3.0 Opinion

Al sur

Detuvo su todoterreno a un lado del camino para observar el paisaje con el sol en retirada. Admiró el mar ausente y comprobó las montañas lejanas. Todo en calma. Una ráfaga de aire seco le brindó la oportunidad de refrescarse. Bebió agua de la cantimplora y enjugó el sudor de su frente con aquel pañuelo que con tanto celo había guardado estos años. No importó el calor, continúo clavado en aquel lugar, extasiado y sobrecogido por lo inesperado.

Foto de Chesnot Jérôme.

Foto de Chesnot Jérôme.

 


Detuvo su todoterreno a un lado del camino para observar el paisaje con el sol en retirada. Admiró el mar ausente y comprobó las montañas lejanas. Todo en calma. Una ráfaga de aire seco le brindó la oportunidad de refrescarse. Bebió agua de la cantimplora y enjugó el sudor de su frente con aquel pañuelo que con tanto celo había guardado estos años. No importó el calor, continúo clavado en aquel lugar, extasiado y sobrecogido por lo inesperado.

Nadie quería ir al sur. Él tampoco había considerado que fuera una opción. Lo árido del terreno, la falta de vida, la intratable monotonía… Sin embargo allí encontró el reposo, pese al sofoco y al espacio infinito. Su respiración empezó a tener una cadencia lenta y constante. Sus sentidos comenzaron a percibir detalles anteriormente inadvertidos. Escuchó al viento golpear con sencillez aulagas, cardones y magarzas. Escudriñó las piedras y las contó por millones. Con la palma de la mano pudo acariciar su piel deshidratada por el ambiente reseco. Salivó con la intención de tragar y notó cierta resistencia. Al cerrar los ojos, percibió un olor que le resultaba familiar. Notó de pleno el vacío que solo los amplios espacios son capaces de otorgar.

No deparó en el tiempo, ni en notar quién por allí transitaba. Se sintió parte de su propia soledad. Logró fundirse con el paisaje en perfecta conjunción. Logró la paz. Hacía mucho tiempo que trataba de encontrarla. Puso métodos y empeño, aplicó terapias y siguió consejos. Todo cayó en sacos rotos, la vida no lo ponía fácil, nunca se dieron las condiciones necesarias. En algún momento la desesperación le hizo cometer imprudencias de las que hoy se arrepiente, cicatrices que arrastra como una penitencia. Nadie dijo que fuera un jardín de rosas, se había repetido hasta la saciedad, pero eso tampoco mitigó su alma. A veces, las grandes verdades no contentan a los corazones que sueñan.

En aquellos instantes se dejó embriagar por la emoción y no fue consciente de que la avaricia comenzaba a contaminarlo. Montó en el vehículo rápidamente, cerrando la puerta con fuerza, arrancando con brío el viejo motor. Sonrió y se entusiasmó como un colegial. Nada importó, aún siendo consciente de que, queriendo ir más al sur del sur, convertía aquel instante en norte.

–Todo es tan relativo –se dijo mientras abandonaba aquel lugar camino de la costa.

Pero el sur no volvió a ser más sur que el sur. Forzó el momento y su ansia lo traicionó. Fue infiel a lo que sintió. La avaricia hizo que buscara aumentar las sensaciones, mas solo consiguió encharcarse en su propio orgullo y prepotencia. Quiso volver y recuperar lo perdido. Ya era tarde. En el camino de vuelta, solamente quedaba el norte.


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