...3, 2, 1, 0. CINE

El cine y el muro de Berlín

Cuando se cumplen, lo que ocurre estos días, 15 años de la caída del muro de Berlín, creo que está más que justificado que dediquemos las próximas líneas a analizar la relación que el séptimo arte ha mantenido con tan importante acontecimiento de la historia contemporánea europea y a dilucidar cómo ha plasmado la utopía, a la postre ilusoria, de la Alemania oriental, a través de las que posiblemente sean las cuatro películas que mejor han mostrado la realidad del autodenominado “paraíso de los trabajadores” en tierras germanas.

49-141107-CARTEL-(ANÁLISIS-EL-CINE-Y-EL-MURO)Cuando se cumplen, lo que ocurre estos días, 25 años de la caída del muro de Berlín, creo que está más que justificado que dediquemos las próximas líneas a analizar la relación que el séptimo arte ha mantenido con tan importante acontecimiento de la historia contemporánea europea y a dilucidar cómo ha plasmado la utopía, a la postre ilusoria, de la Alemania oriental, a través de las que posiblemente sean las cuatro películas que mejor han mostrado la realidad del autodenominado “paraíso de los trabajadores” en tierras germanas.

Comenzamos nuestro recorrido con los magníficos pespuntes creados por la lente de Oswald Morris para la fotografía en blanco y negro de esa obra maestra que es El espía que surgió del frío (Martin Ritt, 1965), fiel adaptación de Paul Dehn y Guy Trosper de la sublime novela homónima del maestro Le Carré. Pocas veces una película ha trasladado mejor el gris, lo anodino, lo cotidianamente macabra y retorcida que fue la guerra fría en los ambientes del espionaje europeo. ¿Cuántas iniquidades se realizaron en nombre de ese espectro llamado “telón de acero”? Richard Burton, un actor hierático como pocos, está magnífico en la piel del vencido y abrumado espía del Circus Alec Leamas. Y junto a él, una excelente Claire Bloom y un Oskar Werner que, en el papel de Fiedler, realizó uno de las mejores composiciones de su trayectoria, lo que le valió el Globo de Oro al mejor actor de reparto. Martin Ritt firmó con esta cinta uno de sus mejores trabajos. La película que gana enteros con cada visionado.

En Good bye, Lenin (Wolfgang Becker, 2003), un Daniel Brühl espléndido recrea el trampantojo de una realidad ya desaparecida para su madre, fiel comunista de primera hora y reconocida camarada del partido, encarnada por la actriz alemana Katrin Sass, que borda su papel en auténtico estado de gracia. A la vez crítica y homenaje a la Ostalgie de un país à la Potemkin que llegó a tener el himno nacional más bello del mundo, Becker firma esta entrañable comedia con tintes de negrura que contiene grandes dosis de crítica de un sistema constreñido por la parafernalia y la burocracia, y donde poco, por no decir ninguno, espacio se reservaba a la libertad del individuo. Una cinta que consiguió el premio Ángel Azul a la mejor película europea en el Festival de Berlín de 2003.

Pero si hay una película que retrata de manera ejemplar lo que supuso el estado policial en el que vivían aquellos ciudadanos grises y anónimos de la República Democrática de Alemania esa es La vida de los otros (Florian Henckel von Donnersmarck, 2006). Multipremiada cinta alemana y una de las mejores películas del cine europeo de la última década, obtuvo entre otros galardones el Oscar a la mejor película de habla no inglesa en 2007. El relato de Henckel von Donnersmarck es una acerada crítica a un sistema corrupto desde sus entrañas, donde era del todo imposible mantener una visión de la realidad distinta de la oficial de su élite dirigente. Queda para la historia del cine la extraordinaria interpretación de Ulrich Mühe, prematuramente desaparecido y prodigioso en la piel de un mando intermedio de la Stasi que graba, literalmente, la vida y los pensamientos más íntimos de un florido grupo de intelectuales que disienten del pensamiento ortodoxo oficial. Se trata de una cinta sutil, llena de recovecos y giros inesperados. Es una película maravillosa y necesaria desde todos los puntos de vista.

Por último, en Barbara (Christian Petzold, 2012), el director narra con pulso firme y un fino sentido de la observación a una excelente Nina Hoss, actriz alemana a la que hemos visto recientemente secundando a Philip Seymour Hoffman en El hombre más buscado, en una plasmación de cómo ese Estado vigilante, a modo de Gran Hermano y que ya hemos visto en La vida de los otros, se inmiscuía no sólo en el espacio de las libertades privadas de sus ciudadanos, sino también en las relaciones más íntimas y cotidianas que éstos mantenían con sus semejantes.

En resumen, cuatro magníficas películas de cine que nos hablan bien a las claras de cómo eran las perspectivas vitales de los habitantes de ese pretendido edén enclavado en el corazón de la centenaria Mitteleuropa.


1 Comentario

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  1. Jorge Gorostiza

    8 noviembre, 2014 en 10:03

    Una crítica muy oportuna y bien estructurada. Felicidades.

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