Fran Belín

José Rodríguez y mi visión de la piña (de piñones)

Fachada de El Día (elblogoferoz.com)

Estaba a punto de viajar a Tenerife desde Madrid. Recibí, cómo no, un wasap.
Los wasap’s son esa manera de recibir de todo en un baúl de sastre que tanto atiende a las notas del pequeño de tus hijos, como una convocatoria profesional , además del corazón de emoticono de las personas a las que amas.

Fachada de El Día (elblogoferoz.com)

Fachada de El Día (elblogoferoz.com)

 

Los wasap’s son esa manera de recibir de todo en un baúl de sastre que tanto atiende a las notas del pequeño de tus hijos, como una convocatoria profesional , además del corazón de emoticono de las personas a las que amas.

Saltó el wasap, como decía, en el mismísimo Barajas. Aviones que van y vienen y Paco Martínez, por otra parte histórico en los talleres y en el comité de empresa de El Día, que me refería el acontecimiento.

Un escueto “D. José murió”. A mí, sinceramente, me consternó. Me quedé con una sensación amarga.

Me dejó mal cuerpo y una pena sorda, como de mil batallas acumuladas. Me dio tristeza, como pasa siempre, por otra vida que se va y quizá por esa avalancha de años intensos en los que un servidor formó parte de un proyecto colectivo en el que, para bien o para mal, para mantenerse en el firmamento del periodismo canario o para producir revoluciones en la opinión pública con escritos fuertes y expuestos al juicio general, D. José era timonel con sus tinos y aciertos, y errores, que para eso somos humanos.

Después de casi 30 años al servicio de la Casa de El Día, sin duda escuela de periodistas, y aunque desvinculado hace pocos meses, me considero de alguna forma diísta, como los hay tinerfeñistas, madridistas y barcelonistas, permitan que este artículo no lleve implícito ningún análisis de qué fue, cómo fue o porqué José Rodríguez Ramírez optó por unas u otras líneas periodísticas o de comunicación, y como éstas incidieron en el devenir de nuestra comunidad autónoma.

En un tiempo habrá una visión más pausada y amplia, analistas y doctorandos que, quizá, midan al milímetro lo que este hombre forjó en su vida profesional, como empresario y canalizador, a su manera, de las formas de informar en papel, ondas radiofónicas, emisiones televisivas y los novedosos formatos a través de internet.

Los habrá que, con perspectiva y datos suficientes denostarán su figura o lo alabarán; pero, insisto, a otros les corresponderá ese papel.

Yo puedo quedarme en la esencia de algunas anécdotas, con la tranquilidad que permite el hecho de ejercer una función profesional para la que me formé universitariamente y que la Casa de El Día me diera el recurso para ejercerla con seriedad y pasión, de verdad que lejos de “intrigas palaciegas”. También un servidor con sus aciertos y sus errores.

Ahí que iba D. José en uno de esos encuentros con alguna personalidad de la gastronomía o del mundo del vino. Después decía sin almibaramientos: “Les dejo con mi lugarteniente Belín. Les dejo en las mejores manos”.

No soy dado a fáciles autofloreamientos, pero entonces me sentía parte de un colectivo importante entre las instituciones de mi tierra. De hecho, recuerdo que D. José, alguna vez, de forma tranquila, mientras esperaba al invitado, remarcaba su admiración. El caso, de algunas visitas a El Día del actual presidente de Bodegas Torres, Miguel Torres.

Casi a modo diplomático, de cancilleres, a este periodista tocaba la función de enlazar a ambas personas. D. José comentaba: “Belín; con este señor es muy grato departir. Parece un gentleman”.

Remataba confesándome que de vez en cuando se saludaban vía correo convencional.

Desde el punto de vista personal, como profesional he de agradecer a José Rodríguez Ramírez la consecución, y persistencia a lo largo del tiempo -7 años-, de mi proyecto de página diaria de gastronomía, única en su género en la prensa nacional, tal y como se constató y que tanta sorpresa y respeto generaron entre los informadores especializados, caso de los fallecidos Manuel Iglesias y José H. Chela.

Ya digo que, como cualquiera, como cualquier trabajador en su campo y segmento laboral, El Día, con todo lo bueno y lo no tan bueno, era una máquina de generar periodismo y periodistas. También es verdad que muchos periodistas fueron incompatibles con el estilo implantado.

En una ocasión, cuando estuve un cuatrienio como responsable de la información en La Laguna por mi periódico, recuerdo que mi compañero David Fuentefría y yo hicimos algo que llamó la atención. Un colega de la competencia aseveró: “¡Es que cuando El Día se despereza!”.

Tiempos buenos y malos. Avatares noticiosos y forma de ver el trabajo. A pesar de los avances y retrocesos internos, no dejábamos de ser una piña (de las de piñones). Dura, coriácea, con “piñones” listos para aguantar todos los contratiempos de la actualidad y el hecho de transmitirla. Había un prurito profesional siempre a punto y D. José, con sus aciertos y errores, y nosotros, con los nuestros, llevábamos diariamente un concepto que hoy se puede comprobar cómodamente en las hemerotecas.

En estos momentos, como he dicho, sólo puedo considerar que estuve 28 años cumpliendo, como mejor podía y sabía, los objetivos que salía de esa piña, con D. José como máximo responsable de aquel cometido.

Me quedo con aquella anécdota que surgió cuando, durante una época, solía cruzarme con él en el puente Galcerán, tocado con su gorra de franela y su portafolios rumbo a la Casa de la avenida Buenos Aires. El tráfico era intenso a esa hora.

-Buenos días D. José.

-Buenos días Belín.

-Caminando como todos los días. Pero ¡vaya humareda!

-Que va, que va; el médico me ha mandado a caminar en “medio hostil” y en ello estoy.

-Buenos días.

-Buenos días.

2 Comentarios

2 Comentarios

  1. Juan Carlos Acosta

    15 abril, 2014 en 15:27

    Como siempre amigo Fran moderado y ecuánime. Prefiero quedarme con esta narración de nuestros años, los tuyos muchos más que los míos, en ese periódico que, como bien dices, tanto nos enseñó (al menos a mí) y con los buenos momentos pasados que con otras aportaciones que han surgido estos días de una y otra parte. Me gustaría recordarte que tú fuiste quien me recibió y me ayudó magistralmente a dar mis primeros pasos en la Redacción, en aquella época monumental. Un abrazo.

  2. superjerry7

    30 abril, 2014 en 21:06

    Excelente Reflexion de un caballero y periodista cabal.

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