3.0 Opinion

Tregua

And she is buying a stairway..., de Maria.

El azul del mar inunda mis ojos,
el aroma de las flores me envuelve,

contra las rocas se estrellan mis enojos

y así toda esperanza me devuelve.

Malos tiempos para la lírica de Germán Coppini (Golpes Bajos

And she is buying a stairway..., de Maria.

And she is buying a stairway..., de Maria.


El azul del mar inunda mis ojos,

el aroma de las flores me envuelve,

contra las rocas se estrellan mis enojos

y así toda esperanza me devuelve.

Malos tiempos para la lírica de Germán Coppini (Golpes Bajos)


Pocas cosas logran emocionar su alma herida de crisis y estrés. Pocas cosas o ninguna, porque ya ni recuerdo la última vez que lo vi entusiasmarse con algo. Ocurrió lo que tenía que pasar, y dadas las circunstancias no era de extrañar. Se acostumbró a acampar entre la mentira, en el desorden y la manipulación. Nadie le dio a elegir; fue hijo de su época. Alguna vez venían a su mente aquellos recuerdos de infancia, aquellas tardes interminables entre cuentos y juegos de patio, las historias de los primos, la merienda de mamá…, lo justo para desatar una pequeña mueca de un tiempo pasado.

No siempre fue así. Cuando era joven florecía en su pecho una pasión desorbitada por comerse el mundo. Creía. Era de los que confiaba que todo lo que pasaba a su alrededor podía cambiarse. Cantaba a Silvio con la vieja guitarra que heredó de su tío, esa que tenía el puente tan débil, que no lograba mantener la afinación durante un tema completo. A él no le importaba y entonaba una canción tras otra sin descanso. Sonreía mientras deleitaba a los amigos con el repertorio. Sus ojos miraban con la complicidad del que se cree poseedor de una verdad.

En la universidad vivió su momento más intenso. Le gustaba acudir a las improvisadas tertulias del café, donde se comenzaba con uno corto y se podía acabar con alguna copa de más pasada la madrugada. Nunca olvidaré su rostro el día que logramos escapar de la policía por escándalo público, ¡a quién se le ocurre a las cuatro de la madrugada y a grito limpio en frente del ayuntamiento exigiendo derechos! Corrimos hasta que acabamos tirados en el suelo del parque, cara a cara, extenuados y asfixiados por la risa. Fue la noche que me di cuenta de cuán profundamente estaba enamorada de él.

Queríamos otra vida y entramos de lleno en lo que se pretendía de nosotros. Olvidamos las tardes de la Nueva Trova para centrarnos en las tareas de los niños y en preparar la mochila para el día siguiente. No hubo presión alguna, tan solo nos dejamos arrastrar por el momento. Montamos nuestro pequeño negocio, él siguió en el banco… Nos acomodamos. Sería insensato decir que no nos dimos cuenta. Éramos conscientes de que nuestra vida había cambiado y de que aquello formaba parte de la juventud; había que madurar y encarar las responsabilidades que daba una familia.

Hoy lo veo envejecer huraño. Las últimas noticias alimentan su desconfianza y terminan por descorazonarlo. Yo le he pedido una tregua, que por favor no se haga más daño. Le he recitado unos versos y, aunque no he visto reacción en él, se que poco a poco irán calando. Cada día lo llevo en su silla de ruedas a la terraza para recitarle unos pocos. Hoy ha tocado Machado…

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