 

Quizá el ejemplo más reciente, en este caso femenino y en el cine español, de la primera de las alternativas a la pregunta con la que comenzábamos el párrafo anterior nos lo proporciona la lección de interpretación portentosa, magnética y apabullante que nos ofrece Marian Álvarez en La herida de Fernando Franco. La ganadora del Goya de este año hace más que interesante esa película, por otro lado dura y difícil, llevando prácticamente ella sola el peso de todo el metraje en uno de los papeles más complejos al que un actor puede enfrentarse. Renunciando a cualquier ramalazo de histrionismo que quizá hubiera sido lo más fácil y manido a la hora de componer su personaje, el trabajo de Álvarez en la pantalla llena de congoja y angustia al espectador. Y lo hace con una economía gestual y de recursos sin parangón. Si bien es verdad que en otro registro, el trabajo de esta enorme actriz le recuerda a este crítico por momentos el que Gary Oldman nos ofreció en El Topo. Después del fundido en negro con el que finaliza La herida, seguimos recordando el rostro angustiado de esta actriz inmensa.

 

Este fin de semana se estrena The Grand Budapest Hotel, la última obra de ese auténtico auteur del cine norteamericano que es Wes Anderson. El universo fílmico de este director es siempre único y personal. Esta es nuestra apuesta para los lectores si desean acudir al cine este fin de semana.

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