3.0 Opinion

Ratas versus gatos

Confieso que alguna vez he pinchado en los enlaces que llevaban a vídeos de perros y gatos. Sí, mi condición de humano curioso a veces se ve desbordada por la tierna bobada de un can o la astucia del minino, qué le vamos a hacer. Caigo y desoigo los cargos de conciencia que me castigan advirtiéndome de las soberanas pérdidas de tiempo, de los peligros del vicio, del atentado al raciocinio. Pero es que es inevitable, entiéndame, porque seguro que a usted le ha pasado alguna vez; ya se sabe, la chorrada atrae más que las patadas en la boca del estómago que da la jodida realidad.

 

Al gato y al ratón, foto de Nohemi Lugo.

Al gato y al ratón, foto de Nohemi Lugo.


Confieso que alguna vez he pinchado en los enlaces que llevaban a vídeos de perros y gatos. Sí, mi condición de humano curioso a veces se ve desbordada por la tierna bobada de un can o la astucia del minino, qué le vamos a hacer. Caigo y desoigo los cargos de conciencia que me castigan advirtiéndome de las soberanas pérdidas de tiempo, de los peligros del vicio, del atentado al raciocinio. Pero es que es inevitable, entiéndame, porque seguro que a usted le ha pasado alguna vez; ya se sabe, la chorrada atrae más que las patadas en la boca del estómago que da la jodida realidad.

He visto todos los arquetipos reflejados en este exceso de humanización de los animales domésticos: adivinos, reyes, bailarines, tiranos, prestidigitadores, funambulistas, cantantes… Algunos verdaderos prodigios de la naturaleza, otros esclavos del adiestramiento más férreo. No cabe duda de que las redes sociales han servido para canalizar estos contenidos tan atractivos para el ser humano, puro circo, entretenimiento barato, pero cómo nos gusta. Luego no dejo de pensar en la gente que emplea su día en entrenar al animalito para conseguir el vídeo que dé el pelotazo en el trending topic de la semana. Es que hay gente que para todo, si no mire el estado de la situación, que va todo de culo, en bajada y sin frenos. Un mundo desbordado de sinrazones y sinsentidos ridículos por doquier. Puro descontrol.

No hay respeto y no me extraña. El colmo del desorden ha llegado a tanto que hasta las ratas se han atrevido a morder y perseguir a los gatos, que cagados de miedo huyen despavoridos. Felinos apollabobados que no son capaces de abrir la boca medio metro, engrifarse como es debido y lanzarse al cuello a zarpazos. Mira que había pensado que cambiarle el final a La ratita presumida podría traer sus consecuencias, pero esto ya pasa los umbrales de lo inteligible. He llegado a plantearme que deberíamos revisar el cancionero. Habría que cambiarle el título a El reino del revés de María Elena Walsh por El reino de lo posible, dado el riesgo de que lo cantado pueda estar al derecho, o no seguir cometiendo imprudencias como irse de excursión y empezar a cantar Vamos a contar mentiras, por si se diera el caso de que se comenzaran a cantar verdades, y a eso de Ratón que te pilla el gato hay que cambiarle el orden y que le den por saco al ritmo del verso.

Visto lo visto hay que andarse con ojo, son muchos riesgos y el único mantra que nos queda es ese que reza que la realidad supera a la ficción.

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