3.0 Opinion

La princesa y el sapo

Crecemos con esas historias de cuentos de hadas donde nosotras, las princesas insulsas y sosas, tenemos que encontrar a nuestro idílico príncipe azul. En muchos casos, para llegar a él, antes tenemos que pasar por un sapo al que debemos besar para romper la maldición, convirtiéndonos así en su salvadora. De este modo, podemos quedarnos con nuestro maravilloso príncipe, al que prácticamente estamos predestinadas y vivir felices para siempre.

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Crecemos con esas historias de cuentos de hadas donde nosotras, las princesas insulsas y sosas, tenemos que encontrar a nuestro idílico príncipe azul. En muchos casos, para llegar a él, antes tenemos que pasar por un sapo al que debemos besar para romper la maldición, convirtiéndonos así en su salvadora. De este modo, podemos quedarnos con nuestro maravilloso príncipe, al que prácticamente estamos predestinadas y vivir felices para siempre.

Luego, cuando llegamos a la adolescencia, nos empiezan a inculcar, mediante películas y series, ese prototipo de historia de amor en el que la chica buena y responsable se enamora de un malo malote y no importa cuántos obstáculos se interpongan porque la chica con todo su cariño y amor es capaz de salvarlo y convertirlo en un buen chico que la respetará y la querrá para siempre.

Entonces, empezamos a tener nuestras propias relaciones y nos damos cuenta de que todo aquello era ficción. Tratamos de besar al sapo una y otra vez pero no logramos cambiarlo. En muchas ocasiones, soportamos que no sea agradable con nosotras o no nos trate como merecemos sólo porque pensamos que nosotras, que somos las grandes princesas salvadoras, conseguiremos sacarlo del lado oscuro.

Pero no, resulta que no es así, que no somos psicólogas profesionales y que ellos no son nuestros pacientes que vienen voluntariamente a nuestra consulta, ni están concienciados, ni tienen la voluntad de cambiar por lo que no van a poner nada de su parte.

Miro a mi alrededor y no veo más que princesas frustradas destrozadas por sapos que nunca serán los príncipes que ellas quieren que sean.

Pero no sólo eso, sino que veo a princesas infravaloradas, a las que su querido proyecto de príncipe les ha quitado la corona y les ha hecho creer que son el último mono del reino.

En una relación los dos intentan mejorar, el uno con el otro. Pero seamos realistas, no tenemos súper-poderes y, si un chico es un capullo, le puedes dar una oportunidad pero, desde luego, querida chica del siglo XXI, no debes permitir que te subestimen, que te pisoteen ni que te hagan creer que van a cambiar.

Una persona que no te respeta, no merece pertenecer a tu vida.

diariodeunaadolescenteextraterrestre.blogspot

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