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¿Quién corrompe a quién?

Es curioso observar como alguien que conocíamos (o creíamos conocer), cambia. En la circunstancia sobre la que les propongo reflexionar hoy, es un cambio indeseable ¿Por qué nos corrompemos? ¿Es tan sencillo que ocurra?
En algún que otro momento nos encontramos con que nuestro buen amigo, persona íntegra y de valores sólidos, aparece en los medios de comunicación imputado en un caso de blanqueo de dinero, tráfico de influencias o fraude a la seguridad social. Nos sorprende cada vez menos, es cierto, pero lo sigue haciendo.

La corrupción lleva infinitos disfraces”

Frank Herbert

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Es curioso observar como alguien que conocíamos (o creíamos conocer), cambia. En la circunstancia sobre la que les propongo reflexionar hoy, es un cambio indeseable ¿Por qué nos corrompemos? ¿Es tan sencillo que ocurra?

En algún que otro momento nos encontramos con que nuestro buen amigo, persona íntegra y de valores sólidos, aparece en los medios de comunicación imputado en un caso de blanqueo de dinero, tráfico de influencias o fraude a la seguridad social. Nos sorprende cada vez menos, es cierto, pero lo sigue haciendo. Especialmente cuando hace tiempo que conocemos a esa persona; sabíamos de su generosidad, su altruismo y su dedicación a la comunidad. De repente, entra en política, y todo  cambia. Y aquí ya estamos dando en el clavo.

Un interesante experimento llevado a cabo en la Universidad de Rochester por el psicólogo E. Deci, descubre que cuando un niño se encuentra motivado por iniciativa propia, una recompensa puede ser contraproducente. En uno de sus experimentos, niños que resolvían  motu propio, puzzles con gran implicación, perdían todo interés en hacerlo desde que se les premiaba por ello.

Es decir cambiábamos su interés por recompensa. O lo que es lo mismo, su motivación intrínseca, propia, por una motivación extrínseca, dependiente de factores externos. Esta transición que, en principio, puede dar a entender que cuando perdemos el interés en algo por que nos recompensan por hacerlo, lo abandonamos, tiene un efecto perverso. Ocurre que, al recibir una recompensa, ésta se convierte en nuestra única motivación. Y hemos conseguido que alguien se haga dependiente de factores externos.

Por supuesto que todo este proceso no es tan sencillo y directo, ni significa que todas las personas cambien cuando se les recompensa por hacer algo que les gusta. Pero si parece explicar porque nuestro amigo o amiga parece otra persona tras meterse en política.

O al menos nos permite entender una parte de su cambio.

Leocadio Martín Borges Psicólogo

www.leocadiomartin.com @LeocadioMartin fb.com/LeocadioMartinCambiate

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